CROSS CABO DE PALOS 2019


Ya lo dije en el 2015, cuando terminé de correr mi primer Cross del Cabo de Palos. Sabía que repetiría y así lo hice, cuatro años después, el pasado fin de semana.
No llegaba con mucho entrenamiento de carrera acumulado (nada, en realidad), pero sí más descansado que en las últimas competiciones. ¿El objetivo? No hacerlo peor que en mi primera participación, donde sufrí demasiado y corrí en baja forma y algo desmotivado.
Aunque el sábado llegué con tiempo de sobra para aparcar y recoger todo, incluso una hora antes del inicio de la prueba ya se notaba la elevada participación buscando sitio para dejar el coche, con muchísimo tráfico y un constante ir y venir de corredores con el dorsal y la bolsa de la carrera en la mano. Algo bueno debía tener la carrera cabopalense, pensé, si una zona tan pequeña conseguía reunir a más de 1000 corredores, completando las inscripciones antes del último día, algo que por Alicante ni siquiera consiguen clásicas veraniegas como la subida al Santuario de Novelda, con unos 900 llegados a meta en el 2018.

¿Cuántas bolsas del corredor incluyen pepinos?

La recogida del dorsal y la bolsa del corredor fue algo lenta, igual que en el 2015. Pocas filas, en mi opinión, para tanto corredor, aunque los voluntarios se dejaban la piel y nos atendían amablemente. Este año, además, la lentitud se notaba más todavía al tener que dar explicaciones a cada uno de los participantes, indicándonos que el proveedor de camisetas estaba de camino y que había tenido un accidente. Tomando nota de la talla de cada participante y escribiéndola en el dorsal, se disculpaban y nos pedían que al acabar la carrera fuéramos a la carpa a por la camiseta. ¿Se retrasaría la salida, como hacía cuatro años?

Disfrutando del paisaje antes de empezar



Pasado este trámite eché un vistazo por la zona de la salida, pegada al puerto de Cabo de Palos, el mismo lugar donde el año pasado comenzaba la vuelta a nado. La tarde era soleada y calurosa, pero el viento refrescaba el ambiente y no parecía que el calor fuera a ser tan agobiante como en mi primera participación, aunque la humedad sí que era elevadísima. Me distraje demasiado con el paisaje y casi perdí la noción del tiempo. Cuando me crucé con Lorena, de MircaSport, apenas tuve tiempo para comentar con ella la carrera, al darme cuenta de que, o me daba prisa y volvía al coche en 5 minutos o no llegaría a la salida, teniendo en cuenta, además, mi despiste habitual que haría que probablemente olvidara dónde había aparcado.

Caminé rápido, me cambié a toda velocidad olvidando la banda del pulsómetro y corrí de nuevo hasta la meta. Ese fue mi calentamiento. Mal empezábamos, me dije, mientras buscaba no quedarme muy atrasado en el pelotón de salida, sabiendo que el inicio era algo lento y estrecho.

Primeros metros


La carrera empezó puntual y, tal como recordaba, el inicio no fue muy fluido. Tanto corredor en una calle tan estrecha y con una curva a la izquierda y cuesta arriba demasiado pronto no permitían correr cómodamente hasta pasados unos 400m.
Una vez estirado el grupo, en suave y constante ascenso, intenté recuperar algo del tiempo perdido en el arranque, pero noté que las piernas no estaban tan descansadas como cabría esperar después de 48h de reposo.



El primer km pasó cerca de los 4:40, algo que di por bueno, pero me noté demasiado fatigado. Por suerte la bajada de vuelta hacia la zona de la salida era suficientemente larga para recuperar el aliento y tratar de ganar velocidad, pero de nuevo las piernas no respondían como quería.
Un giro por un camino de tierra me frenó un poco, por miedo a tropezar, y en el paso por la zona de salida, de nuevo en llano, empecé a notar que sudaba demasiado (maldita humedad) y que tal vez iba a hacer una carrera similar a la del 2015.

Lo acepté y traté de no perder muchos puestos, intentando animarme pensando en que llegaba el tramo atractivo del recorrido, el paso por las calas y la llegada al faro. Correr cerca del mar podría pensarse que iba a ser fácil, llano, pero no recordaba bien el circuito y las subidas y bajadas de la costa me pillaron por sorpresa.

Seguía sin notarme cómodo, pero el paisaje me distraía. No debí apreciar en su día el recorrido, por el cansancio quizás. Aquel paisaje merecía el trayecto de más de 1h desde Alicante y justificaba las más de 1000 inscripciones. No estaba fino esa tarde, pero era una gozada correr por el cabo, con el mar agitado por el viento rompiendo a nuestra izquierda, acercándonos cada vez más al faro.

Los vecinos sacaban mangueras en las casas de primera línea de costa y nos mojaban, algo que se agradecía infinitamente, y nos permitía llegar frescos a la subida al faro, tan atractiva o más que el resto del recorrido.



Costó, y mucho, llegar a lo más alto del circuito. Me entretenía viendo a los corredores más rápidos, ya bajando, en sentido contrario, admirando con qué facilidad se movían en un perfil tan puñetero, y así, distraído, llegué al cambio de sentido en el faro y empecé el descenso, notando que tal vez sí podía subir un poco la marcha.

Gané posiciones y, aunque en las calas de la cara sur del cabo el recorrido era estrecho y de tierra compacta, con alguna piedra que podía hacer caer a alguien tan torpe como yo en terreno irregular, subí el ritmo.
No tenía ni idea de la velocidad que llevaba ni si estaba haciéndolo mejor o peor que el año en el que corrí por primera vez allí. Me notaba en ese punto del recorrido mejor de lo que recordaba que estaba hacía 3 años en esa misma zona y, aunque cansado, estaba disfrutando de la carrera desde que dejé atrás el faro.

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Con solo 6.3km, no debía quedar ya mucho recorrido por delante y la llegada al puerto debía estar cerca, pensé, así que traté de ir adelantando poco a poco a los corredores que tenía a pocos metros. Los vecinos seguían mojándonos desde sus casas cuando pasábamos. Entre los remojones y el agua del avituallamiento que me eché por la cabeza terminé de encontrarme cómodo y cerca del puerto eché el resto.

Intenté adelantar a un señor de cincuenta y largos, que corría con gesto cansado y parecía ir muy justo de fuerzas, pero... imposible adelantarlo, me dije. Era admirable la velocidad que conseguía mantener el hombre. Mis últimas fuerzas las gasté en el pique estúpido con aquel corredor y conseguí dejarlo atrás cuando volvimos a pisar asfalto, cerca de puerto nuevamente.

Admirable, lo que corría el señor de rojo de esta foto

No había pensado en ritmos ni tiempos hasta aquel momento, pero a falta de 800m me dije que tal vez el sub.30 estaba a tiro. Aceleré, pero perdí fuelle en 200m y cuando encaré la recta final vi que era imposible ver el 29. Intenté no llegar a los 31' con un último acelerón y logré parar el reloj en 30:24 real, 30:58 oficial, 358 de 1251 en la general y 72 de 192 de mi categoría, algo que no estaba mal (sé que puedo hacerlo mucho mejor), pero que cumplía el objetivo principal de aquella tarde, mejorar en lo posible mi floja actuación en el 2015, algo conseguido por 2 o 3 minutos si no recuerdo mal.








A la post carrera no se le podía poner ningún pero. Duchas para refrescarnos pocos metros después de la meta, bebida, melón, masajes (creo), recogida fluida de la camiseta que tenía pendiente (con el diseño de este año no pensaba quedarme sin ella)... No necesitaré que me insistan mucho para volver a pasarme por allí otro año y ver si, a la tercera, sale por fin una buena carrera allí.




No me noto en plena forma corriendo y en el agua ya van dos entrenamientos en los que tampoco me veo fino. No consigo bajar los 2.5kg que me gustaría perder (nada grave, en realidad), pero al menos me he estabilizado y el peso ya no aumenta y empieza a bajar suavemente. Es probable que haya llegado el momento de descansar y he elegido la semana del 19 al 25 para tomarme unas vacaciones deportivas que tal vez son más que necesarias. Esa semana de inactividad total (ni gimnasio, ni natación, ni carrera) seguro que me viene bien.
Hasta entonces, a agotar los últimos cartuchos y ver las fuerzas que quedan, probando este fin de semana el doblete Subida al Santuario de Novelda el sábado seguido de la Travesía Sant Roc de Denia el domingo. La semana siguiente el Aquatrail del Cabo, después Hondón Aspe, Xúquer Xtrem y relax 7 días.

Os cuento cómo va todo en la próxima entrada del blog.
Gracias por esta ahí.
Saludos.

Comentarios

  1. Ay Cabo de Palos, que buenos recuerdos.. Siempre que se mejora es buena señal, antiguamente cuando había pocas carreras las mejoras anuales eran la referencia. Y si, esa semana te vendrá de maravilla, cualquier entrenador te obliga a ello!

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    1. Yo creo que mejorar 4 años mas viejo debe ser lo que me quede, sin más. El descanso... viendo la flipada de dobletes habidos y por haber es, como dices, obligatorio. Parlem dema :)

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