AQUATRAIL CABO DE LAS HUERTAS 2018

Después de varios años oyendo hablar en verano del Aquatrail del Cabo que organiza 15 Cumbres desde el 2013, primero sin tener ni idea de natación y después con algo más de conocimiento de la dureza de la prueba cuando ya empecé a nadar, este año decidí no perdérmelo y conocer este acuatlón sufriéndolo en persona. Y digo "sufriendo", porque en plena ola de calor, el segmento de carrera de la competición iba a ser muy duro.
Lo pude comprobar nada más abrir los ojos el pasado domingo, la mañana de la prueba. Me desvelé a las 5:45 por el calor y el termómetro ya marcaba 27 grados y una previsión de 30, como poco, a la hora de la salida, las 9:00. 

Y no eran ni las 6:00AM...


Ya no pude pegar ojo y me levanté a preparar todo, desayunar con calma y tuve tiempo de volver a revisar la ubicación de la prueba y el recorrido de las dos etapas del acuatlón. La salida se daba muy cerca de casa, a unos diez minutos en coche como mucho, en el final de la playa de San Juan, justo al lado del cabo que da nombre a la prueba. No me confié, de todos modos, a pesar de la cercanía, y salí pronto hacia allí, con mucho tiempo de antelación, para aparcar sin agobios y prepararme sin prisas.



Recogí la bolsa de la competición, con el gorro, el dorsal con el chip, y una camiseta de tirantes, algo que se agradece, por variar, con tantas de manga corta almacenadas ya de cientos de carreras. Preparé mi caja en la zona de transición sintiéndome todavía un novato en esto de las competiciones multideporte. ¿En qué orden dejaba todo? ¿Calcetines o no? ¿Porta dorsal cerrado y me lo ponía por los pies o abierto y lo cerraba a la carrera? Con el calor que había previsto y no fiándome del avituallamiento que decían habría al salir del mar, tuve claro que no iba a sobrar una botella de medio litro de agua y también una toalla pequeña por si llegaba demasiado cargado de arena en los pies.

Con todo preparado pude hablar un rato con mis compañeros de equipo que aquella mañana competían también. Por allí andaba Jaime, pendiente como siempre de los rivales directos y comprobando las probabilidades de subir al podio, Cristina, que ya conocía la prueba de otros años, y Ana, habitual en los primeros puestos de su categoría en la prueba.

Después de varias competiciones de natación en Alicante ya me pasa lo mismo que en las carreras populares. Empiezo a reconocer las caras de los que ocupan los primeros puestos y a saludar siempre a las mismas personas. Por allí estaban Eutropio, Diana, Martín acompañando a su equipo, los más que probables ganadores masculinos liderados por Pesquer, la que seguramente ganaría la competición femenina, Eliana, Sonsoles con TriNet, a la que pude saludar al terminar... El ambiente siempre es muy bueno y cuando pregunto mis dudas sobre la prueba a cualquier nadador o nadadora es fácil mantener una charla animada como si todos nos conociéramos hace tiempo. Bendito deporte.

Me había preparado todo con mucha antelación así que pude meterme en el agua media hora antes del inicio de la prueba a ver el estado del mar y comprobar si se podía correr un poco en el arranque de la competición sin miedo a rocas como pasó la semana pasada en Denia.

Por fin, después de varias travesías con mar movido, íbamos a nadar con el mar casi plato, limpio, transparente. Dando las primeras brazadas me sentí fuerte y tenía la sensación de que podía nadar muy rápido esa mañana. Calenté con suavidad acompañado de Jaime y Ana y a cinco minutos de la salida fui a la orilla a escuchar cómo sería el recorrido a nado.

No había mucha dificultad para seguir el trazado de la prueba. En el mar había dos boyas situadas en la misma línea imaginaria paralela a la costa y tendríamos que nadar primero hacia la de la derecha, girar hacia la de la izquierda y una vez bordeada esta última dirigirnos de nuevo a la salida, dibujando un triángulo recorrido en el sentido contrario a las agujas del reloj.

Después de escuchar la cuenta atrás por megafonía, arrancábamos. Me había propuesto nadar lo más rápido que pudiera, sin reservar mucho para la carrera. Por el perfil del recorrido y el calor, tenía la impresión de que no iba a poder ir muy rápido corriendo, así que traté de ganar tiempo en el primer segmento del acuatlón.

Salida

Me metí en pleno centro del pelotón y nadé muy rápido los primeros metros. El mar estaba en calma y el agua permitía ver con nitidez el fondo, lo que me permitió ser consciente de que me movía más rápido de lo normal, al tener referencias en todo momento. Rocas, algas, peces... Todo parecía que pasaba muy rápido por debajo de mí. Casi sin darme cuenta tomaba el primer giro y seguía avanzando muy rápido. Parecía que no me desviaba ni un metro del recorrido y cuando buscaba a lo lejos la siguiente boya, la última, no me parecía tener muchos nadadores por delante.

Llegué al segundo y último giro algo cansado, pero tenía la sensación de estar haciendo una competición muy buena y no quise aflojar. El tramo desde el segundo giro hacia la zona de transición se hizo algo largo y por un momento tuve que frenarme buscando en la playa alguna referencia que me indicara el camino correcto. Di brazadas hasta que mis manos tocaron la arena y me puse en pie.

Seguía con la sensación de haber nadado más rápido de lo habitual pero cuando miré el reloj vi que había fallado al ponerlo en marcha. No se había registrado nada hasta el momento y ya no podía perder tiempo buscando la forma de solucionarlo. El chip, por otra parte, estaba pegado al dorsal, por lo que no habría registro real de tiempo a nado, al estar el primer control justo a la salida de la transición.

No fui rápido cambiándome, limpiándome un poco los pies, bebiendo un poco de agua. Tenía el pulso acelerado y necesitaba unos segundos de reposo. Me puse las gafas de sol, me di cuenta del error que suponía no haber traído una gorra o visera, cerré el porta dorsal (mejor opción que tenerlo ya cerrado ponérmelo por los pies) y salí corriendo por la alfombra roja de la transición hacia el arco que registraba el primer tiempo y señalizaba el inicio de la carrera.

Camino al inicio de la carrera. ¿Sería necesario llamar al nº de teléfono que tenía por dorsal?

El reloj oficial marcaba unos ventiún minutos escasos. ¿Tanto había tardado en la transición? ¿Mi sensación nadando era equivocada y había nadado otra maldita vez a 2'/100m? Inicié la carrera cansado y algo decepcionado. El primer tramo, pocos metros después, no ayudaba a que me sintiera mejor, subiendo sin parar, a pleno sol.

Varios corredores caminaban. Yo, sobrevalorando mis posibilidades, pensé que era muy pronto para echarse a andar y no quise frenar, así que troté sin forzar pensando que en breve llegaba una bajada, siempre con el plano de la carrera en mente (ver siguiente imagen)

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Primeros metros (ved el arco al fondo a la izda.) y ya tocaba subir


Antes de comenzar el descenso esperado apareció en el camino el único avituallamiento de la prueba, vasos pequeños de agua que me parecieron insuficientes para la temperatura de aquella mañana. Bebí ahogándome un poco, me felicité por el acierto de haber dejado mi propia botella de agua en la transición y retomé la carrera, cuesta abajo.

El camino no tenía mucha dificultad durante la bajada, pero no me sentía con fuerzas para acelerar. El calor empezaba a ser agobiante y todavía no sabía cómo iba a responder el cuerpo en la subida que nos íbamos a encontrar a media carrera así que reservé algo de las pocas fuerzas que tenía.

El recorrido no era complicado después de girar a la altura del faro del cabo. Recordaba, pensé, al desaparecido cross de la Albufereta. Camino estrecho, roca plana, algo de arena a veces... Seguramente en mejores condiciones podría haber acelerado en esta parte de la carrera, pasando Cala Palmera hasta Cala Cantalar, pero aquella mañana y después del tramo a nado, era imposible.



El recorrido y las vistas hacían más llevadero mi mal momento físico. Teníamos el mar a escasos metros a nuestra izquierda y el paisaje rocoso del cabo hacía que la carrera fuera de las más atractivas que recordaba en los últimos meses. Por desgracia, el cuerpo no estaba para excesos y no se podía disfrutar al 100% de la competición. Cuando llegó la subida de la que todos me habían hablado estaba muy cansado. No tardé en caminar, viendo cómo el terreno se volvía cada vez más escarpado, difícil de correr. Cuando parecía que la subida terminaba, un pequeño giro nos dejaba ver la segunda parte del ascenso, haciendo que borrara de mi mente cualquier idea de volver a correr.

Incluso andando estaba sufriendo más de lo esperado. El tritraje agobiaba y viendo a otros corredores solo en bañador, sin cubrir de cintura para arriba, me bajé los tirantes dejando el torso al aire.
Hasta aquel punto ya había notado que perdía muchas posiciones, que era adelantado por muchos corredores. Cuando comenzó la bajada (cuánto se echó de menos un avituallamiento en el final del ascenso...), la cantidad de corredores que me pedían paso fue en aumento. Me agobiaba un poco estar taponando la bajada y no tenía fuerzas para acelerar, sintiendo que las piernas podrían fallar en cualquier momento.
Por suerte el descenso no era muy técnico. Era una bajada que cualquiera con un mínimo de experiencia en trail correría ligero, sin miedo, pero como os cuento, yo no me sentía con las fuerzas ni el valor necesarios para acelerar. Confié en poder recuperar algo de tiempo cuando llegáramos de nuevo al giro del faro, con un camino más fácil de correr.

Terminando el descenso. No era el único al que le sobraba la parte de arriba,
como se ve en el corredor que va delante de mí

Fui avanzando entre relevos con dos corredores, entreteniéndome mientras trataba de no perder velocidad siguiéndoles. Al hombre lo tuve cerca todo el camino hasta el faro y a la mujer, que creí reconocer como una de las habituales en los podios de su categoría en las travesías, la pude dejar lejos pronto.



Una vez pasado el faro, como esperaba, el camino era ligeramente más cómodo y aceleré, dejando atrás a mi compañero de carrera. Estaba muy cansado y no dejaba de mirar a lo lejos, buscando el arco de meta. Me subí de nuevo los tirantes y cerré el tritraje, recordando que en el reglamento de algunos acuatlones correr sin parte de arriba, con el torso sin cubrir, era motivo de descalificación, aunque no parecía que fuera el caso de la competición de aquella mañana según vi, con muchos participantes corriendo sin camiseta (anotado para el año que viene)

Me excedí en aquel último acelerón y perdí fuerzas a falta de 600-700m para el final. El corredor con el que había compartido parte del tramo final me pasó como un rayo, demostrando haber dosificado mucho mejor que yo el esfuerzo. Yo ya corría casi por inercia. Me pesaban las piernas y tenía mucha curiosidad por saber en cuánto tiempo acabaría.
El año pasado, según vi en las clasificaciones, 48 minutos me dejarían a mitad de tabla. Algo me decía que no estaba para esos tiempos esa mañana, pero confiaba en no alejarme mucho de los 50'.



Un par de fotos tomadas por Martín (gracias :)) , con pocos metros de carrera
ya por delante

Con la meta ya a la vista, recibí los ánimos (y alguna foto) de Martín entre el público y traté de acelerar un poco. Me pareció ver un 51 en el reloj, pero según me acercaba a la meta descubrí que era un 50. Aceleré para que el minutero no cambiara antes de terminar, escuché los ánimos de nuevo entre el público (creo que fue Silvia, también de Aquatic, que además me sacó un par de fotos) y conseguí parar el crono en 50:38.

No hice mucho caso al avituallamiento que había a pocos metros y me fui rápidamente a la zona de transición a quitarme las zapatillas y tirarme al agua, sintiendo que las pulsaciones estaban al borde del paro cardiaco y con la cabeza a punto de estallar por el calor.

A pocos metros de la meta (gracias por la foto Silvia :) )



Sin salir del agua, pude compartir mis sensaciones y experiencia de la carrera con Ana, que ya había terminado hacía tiempo y que subiría al podio después, con Jaime que hacía un tiempazo y con Cristina, que llegaba poco después que yo con la misma expresión de reventón que debía tener yo al terminar. Había sido muy duro. La ola de calor, según escuchaba a quienes ya habían competido otras ediciones, había convertido la prueba del 2018 en la más calurosa que recordaban.

¡Completado!

Tocaba echar un vistazo a las clasificaciones, a ver dónde me dejaba un tramo a nado presumiblemente bueno seguido de una carrera que sentí muy floja.

Terminaba en la posición 81 de 177 en la clasificación general, 22 de 35 en mi categoría. Sabía que la natación había sido buena, pero no tanto como reflejó la clasificación después. Empecé a correr en la posición 59 de 177, cuando el reloj marcaba 21:13. Teniendo en cuenta que, por lo que escuché, a todos les midió 200m de más aproximadamente en el agua y que fui muy lento en la transición, seguramente el tramo a nado salió a más de 1:50/100m, algo que para mí es muy bueno e inesperado. Seguramente de las mejores competiciones a nado de los últimos meses (¿cuándo volveré a terminar en una posición tan buena una travesía?).

En la carrera...Mal. No había más de 4.5km según escuché y el ritmo se acercaba a los 6'/km, algo impensable en cualquier otro momento de la temporada u otra competición. De todos modos, siendo una prueba multideporte, había que hacer una valoración global, y esta no podía ser mala, visto lo visto. Encontrar mi nombre en la clasificación antes de la mitad de la lista, en una prueba en la que predominan los triatletas, con entrenamientos específicos para competiciones de estas características, era para estar satisfecho. Ahí quedaban la posición final y la posición en el primer segmento para dejármelo claro. Con algo más de entrenamiento corriendo por la zona y algo menos de calor seguro que podría mejorar al menos un minuto.

A ver si se me pegaba algo de Jaime (17 gral., 7 cat., ¡brutal!)

Me gustó tanto que tengo claro que el año que viene repetiré. Ahora que conozco el terreno no veo difícil entrenar la prueba y no debería haber problema para bajar de los 50 minutos, buscando los 48 que eran mi objetivo inicial. Probablemente lo entrene a conciencia, para quitarme el mal sabor de boca de este año durante la carrera.

Todos contentos :) Ana, Jaime, yo y Cristina.

Ahora toca parar. He perdido la cuenta de las semanas seguidas que llevo ya compitiendo, doblando incluso algún fin de semana con travesías sábado y domingo. Seguiré entrenando, tanto carrera como natación, pero ya no me apunto a nada hasta septiembre. La vuelta será seguramente en la travesía del Peñón de Ifach, seguida de una de mis carreras preferidas, los 10km de Rojales.
Hasta entonces... feliz verano a todos/as y nos leemos de nuevo en septiembre.



Gracias por estar ahí.
Saludos.

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