AQUATRAIL CABO DE LAS HUERTAS 2019


La primera vez que corrí el Aquatrail del Cabo, el año pasado, terminé sabiendo que aquella prueba se había convertido en fija en mi calendario para muchos años. 1000m a nado seguidos de una carrera que, aunque se anuncia de 5km, a todos los que han competido allí les ha medido siempre unos 300m menos, en un entorno como el Cabo, no era algo que pudiera dejar pasar, sobre todo teniendo en cuenta la escasez de acuatlones en Alicante, una prueba que disfruto muchísimo pero que no abunda en la Comunidad Valenciana.
Este año llegaba, en teoría, mejor preparado para la natación, pero con mucho menos rodaje de carrera que en el 2018, y menos todavía por terreno parecido al que tocaba recorrer al salir del agua, con constantes sube y baja por pistas de tierra y roca pulida, a veces corribles, las que menos, a veces irregulares y demasiado empinadas, las que más.



Me desperté acompañado por el sonido de la tormenta del domingo. Lluvia, truenos a lo lejos... ¿Habría suerte y correríamos sin calor? El año pasado la sensación térmica superaba los 30 grados y frenó el tramo de carrera haciéndolo muy agobiante. Llegando una hora antes de la salida al Cabo, ya sin lluvia y con el cielo gris, completamente cubierto de nubes, parecía que la ola de calor (verano, vamos) iba a pasar de largo aquella mañana.

Me reuní con Elena, mi compañera de CN Aquatic en la zona de recogida de dorsales y bolsa del corredor/nadador y después de hacernos con el gorro (finísimo, de los que se rompen casi con tocarlos) , chip, etc. nos cambiamos y fuimos a la zona de transición a preparar nuestro cajón para la salida del agua. Con la experiencia del año pasado repetí porta dorsal, toalla pequeña y botella de agua, esta vez medio congelada. Cuando tocó dejar la bolsa en el guardarropa nos encontramos con uno de los muchos fallos organizativos de la competición esa mañana. Nadie atendía la zona que iba a destinarse a guardar nuestras mochilas. Los voluntarios, pocos en mi humilde opinión, se dejaban la piel atendiendo a los competidores que recogían todavía los dorsales y en otra mesa dos personas más daban gorros a aquellos que, por algún motivo que desconozco, no lo tenían en su bolsa al recogerla (creo que a algunos les faltó también la camiseta).

Esperando en el ¿guardarropa? con Elena y Ana (de espaldas)

Mientras esperábamos, pude desvirtualizar a la madrileña Ana Bordallo, con la que ya había comentado en redes sociales carreras y entrenamientos en su ciudad y en San Juan, donde pasa las vacaciones, pero con la que no había coincidido todavía en persona.

Al final, viendo cómo dejaban las mochilas todos los que había delante de nosotros en la cola, decidimos imitarlos. Esto era, cortar un trozo de bolsa de papel que había en la mesa, escribir con un bolígrafo nuestro dorsal, clavarlo con un imperdible en la mochila y dejarla junto a las demás (nosotros, sin atención de nadie)

Dejé las zapatillas en el cajón, sin tener claro todavía si usaría calcetines o no, y entré al agua a calentar, después de saludar a Álex, el entrenador del club, que se pasó a ver la competición.



El mar estaba en calma, no tanto como el año pasado (creo que junto a la travesía del Peñón del 2018 no he nadado nunca con un mar tan tranquilo), pero la visibilidad bajo el agua era casi nula. La cantidad de algas que había impedía ver más allá de nuestras brazadas, además de hacer algo incómoda la respiración, encontrándome siempre algún resto de vegetación acuática en la cara o boca.



No veía las dos boyas que deberían marcar el triángulo del recorrido, como el año pasado, así que busqué algo de información. Escuché a la organización dar instrucciones en este sentido, pero la megafonía estaba en la zona de entrega de dorsales, lejos de la salida en el mar, y ningún nadador se enteraba de nada. El boca a boca hizo que supiéramos que el recorrido sería distinto, siguiendo las boyas del canal de nado, en línea recta paralela a la playa, pero sin tener muy claro todavía el trazado exacto del segmento a nado de la competición.



Al final, sin megafonía y a pie de playa (otro fallo más a corregir), nos explicaron que iríamos en perpendicular a la playa hasta la boya en la que se encontraba un piragüista, giraríamos por el exterior del canal de nado, dirección Campello, hasta la boya en la que indicaba otro giro una embarcación y volveríamos deshaciendo camino por el interior del canal de nado siguiendo el mismo recorrido.

El año pasado debí salir algo más alejado del cabo y no lo noté, pero este año, algo más cerca, tropecé con más de alguna piedra y rocas de gran tamaño. No debí ser el único, porque sin nadie que pusiera un límite a los metros que podíamos estar dentro del agua antes de la salida, todos empezamos a nadar con el agua por las rodillas para evitar las piedras.




La participación este año se había incrementado notablemente respecto a la edición anterior, al menos en 120 personas, me pareció ver, y se notaba, sobre todo en el inicio de la natación. Intentaba ir rápido, pero me había quedado muy atrasado y demasiado a la izquierda y pasaron muchos metros antes de empezar a nadar con comodidad, dando y recibiendo demasiados golpes.
Ya en paralelo a la playa, unos 300m después de la salida, empecé a moverme sin agobios, pero sintiendo que no iba tan rápido como el año pasado.
No le di importancia. Por otra parte, no me sentía cansado, y recordaba que salir demasiado rápido del agua había agotado casi todas mis reservas de energía la pasada edición y que empecé a correr completamente agotado.

Regulé bien el esfuerzo y en el cambio de sentido, de nuevo en paralelo a la costa, pero ya en dirección al Cabo, aceleré un poco. No estaba haciendo un segmento a nado tan fuerte como el año pasado, seguro, pero al menos me encontraba menos asfixiado y animado para la carrera.

Al salir del agua miré el reloj y me pareció que había registrado casi 1300m. Inicié el registro de la transición en el Garmin con unos 22 minutos largos transcurridos en la natación. 1:50/100m de ritmo medio. Flojo, me dije, mientras confiaba en que ese ritmo algo más lento de lo esperado me permitiera echar a correr con más fuerza que el año pasado.

La transición me pareció lentísima. Bebí, decidí correr con calcetines (¡cuánto me costó ponérmelos!), me calcé y salí rápido hacia el arco que indicaba el inicio de la carrera y que registraría el primer control de chip. Un chip que iba pegado al dorsal que NO me había puesto.
Maldije mientras corría en sentido contrario a muchos participantes, buscando de nuevo mi caja, poniéndome el porta dorsal torpemente (¿cuánto tiempo perdí ahí?) e iniciando de nuevo la carrera.

Fin de mi accidentada transición. ¡A correr!



Escuché los ánimos de Alex a mi espalda, sin ser capaz de localizarlo, y me lancé rápidamente a completar la primera subida, a pocos metros del inicio. Tuve la sensación de que la terminaba mejor que el año pasado y no aflojé hasta que llegué al final del ascenso. Sabía que giraríamos a la izquierda, subiendo unos cuantos metros más, y que llegaría un avituallamiento en pendiente descendente, así que no quise aflojar el ritmo todavía.
Aquello fue un error. Estaba cansado y tuve que parar unos segundos para poder beber un vaso de agua sin ahogarme ni tirarlo. Sintiendo latir todavía el corazón desbocado quise aprovechar la bajada para seguir ganando segundos antes del más que previsible bajón, cuando tocara subir y bajar por las rocas de las calas.

Tenía en mente la subida del año pasado, por un camino arenoso y casi imposible de correr para mí, y mucho antes de llegar a ese punto ya me sentía completamente vacío. Además, me había equivocado en la previsión meteorológica y, aunque el cielo seguía algo cubierto, la humedad y la sensación de bochorno eran insoportables. Abrí la cremallera del tritraje y me quedé desnudo de cintura para arriba, mientras avanzaba penando por las calas del cabo siendo adelantado cada vez por más corredores.

Cuando tocó subir la famosa cuesta del recorrido, al llegar a Cala Palmera, ya había echado a andar dos veces. Pasó por mi lado dándome ánimos Meseguer, con la camiseta de SkyRunners, al que en el agua había sacado al menos 5' pero con el que era imposible competir corriendo. Me quedé clavado en la arena viéndole subir y traté de andar cuesta arriba lo más rápido que pude.

La subida se hizo eterna. El calor infernal, la humedad, la carga brutal de los cuádriceps... Me pareció que no llegábamos nunca al final. Sabía, por otra parte, que en la bajada tampoco iba a estar fino, entre mi torpeza habitual en los descensos de trail y la flojera de piernas.
En el descenso no paré de ceder el paso a los corredores, agobiado por estar taponando la carrera y con miedo a tropezar. En este tramo me adelantó Sonsoles, que me animó al verme casi rendido "¡aún tienes fuerzas, dale!"

Con el final de la bajada y ya de vuelta hacia la meta, mentalmente me animé un poco. Lo peor había pasado y casi no había subidas ya. Mantuve el ritmo como pude, de nuevo bordeando la costa del cabo, disfrutando un poco, por fin, del paisaje (de lo mejor de Alicante capital), pero todavía seguía siendo adelantado por corredores.
Decidí que ya estaba bien, que ya no me iba a adelantar nadie más, y subí el ritmo cuando supe que quedaban como mucho 2000m

Busquen las mil diferencias entre esta foto, casi acabando,
y la de mi arranque de carrera algo más arriba

Adelanté a corredores que me habían pasado metros atrás y cuando por fin llegamos a la zona más limpia, más corrible del circuito, alargué la zancada y dejé atrás a muchos competidores.
Había fuerzas para un último sprint, a pesar de lo flojas que notaba las piernas y lo que había sufrido hasta ese momento.
Cuando tuve a la vista el arco de meta, aprovechando la ligera bajada que me llevaba hacia allí aceleré por última vez y paré el reloj en 55:27. Unos 4' más que el año pasado, pensé, aunque teniendo en cuenta que la natación había medido unos 300m más que en el 2018 y que el mar no estaba tan increíblemente tranquilo como entonces... ¿y si lo había hecho mejor este año?

Meta. ¿Quién dice que no lo di todo?



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La clasificación, al menos, me decía que así era. Terminaba el 123 de 246 en la general, 24 de 44 en mi categoría. En el 2018 acabé más lejos de la media, así que había que darlo por bueno (el nivel de la prueba es alto, con mucho triatleta experimentado). Más aún, después de ver aquel último sprint, impensable el año pasado en el mismo punto del circuito.

Ignoré el avituallamiento cuando pasé por el control del chip y me lancé de cabeza al agua, intentando bajar la temperatura del cuerpo, con la piel ardiendo todavía. Me reuní allí con Elena, que había disfrutado la competición en su primera participación en la prueba y que acababa, como era de esperar, en los primeros puestos, siendo 5ª mujer y 2ª de su categoría (¡eres grande!)

Post y pre competición de categoría con mi gran compi de club Elena :)


Cuando fuimos al avituallamiento seguimos descubriendo fallos organizativos. La zona de bebidas apenas era atendida por unos pocos voluntarios que se desvivían dándonos agua y entregando las mochilas, personal claramente insuficiente para tanto participante. Por otra parte, al buscar en el tablón de resultados a Elena su nombre no aparecía (resuelto después por la empresa de cronometraje). Para añadir más elementos a la lista de fallos de la organización, se comentó que hubo nadadores que se saltaron una boya nadando, recortando recorrido, y que, lejos de ser descalificados, simplemente se les hizo esperar y luego se les dejó seguir. También hubo rumores de recortes en la carrera, algo fácil de hacer y difícil de detectar al no haber ningún tipo de control en muchos tramos del recorrido.
Una lástima y una sorpresa, todo esto, pues el año pasado yo no tuve ninguna queja y me pareció que estaba todo muy bien montado, convirtiendo la competición en una prueba muy recomendable. Ojalá el año que viene no se repitan estos fallos. Yo, desde luego, voy a volver para intentar mejorar marca, entrenándola (ese año sí, no como este) y practicando la transición, muy lenta este año.




Ahora toca afrontar una semana muy movida. Travesía de Campello el jueves, bajada Hondón-Aspe el viernes y Xuquer Xtrem el domingo, último día antes de mi semana de vacaciones deportivas.

Os cuento cómo va todo en las próximas entradas del blog, que se me van a acumular crónicas pendientes con tanta competición tan seguida.
Gracias por estar ahí.
Saludos.

Comentarios

  1. Que bueno niño, y como bien dices, siempre mejorando, te me estás mal acostumbrando. Ánimo y fuerza para la tralla de este "puente" que te vas a marcar jjj

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    1. Jajaja gracias Gal, corriendo la cosa no va a mejorar mucho ya (cosas de la edad supongo) pero nadando sí que puede haber margen de mejora todavía creo. Que dure :)

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