TIMONCAP - TRAVESÍA VUELTA AL CABO DE PALOS 2018



Como recién llegado que soy al mundillo de la natación y las travesías en aguas abiertas, todavía quedan por tachar de mi lista de tareas acuáticas pendientes varias pruebas de las que mis compañeros califican como clásicas u obligatorias en el historial de cualquier nadador y el domingo le llegaba el turno a TIMONCAP, la travesía a nado que da la vuelta al Cabo de Palos.

Con el buen recuerdo del Peñón de Ifach en la memoria, siendo la del domingo una travesía similar en distancia y recorrido, dando la vuelta a un cabo en esta ocasión en lugar del peñón, ambos espacios naturales protegidos, estaba muy motivado y confiado, con ganas de hacer una travesía rápida, disfrutando de las vistas de Cabo de Palos desde el mar (ya conocía esta zona desde tierra por su carrera veraniega), olvidando un poco las típicas travesías de playa en la que nos limitamos a nadar entre boyas.



Tocaba madrugón una vez más, para reunirme con Pascal, David Gallego y dos compañeros suyos, Carlos y Román, juntando en el coche una increíble calidad deportiva que solo rebajaba un poco (un mucho, más bien) yo, que aspiraba esa mañana a nadar de media a 2:00/100m como muy rápido, al menos hasta la primera mitad y después...ya se vería.

Con el Gran Pascal

Algo más de una hora de coche y ya estábamos en la localidad cartaginesa, descubriendo que, aparentemente, el mar iba a estar en calma y que la temperatura era muy buena para nadar todavía, en este otoño de broma que tenemos por aquí.

La salida se daba desde el agua, en la bocana del puerto, algo que al principio me produjo cierto rechazo, recordando la suciedad de la entrada a la travesía de la escollera en Alicante. Por suerte el mar estaba mucho más limpio y la sensación era diferente, estando casi en la salida del puerto. Oculté el reloj en el bañador para ponérmelo después en el agua, ya que descubrí, casi a punto de tirarme al mar, que no se permitía su uso en la competición y después de unos minutos de espera que se hicieron algo largos, el final de una cuenta atrás por megafonía marcaba el arranque de la quinta edición de la travesía.





El inicio de la prueba fue muy cómodo. No había ni 200 nadadores en el agua (pocos en mi opinión, viendo las características de una travesía tan atractiva) y no tuve que pelear demasiado para empezar a nadar sin dar ni recibir manotazos o patadas.
No era capaz de localizar la primera boya, pero como el grupo no se había estirado demasiado todavía era fácil dejarse llevar, sin pensar. Siguiendo a la multitud llegaría, me dije.

Desde el principio tuve claras dos cosas: por un lado, el mar no estaba tan tranquilo como había pensado antes de tirarme al agua. Por otro, no sé si la falta de sueño, la mala calidad de ese sueño por la comilona en el cumpleaños de mi amigo Rafa...Físicamente no era mi día. Me notaba pesado, cansado, y tenía la impresión de que las brazadas no me impulsaban todo lo que yo esperaba.
Nadé hasta el 600 sin muchos problemas, a 2:00/100m, pensando que después, una vez estirado el grupo, encontrando mi sitio en la travesía, ya podría acelerar un poco.
Ese momento no llegó nunca. El pelotón de nadadores se estiró muchísimo y nadé prácticamente solo desde antes del primer km. Para empeorar un poco mis malas sensaciones, llegando al giro del cabo el mar empezó a moverse más todavía y no terminé de encontrar en ningún momento la forma de amoldar mi nado al estado de la mar. 
La poca claridad del agua tampoco ayudaba aquella mañana. Aunque al llegar esperaba ver un fondo marino espectacular (el puerto está lleno de empresas relacionadas con el buceo), todo estaba turbio a mi paso y me hacía estar alerta constantemente pues la zona era conocida por la abundancia de medusas.

La visión del faro del Cabo de Palos a mi izquierda parecía no cambiar nunca y las boyas a seguir me dieron la impresión de estar muy separadas entre sí, siendo necesario tomar como referencias a los kayaks y otras embarcaciones que indicaban el camino. No lo estaba disfrutando en absoluto y todavía no había girado el Cabo.




Una vez en el extremo del recorrido que indicaba el giro hacia la playa tuve la sensación de que empezaba a nadar algo mejor, pero fue un espejismo y después de 300-400m el ritmo volvió a caer, terminando de desmoralizarme cuando el Garmin marcó un 200 nadado a ¡tres minutos el 100!

Definitivamente algo no iba bien aquella mañana, así que tocaba resignarse y acabar lo mejor posible.
Seguí nadando solo, llegando a pensar que estaba cerrando la travesía, sufriendo más de lo habitual para orientarme, y cuando por fin estuve metido en la larga recta final hacia la playa, viendo muy lejos todavía la meta, me animé un poco, viendo que el agua iba volviéndose cada vez más transparente y dejándome disfrutar de la visión de algunos bancos de peces, pero también de más de una medusa a pocos metros de mí. ¿Me tocaba por fin estrenar mi historial de picadas?

Trataba de impulsarme con fuerza, pero la sensación de lentitud y de poca eficacia nadando no desaparecía. Me desplazaba muy lentamente y el camino hacia la última boya, la que indicaba el giro hacia el arco de meta, parecía no terminar nunca. No quise hacer caso a los pitidos del Garmin cada 200m. Ya sabía yo, sin mirarlo, que mis parciales eran mucho más lentos de lo que habría querido. Solo esperaba poder ponerme en pie y acabar.



Por fin, cuando las manos casi tocaron la arena, me levanté y no tuve ni fuerzas ni ganas para correr hacía la meta a parar lo antes posible el crono. Estaba muy cansado y caminé hasta detener el reloj oficial en 1:23:53, más atrasado de lo que querría en la clasificación general (114 de 184) y también en mi categoría (30 de 40). Había clavado la distancia, eso sí, aunque me detuve más de una vez a orientarme porque no sabía qué camino seguir, y había nadado 3550m según mi Garmin, lo que dejaba mi ritmo medio en unos modestos 2:20/100m aproximadamente, algo con lo que no contaba, cuando antes de echarme al agua pensaba en nadar, si me notaba con fuerzas, a 1:55 (iluso...)



Me reuní con el resto del equipo poco después, en un avituallamiento de categoría (mi enhorabuena por la organización al CN Master Murcia). Habían hecho una travesía excelente, sobretodo Pascal, que incluso con un hombro a medio rendimiento bajó 6 minutos su marca en esta prueba, y también David, que conseguía podio en su categoría.




En cuanto a mí... ¿La mala alimentación (exceso) del día anterior? ¿Levantarme a las 5:30? No sé qué pudo pasar. Me preocupa pensar qué podría haber sucedido si esas sensaciones me las hubiera encontrado en mitad de una travesía más larga como las que tengo en mente. Si tuviera que haber nadado más de 5000 metros, como en mi próxima travesía, Oceanman Benidorm, habría sufrido muchísimo, seguro.


Quiero pensar que esto no va a ser lo habitual, que mis buenas sensaciones en los entrenamientos y en la travesía del Peñón son reales y que, en Benidorm, aunque voy a ir con mucha calma, pensando solo en acumular metros, aunque termine el último, me voy a encontrar muchísimo mejor que en Cabo de Palos. Hay dos semanas todavía por delante para seguir entrenando, así que me obligo a creer que todo va a ir a mejor.



Como os digo, la próxima cita acuática será Benidorm, el día 21, pero antes pasaré por Oliva, el martes día 9, festivo en la Comunidad Valenciana, para correr, sin muchas pretensiones, sin pensar en marcas, los 12.5 km del Gran Fons Ciutat d'Oliva con mi amigo Ramón, una prueba que ya corrí en el 2011 y de la que tengo buen recuerdo.

Os lo cuento en la próxima entrada del blog.
Gracias por estar ahí.

Saludos.




Comentarios

  1. En Benidorm te saldrás malas tardes hay muchas, y la mayoría sin explicación

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    1. Eso espero... Esa flojera con tan pocos metros atrás y teniendo que llegar hasta 5000 o más metros sería difícil de aguantar mucho tiempo . La semana que viene te lo cuento 😅

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