CROSS NOCTURNO ORIHUELA 2021


Lo tuve claro en el 2019, en mi primera participación en el Cross Nocturno de Orihuela. Volvería. Fue ver la carrera de nuevo en el calendario este 2021 y no dudé. Conociendo el circuito y sabiendo que había que reservar fuerzas para los últimos 700m, porque la subida al seminario ya no iba ser ninguna sorpresa como en la última edición, me propuse competirla a tope para tratar de mejorar el resultado de la pasada edición.

En esta ocasión el maldito virus dejaba fuera de juego a Laura y Rafa y no me acompañarían otra vez en mi visita a la capital de la Vega Baja alicantina, pero el calendario laboral permitía que mi cuñado y mi hermana pudieran pasar esos días en Alicante y así, disfrazados de Grinch los tres, nos plantábamos en Orihuela el día 25 por la tarde-noche.

En el 2019 la carrera fue un 28 de diciembre. Este año, coincidía con la noche de Navidad y, como descubriría después, esto sería un factor determinante a la hora de correr, por los excesos de la comilona a mediodía, aunque cuando llegamos a Orihuela a las 20:30 yo era muy optimista. No hacía mucho frío, el disfraz de Grinch resultaba ser cálido y cómodo y el ambientillo festivo en las calles invitaba a lanzarse a correr y disfrutar.




Por allí andaba Miguel Portugués, la hospitalidad y buen rollo personalizados de la Vega Baja, con el que pudimos echar un ratillo antes de empezar a correr. Iba a participar en modo entrenamiento, sin apretar, aunque como vimos después, no tardó en "calentarse" y darlo todo en la carrera.

La organización, acertadamente, dividía este año la salida en tres tramos desde tres calles diferentes, para evitar aglomeraciones y permitir, además, que los que quisiéramos correr a tope, saliéramos por delante de los que iban simplemente a trotar por allí y disfrutar de la fiesta y los disfraces. Una salida, la primera, desde la Plaza Nueva para corredores que buscaban marca, y dos calles separadas para disfraces grupales una e individuales la otra.

Parecía que al haber coincidido con la Navidad la participación era menor que en el 2019 y tal vez incluso todas las salidas juntas no habrían supuesto ningún problema, pero se agradeció poder salir a tope desde el pistoletazo de salida, sin perder apenas segundos desde la puesta en marcha del crono oficial hasta el paso por la salida real.


Allí estaba, como recordaba de la última edición, la primera parte de la carrera, coincidente con parte de la media oriolana, el tramo de subida, cerca del ayuntamiento, calle Sta. Justa e iglesia del mismo nombre hacia Plaza Capuchinos. Era un camino en suave subida, pero como siempre, mis arranques son demasiado rápidos y no tardé en notar que corría demasiado acelerado. Conociendo el circuito, sabía que poco después del primer km volveríamos en sentido contrario a la zona de salida, deshaciendo camino en paralelo, así que no miré el reloj. De hecho, decidí no hacerlo durante toda la carrera.

Iba muy justo de fuerzas incluso bajando, con las piernas protestando con muy pocos km acumulados. Además, la molestia que arrastraba en el talón derecho empezaba a ser preocupante y más dolorosa. Esto hacía que pisara con un gesto forzado que cargaba el gemelo más de lo normal.

Camino a la zona este de Orihuela tenía claro que tocaba sufrir. Disfrutaba del paisaje nocturno y navideño de la ciudad (¡cómo ganaba con las luces navideñas!), pero las piernas y los pulmones habían dicho "basta" antes de llegar al km 3 y la comilona del mediodía empezaba a ser un lastre preocupante, notándose demasiado cerca de la boca del estómago. ¿Vomitaría en la subida al seminario? No parecía improbable...

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Cerca de Gabriel Miró volvía la animación espectacular de Orihuela, con las calles llenas de público. Estaba reventado, cada vez más y más lento, pero al menos mi disfraz de Grinch me permitía durante toda la carrera distraerme con los ánimos del público, especialmente el infantil, que reconocían mi personaje y me animaban. "¡Vamos Grinch!", escuché decenas de veces.

Sabía que iba perdiendo ritmo y fuerzas, así que, en la llegada a la zona del Puente de Poniente, inicio del camino hacia la subida al seminario, bajé un poco el ritmo y cogí algo de oxígeno para afrontar el ascenso que me llevaría a la meta. Lo recordaba duro, pero ¿tanto? ¿tan cascado estaba esa noche?

Al estar la zona a reventar de público animando, los primeros metros, con los "¡vamos Grinch!" repitiéndose, me vine arriba y traté de acelerar, pero no duré ni 50m a tope. De hecho, pasada la primera curva, caminé. Las piernas, la respiración, el estómago... las sensaciones eran malísimas. Retomé la carrera cuando la pendiente se suavizó y corrí hasta que, al volver a endurecerse el camino, hubo que parar de nuevo a caminar. Creo que estoy más en forma que hace dos años y he mejorado considerablemente sobre todo en la carrera cuesta arriba, pero esa noche no había forma de subir en condiciones. Recuperé aliento, dejé atrás la parte más dura de ese nuevo giro y volví a correr, ya sin parar hasta la meta, sintiendo cada vez más la comida dando vueltas en el estómago y el calorazo que daba mi disfraz.




Un último esfuerzo y cruzaba, cuesta arriba, la meta de la carrera, en 31:50, 31:47 real, 117 de 418 en la general, 44 de 110 en mi categoría, 105 y de 284 hombres. Lejos de mejorar el resultado del 2019, lo empeoraba en 1 minuto, aunque curiosamente, según vi después en Strava, el segmento de subida al seminario lo mejoraba respecto a la pasada edición, incluso habiendo parado un par de veces a caminar unos segundos.

Me alcanzaba unos 20s después M. Portugués, que se había olvidado de su idea de correr con calma y competía a tope, y no mucho más tarde llegaban mi hermana y mi cuñado, que también se habían dejado llevar por el efecto dorsal y, al ritmo de Irene, habían conseguido colar a mi hermana en el top 6 de su categoría.



El chocolate caliente y toñas habituales  se sustituían este año por bollos individuales y bombones en bolsas para cada participante, para evitar aglomeraciones, entregados en la misma línea de meta, aunque tal como tenía el estómago, me resultó imposible comérmelos hasta pasado mucho tiempo.

Parece que tocará volver a este carrerón otro año más a vengarse de las malas sensaciones de esta edición. El circuito, la ciudad, su gente, la organización... todo invita a volver año tras año.

Por mi parte, me tocaba olvidarme del doblete previsto el fin de semana. Ni queriendo podría correr al día siguiente la San Silvestre Monovera, ya que el dolor del talón al acabar la carrera y, sobre todo, a la mañana siguiente, era preocupante y amenazaba con impedir la San Silvestre Vallecana, mi próxima cita deportiva.



He descansado, he pasado y pasaré por la fisio y entre eso, el hielo y los masajes parece que todo va mucho mejor y, incluso corriendo suave 5km ayer, la molestia ha disminuido considerablemente y puedo correr bien. Después de nochevieja voy a bajar un poco el kilometraje y el volumen de carreras, para curarme bien y poder preparar en condiciones el maratón de montaña de mayo, así que ya he cancelado mi inscripción a la media de Sta. Pola para liberarme un poco de km y poder prepararme en condiciones para el reto del 2022.
Os cuento cómo va la última carrera del año en el siguiente post.

¡Feliz año nuevo a todos/as! Cuidaos.

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