COSTA BLANCA TRAILS 46K 2022


Después de la retirada en mayo en el maratón de Confrides tal vez era una temeridad pretender tomarse la revancha solo seis meses después en una prueba con más desnivel y kilómetros que la que había visto mi primer abandono en una competición. No ayudaba a ser optimista el parón de septiembre, por algunos problemas familiares que me dejaron fuera de juego solo quince días, pero que yo sentí como un retroceso físico y mental de treinta que me hicieron plantearme seriamente abandonar la idea de seguir adelante. Tampoco vino bien sufrir tantísimo en La Sagra ¿Estaba en condiciones, de verdad, de afrontar los 46km y 3100m de desnivel acumulado de Costa Blanca Trails en noviembre?
A mi favor esta vez, quizá, una mejor preparación, habiendo ganado más fuerza en las piernas y acumulado más desnivel que antes de mayo. También, un clima seguramente más propicio para afrontar el reto, nada que ver con el terrible calor de Confrides. Y, por supuesto, no correr solo, pues me acompañaría mi amigo Rafa, que con tantísimos kilómetros de montaña y horas de Trail a sus espaldas podría ser mi salvación en un momento de crisis como el que me dejó fuera del maratón en mayo.

Las últimas carreras habían dejado la moral bien alta y las piernas parecían responder, no acabando reventadas incluso después de 30km como en Montanejos o después de los exigentes 28 de mi último entrenamiento por el Puig Campana y Paso del Contador. ¿Qué sucedería el día de la carrera?



Me plantaba con Rafa a las 7:00AM en Finestrat, pudiendo ver por la carretera, de camino, la impresionante estampa del Km Vertical del Puig, todavía de noche, con la larguísima hilera de luces de frontales de los corredores de las distancias superiores que ya habían arrancado, subiendo hacia la cima. No podía dejar de pensar "sí, el km vertical será duro, pero... ¿y los 42km restantes?"

Nos cruzamos con Alex, compañero de fatigas en nuestro ascenso al Veleta en el 2021, y Paco y después de un café en la zona de salida mientras Rafa recogía su dorsal volvimos los cuatro al parking a cambiarnos. ¡Qué frío y qué viento hacía! Por si la prueba no era dura por sí sola, el clima jugaba en nuestra contra aquella mañana. Manguitos, braga, guantes, camiseta interior... ya me quitaría cosas después, al entrar el calor y cuando saliera el sol (spoiler: no me quité NADA, del frío que hizo)






Tocaba ir a la salida y arrancar, con unos nervios que casi no recordaba ya. Ríete tú de las mariposas estomacales pre maratonianas o del acojone de la salida del Veleta. Aquello era, o me lo parecía, lo más duro a lo que iba a enfrentarme nunca, deportivamente hablando, y no acababa de tener claro, según terminaba la cuenta atrás de salida, si podría con ello.
Arrancábamos muy atrasados, cerca del final del pelotón, y ya desde el principio el asfalto picaba para arriba, con casi 1km por delante hasta la Font del Molí. Fuimos trotando, viendo a la gente subir muy rápido, tal vez demasiado para nosotros, y no tardamos mucho en sacar bastones y bajar la marcha. Había muchísima carrera por delante.

Que digo yo, que llamar maratón a algo que tiene 4km más en montaña,
 que puede suponer muuucho tiempo más que "solo" 42, igual habría que mirarlo xD

Km Vertical, cima Puig Campana, Coll de Pouet, Helipuerto Polop

El ascenso por el km vertical fue lentísimo. Éramos muchos corredores y no se podía ir de otra forma que no fuera en fila de uno. El más mínimo cambio brusco de desnivel provocaba un tapón que frenaba al grupo y así, arranca, para, fuimos poco a poco subiendo. Perdimos a Alex de vista en mitad del ascenso, mientras íbamos comentando con Paco y otros corredores la carrera, nuestra preparación, los miedos... Casualidades del trail, pude conocer a dos de los organizadores del magnífico trail de Onil, a los que pude felicitar por la organización de la última edición mientras compartían con nosotros su experiencia en esa carrera.
A aquel ritmo tan bajo, las piernas no se resintieron mucho cuando salimos del canal que forma el km vertical en la ladera del Puig y nos dirigimos a la cima. Allí, sin nada que nos resguardara, el viento helado soplaba con fuerza y nos empujaba a coronar la montaña y bajarla rápidamente si no queríamos quedarnos tiesos de frío arriba, por mucho que las increíbles vistas de la costa a más de 1400m de altura invitaran a parar un momento a disfrutar del paisaje.
Corríamos, por fin, cuesta abajo, primero por la escarpada y técnica bajada hacia Coll de Pouet, ya sin Paco a nuestro lado, y después por los caminos más o menos cómodos que nos llevarían al Helipuerto.
Esa primera bajada hizo que empezara a notar una antigua molestia que creía olvidada y recuperada ya en la rodilla izquierda, pero el intenso frío de la mañana parecía calmar el dolor y casi pasaba desapercibida.
Avituallamos bien en Coll de Pouet, aunque teníamos cerca el siguiente avituallamiento, y reanudamos la marcha.
Rafa había bajado muy bien y en los sube baja hacia el descenso pronunciado hasta el helipuerto, con el Ponoig a nuestra izquierda, tomó la delantera. Me alegré, pensando que sus rodillas no le daban guerra y que podría marcar el ritmo tan bien como lo hizo en Montanejos.

"Término de Júpiter", decía un cartel antes de ver
esta puesta en escena tan currada y animadora : D


En la bajada hacia el helipuerto, sin embargo, me dejó adelantarle. Parecía querer conservar fuerzas y cuidar las articulaciones y me dio paso. Aquel descenso, que ya había visto en un sufridísimo entrenamiento que hicimos en junio, lo disfruté como un enano, pero sintiendo que cuando la rodilla izquierda tenía que retener la bajada, con los cuádriceps en pleno esfuerzo excéntrico, había algo de dolor.
Pensando que en las subidas aquello no dolía y que en llano tampoco, no le di importancia y seguí para abajo, pensando en el avituallamiento de Polop, primer corte de la carrera y primer (y único, pensé) punto de retirada. No íbamos con tanto tiempo sobre el corte como habría querido, por la lentitud de la subida al Puig, pero al menos las energías estaban casi casi intactas.






Helipuerto a Font del Pi

Lo del avituallamiento del helipuerto era impresionante. Bebida y comida para reventar zampando allí mismo, un voluntario cortando jamón sin parar, que con el frío que hacía daba miedo pensar en que las manos no controlaran bien el corte... Rellené depósitos de agua, comí de todo (mención especial a los dulces en forma de lazo y al bizcocho, espectaculares) y ya con Rafa, que no tardó tanto en bajar como él pensaba, retomamos la marcha en el que era, para mí, el segundo tramo más complicado de la carrera después del km vertical. Mi último paso por allí, en verano, fue agónico y la subida que teníamos por delante hasta Casa de Dios quedó marcada a fuego meses antes por el calor, la falta de agua y lo durísimos que me parecieron los 5km que teníamos por delante.



El camino entre pinos hasta el larguísimo tramo de cemento en el que se iniciaba la subida pasó mucho mejor que entonces. La subida lenta por el km vertical, el frío... no estábamos en las mismas condiciones que en junio.
La que en verano me pareció una subida durísima e interminable aquella mañana pasó casi sin sentir. A ritmo ligero, con bastones, andando muy rápido, alcanzamos el mirador en muy buenas condiciones físicas y enganchamos después el camino de zetas que nos llevarían al final del ascenso. Habíamos bebido cerca de Casa de Dios y habíamos cogido un puñado de frutos secos, notándonos bastante fuertes. Una vez en lo más alto del recorrido, pasado el Collado del Llamp, ya solo quedaba atravesar un tramo bastante técnico en el que había que llevar mucho cuidado dónde poníamos los pies (el fantasma de la dolorosa torcedura de tobillo de Confrides rondó un rato) y coger, al fin, el camino que conocí en mi entrenamiento por el Pas del Contador.
Pista corrible, blanda... era fácil echar metros y las buenas sensaciones me impulsaron a correr rápido, con ganas de quitarme km de encima y dar caza a algún corredor, ya que el grupo estaba estiradísimo y corríamos casi en solitario, sabiendo además que éramos de los últimos participantes.
Rafa parecía quedarse atrás, algo resentido de rodillas y de músculos, pero no me importaba aflojar de vez en cuando para esperar. Esto me permitía disfrutar del paisaje y animarme por lo bien que me encontraba, si no fuera por las quejas cada vez más frecuentes y dolorosas de la rodilla izquierda, que en llano también empezaba a protestar. ¿Me iba a dejar fuera de una carrera una lesión, por primera vez? No quise ni imaginarme una segunda retirada y me centré en las increíbles vistas del recorrido, bajando por el camino que llevaría desde el barranc del Salt hasta el inicio del camino del Contador, con un espectacular corte en el terreno a nuestra derecha y unos paredones de piedra a la izquierda que recordaban mucho a los de la zona de La Serrella.





El camino espectacular, verde, con vegetación tupida, de bajada, nos llevaba al medio maratón y, de ahí, a la corta pero durísima subida hacia el camino del Contador. 
Al menos, en la subida, la rodilla dejaría de dar guerra, pensé, mientras era Rafa en este tramo quien tomaba la iniciativa y tiraba para arriba en una rampa de menos de 1km que llegaba a tener pendiente de más del 20%. 
Aquello picó como no había picado nada hasta el momento, pero pasar la barrera psicológica del medio maratón era otra etapa finalizada. Entrábamos en terreno desconocido tanto para Rafa como para mí, desde ese momento hasta empalmar con el camino que tomamos en nuestro entrenamiento del Contador. Tocaba rodear aquella elevación montañosa por la otra vertiente, bajando un poco al principio y subiendo después. No iba mal de energías ni moral, pero el dolor de rodilla había venido para quedarse. Lo que al principio solo se notaba de bajada, desde aquel momento apareció intermitentemente también en llano, cada vez con más intensidad.
Maldije para mis adentros. ¿Sería posible que en el avituallamiento del 27 me pasara como en el del 30 de Confrides y tocara retirada? Tocaba ser fuerte mentalmente, disfrutar de las vistas de Guadalest a lo lejos y seguir adelante.

Font del Pi a Mas del Oficial

En Font del Pi, con 27 km en las piernas ya, aparecía en el camino el siguiente gran avituallamiento y otro punto de control mental para mí. ¿Energías? A tope. ¿Moral? Altísima ¿La rodilla? Mejor no pensar, me dije. Tocaba afrontar una de las últimas grandes subidas y ahí no habría molestias. Ya veríamos después.
El avituallamiento era, de nuevo, espectacular. Lo de los voluntarios, no de diez, de veinte. Qué bien surtido y qué bien atendido todo. La cara amarga de la carrera aparecía también en aquel punto. Era, sin yo saberlo, una zona de retirada y ahí estaban dos o tres corredores, algunos con manta incluso, esperando la retirada o llamando a amigos/familia para que los recogieran. Abandonaban, como hice yo en mayo.
Con ansia de km , viendo que íbamos mucho más lentos de lo que habría pensado al principio, salimos disparados hacia arriba (tanto que me dejé los bastones y tuve que volver a por ellos), con ganas ya de ver una de las últimas cimas y empezar una bajada que, sobre el papel al menos, era rápida y pronunciada. Y digo "sobre el papel", porque cuando terminamos de subir y tocó bajar descubrimos el que seguramente era el tramo más jodido de la carrera (ríete tú, pensé, de la bajada del Puig)



Perdíamos casi 400m en apenas 2km en un terreno muy técnico que obligaba a ser muy cuidadoso y, además, la rodilla dolía como nunca. No sabía cómo apoyar para no hacerme daño y además no caerme. Comenté mis penas con algunos corredores que me adelantaron y uno de ellos me hizo ver que tal vez bajando con bastones la cosa cambiaría (si no sé bajar sin ellos, estrenarme allí sonaba a locura, pero mejor eso que morir de dolor, me dije) No se equivocaba y cuando casi le cogí el truco a aquello conseguí bajar calmando el dolor de la rodilla y alcancé finalmente a Rafa, ya en el km 30, con 3km de ascenso suave por delante (unos 200 y pocos metros), en un camino que se hizo muy pesado, por pista ancha todo el rato y donde las fuerzas sí que empezaron a flaquear.
En aquel punto la cabeza hizo el trabajo que las piernas tal vez empezaban a no querer realizar. Me dije que lo tenía casi hecho. La rodilla, de subida, volvía a no protestar, teníamos por delante un camino con pequeños repechos y si llegábamos al avituallamiento del km 40 nos esperaba una última subida corta, pero dura, y empalmaríamos con el camino ya conocido de siempre, el de los entrenamientos sube baja al Puig, con pocos km por delante y todos de bajada. No estaba tan mal, en general, me dije, aunque comentando con Rafa nuestro "ritmo infernal" de aquel momento nos dimos cuenta de que, si nos dormíamos un poco, tal vez nos iríamos a las 10h y aparecería otro gran problema: la falta de luz y ausencia de frontales en nuestras mochilas.

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Con todo, la subida hasta el inicio del descenso por el Paso del Goleró no fue tan mala ni tan lenta. Rafa sacó dos bocadillos pequeños que junto a todo lo que llevábamos en el cuerpo de los avituallamientos anteriores hicieron que ganáramos las fuerzas necesarias para llegar al km 40 o a la meta sin problema de reservas, tomé un gel de cafeína y empezamos a bajar la zona embarrancada.
De nuevo, bajando, la rodilla volvía a protestar y tocaba descargar un poco ayudándose de los bastones. Nos pasaron corredores de la prueba de 75km, con cara de poder con 30km más sin problema, mientras nosotros seguíamos con nuestro descenso lento y dolorido. Sentía que perdíamos mucho tiempo, pero conociendo el circuito que teníamos por delante, también sabía que lo más duro quedaba atrás. Un último esfuerzo, llaneando o en suaves sube baja, y llegaríamos al avituallamiento del 40.5 y aquello estaría casi casi en el bolsillo.

Mas del Oficial - META


Después de mucho pisteo largo, monótono muchas veces, pasando Sacarest, más pisteo... arriba, abajo... al fin, llegaba el último gran avituallamiento. Km 40.5. Ya nos adelantaban más de un corredor y corredora de los 75km y también varios (en mi opinión) super hombres que iban a por la meta de los 101. Para mí, aquello era casi casi el último punto de control de la carrera. 
Bebí, pero no pude comer nada, al estar totalmente saciado y lleno, sintiéndome con energías de sobra para superar la última gran subida de la carrera. Miré hacia arriba, seguí a 3 corredores de 75km que tenía por delante y me dije que quería llegar lo antes posible al final del ascenso, al cruce en el que vería por fin el camino conocido de vuelta a Finestrat.
Iba tan motivado, con tanta energía sacada de no sé bien dónde, que no me di cuenta de que dejaba a Rafa muy atrás. Cuando fui consciente de que iba solo, me dije que lo esperaría arriba, pero que quería terminar ya con esa subida y sentir por fin la meta cerca.
El ascenso se clavó bien a las piernas y sacó seguramente las pulsaciones más altas de todo el circuito, pero ya estaba hecho. Había sido tan solo unos 800m de camino, subiendo unos 130m, con algunos momentos de pendiente brutal, pero en un giro del camino... ahí estaba. Conocía aquella roca enorme de la derecha que aparecía al final del camino, justo donde se cruzaba otro que venía bajando desde la izquierda. Aquello lo había corrido mil veces, subiendo a la cima del Puig por el km vertical y bajando después por la izquierda hasta aquel punto. Me quedaban por delante 6km, todos de bajada, fácil, cómoda y conocidísima. Aquella era mi meta, para mí, desde mitad de carrera, y ya lo tenía.

40 y bajando...

La emoción me desbordó como nunca. Allí, solo (no me había alcanzado todavía Rafa ni ningún otro corredor), necesité apoyarme en la roca con las manos en la cara y lloré. Lloré como nunca lo había hecho en ninguna carrera. No me encontraba mal físicamente, ni había agonizado hasta el momento. El llanto era de pura felicidad y era incontenible, casi incontrolable. Me rehíce como pude (vergüenza estúpida, supongo) antes de que me alcanzara Rafa, con el que compartí la alegría del momento y al que confesé mi (desconocido hasta aquel día) estado emocional. Aquello estaba hecho, aunque faltaran todavía 6000 metros. Acabaríamos con luz solar, por poco, y en menos de 10 horazas, un límite que me había propuesto no superar, aunque siempre pensé que aquello era posible terminarlo en 8:30 aproximadamente, pero no era mi día, supongo, y tampoco pensé nunca en acelerar y dejar tirado a mi amigo, después de tanto entrenamiento y lucha montañera juntos, jugándonos la posibilidad de que él se quedara solo pasándolo mal o que yo me pasara de vueltas y no pudiera acabar. No. Aquello se empezó a entrenar juntos y se iba a terminar juntos también.

Arranqué, ganando otra vez unos metros a Rafa y, de nuevo, la visión del paisaje tan conocido, de saberme casi finalista de aquello, volvió a sacarme lágrimas de los ojos y a alterar la respiración, tanto que tuve que contenerme para no ahogarme. O se lloraba, o se corría, pero las dos cosas a la vez no eran compatibles con llegar vivo a meta, con el peligro de marearme o caer por no ver bien el terreno.
Las rodillas seguían protestando de bajada, pero en los tramos de pista llana las piernas iban solas. Me moría de ganas de ver de nuevo el aparcamiento de la Font del Molí, y en algunos tramos corría, creo, más rápido incluso de lo que en alguna ocasión lo había hecho entrenando.
En el km 42 Rafa me hizo ver que ahí, en ese momento  ya era maratoniano "de verdad" y que, de ahí en adelante, todo era ya rondar el terreno Ultra. Nos abrazamos y seguimos, doloridos en las bajadas, pero ligeros en llano.

No recuerdo haberme alegrado tanto nunca de pisar asfalto. Dejar la montaña definitivamente suponía tener por delante apenas 1km hasta la meta. Estaba hecho. Cuesta abajo, cada vez se escuchaba más claro y alto la megafonía de la meta. El público aplaudía y yo no podía creerme todavía que hacía más de 9h habíamos salido de allí mismo para meternos primero 1100m de subida al Puig en unos pocos km y después 2000m durante 42km, pero allí estaba La meta. La línea de llegada. Esperé a Rafa para entrar con él y paré el reloj en 9h.39m, con los pies protestando como nunca, con unas ampollas que no sabía si quería ver, uñas que tal vez se caerían, la rodilla que...a saber qué pasaría con ella en frío, pero estaba conseguido. La revancha de Confrides, el RETO (en mayúsculas) deportivo de mi vida, con permiso del Veleta, estaba completado.






Me abracé a Rafa y rápidamente fuimos a por agua y a sentarnos, sabiendo que tal vez no podríamos levantarnos después. Seguía haciendo mucho frío y hubo que buscar refugio en la zona de entrega de dorsales para ponernos ropa seca (en mi caso, la camiseta de la carrera) y asimilar lo que había pasado aquel día. Mientras saludaba a los corredores de Onil que llegaban poco después, hablaba con Erica (gracias mil) y seguía comentando con Rafa la carrera, no podía creerme todavía lo que acababa de pasar. Estuve dando tumbos por el monte desde las 8:00AM, nueve horas largas, y había llegado a meta sin sentirme morir. Había gestionado la maldita cabeza de manera ejemplar en los dos momentos de crisis. Regulé fuerzas muy bien y nunca sentí que fuera a quedarme vacío. Alucinaba, de cómo puede transformarnos una prueba así y suponer una lección vital en tantos sentidos. Joder, era más yo y más feliz de lo que había sido nunca haciendo deporte.

Las clasificaciones nos dejaban muy atrás, posición 332 de un total de 375, 160 de 177 en mi categoría, pero... en una prueba de estas características, siendo mi estreno y con el clima que nos había acompañado (no me quité ni una capa de las que me puse al empezar) ¿a quién le importaba los tiempos? Llegar vivo y entero a la meta era ya logro suficiente como para estar orgullosísimo como lo estaba. ¿Repetiré la prueba o la distancia? Algo me dice que sí :)



Después de casi una semana de descanso las molestias posteriores a la carrera parecen desaparecer, la rodilla no da guerra (habrá que ver cuando eche a correr de nuevo) y ya estoy mirando en el calendario las siguientes pruebas y, a lo lejos, quién sabe, el próximo gran reto, pero no quiero elegir nada "en caliente" dejándome llevar por el subidón en el que todavía ando inmerso, así que... algo de relax un tiempo, carreritas populares sin muchas pretensiones por mi parte de aquí a enero y ya veremos.
Gracias por leer hasta aquí, como sucede siempre que suelto un ladrillazo post gran carrera.
Nos leemos en breve.
Cuidaos.

PD: Agradecimientos mil, como siempre, obligatorios:
  •  Familia: Siempre.
  • -Rafa/Ale: Joder, gracias, gracias, gracias amigos. Esto no habría sido posible sin tanta paliza juntos durante tantos meses. Lo que he disfrutado/sufrido con vosotros solo lo sabemos los 3. Rafa, no sabes lo que hiciste en el post confinamiento sacándome al monte jajaja Gracias a ti me veo en estas jajaja
  • -Ramón/Sera: Algún día confiaré en mí mismo tanto como lo hacéis vosotros. Mil gracias por los ánimos y consejos. Sois lo puto mejor.
  • -Como siempre, a todos los que en algún momento os interesasteis por esta locura en la que me metí y me disteis consejo o apoyo: GRACIAS.


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