XOSSES DE CREVILLENT 2021


Seguramente no saldría una buena carrera. Con el Cross Nocturno de Guardamar de esa misma semana, el lunes, todavía sintiéndose en las piernas y un entrenaco de montaña el miércoles con doble subida al Cabeçó, unos 20km de Trail y más de 1500m de desnivel acumulados, la carrera de Les Xosses de Crevillent del sábado día 11 prometía sentirse dura y pesada. Habría que tomársela con calma, no sufrir demasiado y cumplir con el objetivo principal, esto es, pasarlo bien y desquitarme de las malas sensaciones que recordaba de mi única participación hasta la fecha en la carrera, en 2014, sin haber tocado mucho monte hasta entonces y, diría, en peor estado de forma que en la actualidad.

Camiseta y dorsal de este 2021, junto a una foto
de mi paso por allí en el 2014

Recordaba una carrera dura, calurosa (se organiza normalmente en junio, por la tarde) y con un paisaje de monte bajo, "pelao", no muy atractivo. El cambio de fecha de esta edición y mi año de rodaje montañero deberían, seguro, hacerme cambiar mi percepción de la carrera este 2021. Si todos hablaban maravillas de esta carrera, tal vez tenían razón en algo.

Hacía meses habíamos comentado la carrera con Cristina y Laura y se habían animado a participar, siendo las dos novatas en este terreno. Recogí temprano a Cris y llegué con tiempo de sobra a Crevillente para reunirnos con Laura y evitar prisas, ya que por mi participación en varias ediciones de la San Silvestre Crevillentina sabía que podía ser complicado aparcar por la zona.



Hubo suerte, dejamos el coche cerca de la salida, recogimos el dorsal de Cris y después de café y alguna foto ya con Laura nos metimos en el pelotón de salida, sin mucho calentamiento. Me encontré con Sera, que acompañaba a un amigo al ritmo que le marcara. El espectacular momento de forma de Serafín le permitiría hacer el carrerón que hizo y al día siguiente correr una media de asfalto rozando la hora y media, así que no me planteé seguirlos, para garantizar mi buen estado de salud y no morir en el intento.




Después de un momento de silencio en recuerdo de El Sombrilla (qué huella dejó Alberto en las carreras populares...) arrancábamos. Sabiendo que habría un par de tramos estrechos cuando entráramos en terreno montañero y que tal vez habría tapón aproveché la salida, bajando por calle de cemento y subiéndola poco después en sentido contrario, todavía en el casco urbano, para situarme bien.

Ese primer km permitía estirar la carrera y, con la emoción típica de los arranques de carrera tal vez corrí demasiado rápido. Notaba las piernas cargadas, pero intenté no frenarme y... primer mil en 4:46. 
Aquello iba a pesar después, pero ya no había nada que hacer. Dejábamos la Rambla y pisábamos pista de tierra, en suave cuesta arriba, ganando metros poco a poco. Aunque no me notaba fino, viendo cómo subía el desnivel, con mucha suavidad, me propuse no echar a andar si no encontrábamos algún tramo demasiado técnico.





Después de aproximadamente 1000 metros dejábamos la senda estrecha y nos metíamos en una larga pista ancha que seguía haciéndonos ganar metros sin parar. Reduje la marcha, todavía con la idea de no caminar, pero empezando a notar que, tal como esperaba, estaba todavía cansado por las carreras y entrenamientos de esa semana.

El perfil de la carrera ganaba dureza allá por el km 3. Aunque seguíamos por pista amplia y nada técnica, el desnivel ya nos frenaba y no hubo más remedio que alternar algunos metros andando con carrera suave. Me pasaron Serafín y su amigo, sin que pudiera seguirlos, y empecé a notar más todavía la fatiga acumulada. Mucha carrera por delante y las energías agotándose demasiado rápido. Cabeza fría, me decía a mí mismo.





Con unos 4.5km en las piernas encarábamos la subida al punto más alto del recorrido y una de las de más dureza del circuito. Había conseguido acercarme un poco a Sera, pero en este punto, de nuevo, lo vi alejarse sin que él demostrara ningún síntoma de fatiga. La subida no era muy larga, pero nos obligaba a caminar a casi todos en mi zona del pelotón, a ritmo tan lento que no costaba echar una foto a mitad de camino.




En el final de la subida, una de las primeras mujeres se detenía a vomitar, descompuesta. Parece que se recompuso rápidamente (acabaría subiendo al podio sin problema, después) y la dejamos, estando seguros ya de que estaba bien. Mis piernas acusaban el esfuerzo de la subida y en la bajada, uno de los pocos tramos técnicos y difíciles del circuito, me obligaban a bajar lento e inseguro.

Se repetía la eterna historia de mis carreras de monte. En las bajadas tocaba, otra vez, perder puestos y ver cómo era adelantado una y otra vez. Lo acepté deportivamente, pues no había nada que hacer. Estaba cansado y no era posible lanzarse ni pelear posiciones en la bajada. Poco a poco, con calma, dejamos atrás la parte difícil (en condiciones físicas aceptables no lo sería tanto, en realidad) y pudimos correr con comodidad allá por el km 6.

Sobre el km 7 un desvío que casi ninguno vimos casi nos lleva por el camino equivocado, pero un corredor que iba a nuestro ritmo comentó que había entrenado el circuito la semana pasada y que el camino que habíamos elegido 10m antes no era el correcto. Unos vecinos, a lo lejos, nos confirmaron que poco antes debíamos desviarnos a la derecha. No habíamos avanzado demasiado, por suerte, y rectificamos a tiempo, entrando en un tramo entretenido, estrecho, de barranco poco profundo, muy agradable de correr.



La larga bajada acababa sobre el km 9 y, mirando el Garmin y recordando el perfil de la carrera sabía que todavía teníamos bastantes metros de ascenso por delante. La carrera, a pesar de todo, me estaba gustando. No tenía un paisaje tan triste y desértico como recordaba y había tramos en los que era una gozada correr, muy entretenida en general. Lástima que las fuerzas estaban ya agotándose y no había energía para apretar durante 5-6 km más. El paisaje, al menos, ganaba atractivo, con algún camino estrecho entre pinos que permitía olvidar temporalmente la pájara.

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Alcanzaba momentáneamente a Sera y amigo, y cuesta abajo, después de un repecho, aceleraba pensando que podría subir el ritmo cuesta abajo, pero ahí, en ese punto, tuve claro, con un 100% de certeza, que las reservas de energía se agotaban. No podía acelerar ni en bajada cómoda y terreno plano, y todavía había subidas por delante.

Tocaba aflojar la marcha y ver, otra vez, como me adelantaban corredores sin que pudiera seguirles. Del km 12 al 13 deshacíamos, subiendo, lo que habíamos bajado del km 5.5 al 6.5. Sin ser una subida nada dura, mis piernas protestaban como nunca y me movían cada vez más lento, pero, al menos, saber que aquella era la última cuesta me animaba.

A partir del km 13 tocaba bajar casi sin freno hacia la meta. Los primeros metros volvían a ser en terreno algo técnico y de nuevo tocaba frenar más de lo que habría querido y perder posiciones, pero una vez superado el inicio de la bajada volvíamos a correr con comodidad. Camino estrecho y embarrancando de nuevo, volviéndome a hacer olvidar el recuerdo equivocado de carrera fea que tenía del 2014, y unos 700m después volvíamos al camino inicial, al km 3 del recorrido, ya sin dificultad hacia la meta.



Había compartido muchos metros, tira y afloja, con la que parecía que iba a ser la 3ª o 4ª mujer, una corredora del Km a Km Elche, y en ese punto, pisando ya de nuevo el camino de cemento pulido hacia la recta final, nos lanzamos en un sano pique hacia la meta que gané no por muchos metros.

Paré el reloj en 1:44:24, 107 de 284 en la gral. 42 de 89 en mi categoría, habiendo grabado unos 16km de recorrido y acumulando unos 560m de ascenso. No estaba mal, para mi estado físico de aquella mañana.





Tocaba recuperar fuerzas en el gran avituallamiento final, una de las características que hacía famosa a la carrera junto a su bolsa del corredor. Nos habían dado un porta dorsales y un vaso plegable al recoger el dorsal y la camiseta. Al acabar, teníamos tanto producto en las manos que casi no podíamos cargar con todo. Dulce, jamón cortado, zumos, comida... Además, había paella para todos y bebidas. Mientras comentaba la carrera con Serafín y Cristina, tenía claro que había que volver a correr Xosses. Con más descanso, solo con tener fuerzas para hacer mejor varias bajadas en las que me frené por cansancio, bajar la hora cuarenta era más que posible. Además, como había ido descubriendo durante la carrera, mi recuerdo de aquel circuito era equivocado y no era, en absoluto, la carrera fea y aburrida que recordaba del 2014. Se notaba el buen hacer del club organizador ¡Volveré!





Casi sin descanso desde esta última carrera ya toca pensar en las siguientes, pues se juntan en dos semanas tres carreras que prometen ser divertidas. Por un lado, el 25 y 26, la nocturna de Orihuela y la San Silvestre Monovera, cortas, explosivas y, ambas, con cuestas interesantes. Y para acabar el año, San Silvestre Vallecana y fin de carreras de asfalto, con permiso de las medias de Sta. Pola y Alicante y tal vez Giménez Ganga en Sax, y a pensar en el gran reto del 2022, mi primer maratón de montaña en mayo en Confrides.

Os voy contando cómo va todo en próximas publicaciones del blog.
Cuidaos.

Comentarios

  1. Me alegro de que te gustará Xosses, es una carrera por y para el corredor. Y después de la burrada del miércoles, mi máxima felicitación!

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    1. Gracias Gal, estuvo muy bien. Incluso notándome cansado la disfruté y me gustó. Habrá una tercera participación para correrla a tope. Lo del miércoles...estaba motivado y no quería dejar pasar el momento, es un entrenamiento durísimo (a mí me lo parece) y de los que curte, así que lo hice sin pensar mucho en que el sábado todavía estaría pagando un poco el esfuerzo. Como digo... me daba igual que fuera carrera, iba en modo entrenamiento con el plus del dorsal, para forzar un poco más, y al final no se dio tan mal. Yo, con pasarlo bien como lo estoy pasando últimamente corriendo, contento :) y con ganas de volver a coincidir :)

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