BAJADA HONDÓN-ASPE 2022

En este verano de recuperación de carreras clásicas estivales, donde he vuelto a algunas como la subida al Santuario de Novelda y he conocido otras como la subida a Orito, ha regresado también al calendario de carreras la bajada Hondón - Aspe, una carrera que descubrí en el 2013 y a la que volví en 2015 y 2019.

Una competición de 11km en descenso casi constante desde Hondón de Las Nieves hasta Aspe, coincidiendo con las fiestas de las dos localidades, a la que no dudé en inscribirme cuando Dimas, corredor local insigne, me recordó en la subida de Novelda que volvía a organizarse. Si a las ganas por volver a esta carrera añadíamos, además, que me acompañaría en el viaje mi amigo Rafa, la tarde prometía ser entretenida.

Llegó el jueves 11 de agosto, día extraño para esta prueba que, tradicionalmente, se organizaba siempre un viernes y en pleno inicio de ola de calor me reuní con Rafa en un parking de Aspe cercano a la meta, donde dejamos uno de nuestros coches y, en el otro, subimos a la salida, a Hondón de Las Nieves.

Nada más salir del coche, sin la protección del aire acondicionado, el calor infernal de aquella tarde ya iba quitando las ganas de correr. Más de 30 grados a falta de una hora de empezar. A diferencia de carreras como la subida al santuario de Novelda, la organización no movía ni un minuto la hora de salida, las 19:00h. Posiblemente salir solo 30 minutos más tarde haría la carrera más cómoda, pero debía haber algún otro motivo que desconocíamos para salir tan pronto (después escuché que solo poder ponerla en marcha ya ha sido un éxito, por desavenencias entre organización y Ayuntamiento, creo, así que hay que dar gracias por poder correrla)

La recogida de dorsal la gestionaba como podía una única voluntaria, lo que hacía que se montara una larga cola bajo el sol que avanzaba, de todos modos, bastante rápida gracias a que la pobre chica se dejaba la piel en su tarea.

¿Era necesario correr a más de 30 grados?

Con el dorsal en la mano, tocaba buscar sombra rápidamente después de un café con Rafa. El calor apretaba incluso protegidos del sol y la motivación caía en picado, viendo que ni sentados en zonas de sombra desaparecía la sensación de bochorno. La carrera iba a ser agónica, seguro.

Saludos rápidos a Dimas y a J. M. Bernabéu, que llegaba de milagro al pelotón de salida al haberse encontrado los accesos cerrados al tráfico (más tarde supe que muchos quedaron fuera de la carrera, como me contó la gran Gemma Ann , que no llegó por este motivo) y a correr. Inicio puntual, a mitad de grupo, despidiéndome de Rafa, que comentaba que iba a intentar seguirme. ( "¿Seguirme?" ¡Pero si no notaba ni que pudiera andar rápido!) y a correr.

Compartiendo carrera de asfalto con Rafa

Empezábamos a quemar zapatilla en los primeros 500m. en una ligerísima subida para tomar después rápidamente una bajada con bastante pendiente que ayudaba a subir el ritmo sin mucho esfuerzo. Conociendo ya el recorrido por las anteriores participaciones, sabía que no había que dejarse llevar por la pendiente favorable y la "frescura", si es que se podía hablar de fresco esa tarde, de las piernas en el arranque de la carrera.

Me dejé llevar sin forzar mucho y creo que conseguí mantenerme los 3 primeros km, los más cómodos, rondando los 4:20/km con una facilidad inesperada. Algo de brisa de cara, poco sudor... No se había dado mal el arranque y notaba que no había acelerado demasiado.

Las buenas sensaciones desaparecieron. Habíamos pasado algún ligero repecho que no había picado tanto como otros años, zonas con algo de sombra pasado Puntal de Ors y el ritmo seguía siendo bueno, pero la cabeza empezó a jugármela. Aunque la tendencia del perfil era descendente, a partir del km 3 había mucho llaneo no tan cuesta abajo que en medio de aquel calor, ya sintiéndose bien en la cabeza, se hacía muy largo.

Mentalmente lo llevaba muy mal. Todavía había 5-6km por delante y estaba harto de correr. Me planteaba reducir la marcha, avisar a Rafa cuando me alcanzara de que me quedaba atrás a completar la carrera a trote cochinero, incluso con el corredor escoba si hacía falta, y dejar de agonizar.

El reloj, sin embargo, indicaba que las piernas no iban mal. Ritmos buenos y pulsaciones no tan altas como podría esperar. El paisaje no ayudaba a mejorar sensaciones. Zonas solitarias, sin público, aunque, eso sí, con la inestimable ayuda de los vecinos de alguna casa de campo que sacaban mangueras para remojarnos. El calor era insoportable y la gorra con el faldón protector para el cuello, más que proteger del calor, añadía sensación de agobio.

En el primer avituallamiento el agua había ido a parar al 90% a la cabeza, no había bebido demasiado, pero en aquel momento, para añadir dificultad a la carrera, aparecía una urgente sensación de vejiga llena que invitaba a parar. ¿Era urgencia real o mi cabeza me saboteaba una vez más, mostrándome las bondades de un tramo a la sombra donde aliviarme, recuperar aliento, descansar...?

Decidí que no iba a hacer caso al coco y que me daba al menos 1km más antes de parar. Calculé, además, allá por el km 7, que al ritmo que iba bajar la marca del 2019, la mejor de todas hasta la fecha, era posible. Esto me dio la motivación que me faltaba hacía kms. Decidí darlo todo e ir a por la mmp del circuito.

Seguía corriendo por los caminos solitarios entre Hondón y Aspe, sin más compañía que la de los corredores que puntualmente coincidían a mi ritmo y algún vecino que salía a animar a la puerta de la casa de campo o chalet. En el km 8, con el calor sintiéndose como nunca, el avituallamiento no estaba muy bien organizado cuando pasé y ningún voluntario fue capaz de darme a tiempo un botellín de agua. Algunos estaban de espaldas a la carrera, directamente. Tendrían algún problema, imagino, y me quedé sin agua en un pequeño repecho donde, entre parar y esperar el agua y seguir y jugarme la deshidratación, opté por la segunda opción, después de un ¡joder! que no dije tan para mis adentros como esperaba, ya que unos metros más adelante dos corredores que corrían juntos me escucharon, vieron mi problema con la falta de agua y me dieron una de sus botellas, algo que no pude dejar de agradecerles tanto allí como después, en la meta. Si paraba por completo, me dije, quién sabe si arrancaría después.

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Cerca ya de Aspe, cogíamos de nuevo camino claramente descendente, había cada vez más viviendas y público y la cercanía de la meta, junto a la más que alcanzable MMP del circuito (quién me lo iba a decir cuando no llevaba ni la mitad de la carrera completada) hicieron que fuera fácil acelerar y estar más motivado.

El ya conocido repecho a la entrada del pueblo, tramo compartido con la media aspense de diciembre, no pareció tan duro como otros años (de nuevo, hay que agradecer los entrenamientos montañeros) y una vez superado nos dejaba corriendo avenida abajo con comodidad.

Algo de callejeo y ya se escuchaba la megafonía de fondo, cerca del parque donde se ubicaba la meta. Un giro más y la recta final estaba a la vista. ¡Ostras, si al final iba a bajar de los 50' y hacer récord personal del circuito!

Un último apretón y el reloj oficial se detenía en 49:12, 49:04 real (lástima la incidencia con el agua en el último avituallamiento, sin aquel percance bajar de 48 estaba hecho) Posición 122 de la general entre 447 participantes, 24 de 77 en mi categoría, 113 de 376 hombres y algo más de 1' mejor que mi mejor tiempo allí. Una media de 4:28/km en 11km de bajada no es que fuera un ritmo espectacular, pero teniendo en cuenta que, por un lado, mejoraba mis anteriores participaciones y, por otro, a media carrera me planteaba parar y no competirla, de lo mal que lo estaba pasando, había que dar el resultado por muy bueno.


La gestión mental de la carrera había sido buena, no me había venido abajo y me había sobrepuesto a un bache psicológico que no esperaba en una carrera de estas características, corta y en descenso. Había que felicitarse, mientras recogía la colorida camiseta de la carrera, recuperaba fuerzas y líquidos en un avituallamiento final más que correcto mientras esperaba a Rafa, que llegaba reventado de calor, como no podía ser de otra forma, y saludaba de nuevo a J. M. Bernabéu. Tocaba, después, retirada rápida a Hondón para recoger el coche y volver a Alicante, que al día siguiente había que madrugar para ir a la oficina y sufrir allí la resaca de la carrera como buenamente pudiera. ¿Volvería a participar? Seguramente deje pasar un verano sin ir por allí. Demasiado calor. Como comentaba, atrasar solo 30 minutos la salida haría que, seguramente, mejorara muchísimo la sensación de agobio, como ya hizo en su día Novelda con su subida al Santuario, que de salir a las 19:00h ha llegado hasta las 20:00 actuales. Nos veríamos, tal vez, de nuevo, en 2024.


Ahora sí, toca monte y más monte. La próxima cita, los 28 km de La Sagra SkyRace el 24 de septiembre, una carrera con un perfil imponente, un ascenso total de 1800m hasta los casi 2400 en la cumbre más alta de Andalucía fuera de Sierra Nevada. Una buena prueba para ver cómo va el cuerpo en la preparación del reto de la temporada, los 46km de Costa Blanca Trails en noviembre, una competición que según va acercándose la fecha me tiene cada vez más inquieto. Aparecen los fantasmas del fallido Confrides ¿llegaré con el suficiente kilometraje acumulado y el desnivel suficiente guardados en las patas? ¿Aguantará el cuerpo? Un pequeño susto de la rodilla izquierda, en forma de molestias que impedían correr y que se sentían simplemente caminando, aparentemente sin consecuencias después de 5 días de reposo, me ha dejado alerta y con algo de miedo en el cuerpo. ¿Podré con el reto? Lo iremos viendo.

Nos leemos en la crónica de La Sagra dentro de un mes.

Cuidaos.



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