JEAN BOUIN 2021


Cinco años después de mi última visita a la Ciudad Condal, el pasado fin de semana tocaba volver a correr por Barcelona, esta vez muchos menos km que aquel maratón del 2016, para tachar de la lista de carreras pendientes una clásica catalana como la Jean Bouin, que este año acumula ya en su historial 98 ediciones.

No llegaba con mucha confianza. Poco entrenamiento de asfalto, menos todavía específico de velocidad y una jornada de turismo el día anterior con mi hermana y mi cuñado por Besalú y Girona que habían desgastado un poco las piernas y acumulado energía (y peso, seguro) gracias a la gastronomía local. Entre esto y el poco rodaje compitiendo en asfalto, a saber de qué sería capaz en la fría mañana del domingo catalán que nos encontramos el día de la carrera.

Los ánimos no eran los más adecuados para correr, pero los recuerdos maratonianos y el ambiente previo a la carrera revivían al más pesimista. Calles llenas de corredores, las mismas torres venecianas y fuente de Montjuic que fueron y son escenario de la salida y meta del maratón... No hacía falta mucho más para recuperar motivación y, fuera cual fuera el resultado, echarse animado a correr por el circuito de la Jean Bouin que, como en el resto de carreras de Cataluña, estaba analizado magistralmente por David de Blog Maldito y que, como en mi maratón del 2016, estudié detenidamente en su blog antes del día de la prueba.

Sobre el papel, recorrido favorable para ir rápido si se tenía sangre fría y se reservaba algo de energías para unos últimos 3km que podían atragantarse bien si salíamos demasiado rápido. Varios tramos en común con el maratón y un final que iba a ser interesante, comparando esa subida por el Paral·lel aquella mañana, en un 10k, con lo que encontrábamos en el 2016 en ese punto, con 40km en las piernas ya.



Barcelona amanecía despejada y muy fría, como pocas carreras que recuerde. Empezar a correr tan pronto como lo hace la Jean Bouin, a las 8:30, no ayudaba a mejorar la sensación de frío y humedad y lo terriblemente molesto que era tener que quitarse capas de tela una vez dejada la mochila en el magníficamente bien gestionado guardarropa de la carrera.

Tocaba correr con malla larga, térmica corta como primera capa, cubre brazos, braga al cuello... No sentí que fuera a sobrar ni una sola prenda esa helada mañana y el escaso calentamiento hasta que comenzó la prueba tampoco ayudó a mejorar la sensación térmica. Un par de fotos y a la salida, a refugiarnos en el calor del pelotón.



¿No había cajones, según el dorsal? En teoría sí, pero en la práctica no había control de ningún tipo y todos podíamos entrar en el grupo que nos viniera en gana. Cuando me di cuenta de que podía estar más adelantado ya fue tarde y al darse la salida me tocó buscar mi lugar en la carrera a trompicones durante los primeros mil metros, con constantes acelerones y frenazos para poder empezar a correr con comodidad pasado el primer km.

Habíamos dejado atrás un callejeo breve y cómodo cuesta abajo que, entre los giros y la cantidad de corredores que había, no permitió pasar el primer mil en menos de 4:26.

Lo di por bueno. Mejor no salir demasiado rápido como suele ser mi mala costumbre. Una vez pasado el primer km nos quedábamos en la Gran Vía de las Cortes Catalanas, tramo largo y cómodo que no dejaríamos hasta después de 3km. En el 2016 pasábamos por allí con unos 8km en las piernas y había más público. En esta ocasión, el horario y el frío no invitaban a salir a la calle a animar, pero tener cortada Barcelona para correr y estar de nuevo echando km por sus calles era una gozada y motivación suficiente para mí.

Ese largo tramo ondulado, que acababa en ligera subida pasados los cruces con la Rambla y Paseo de Gracia cerca del km 3, me permitió pasar muy rápido toda la Gran Vía. 4:18 y 4:20 en los 2km que recorríamos por allí y sensación de que las piernas iban solas. ¿Mira que si hacía sin pretenderlo una buena carrera allí? Borré rápidamente de mi cabeza pensamientos triunfalistas tan pronto. El 10k es una distancia muy jodida y el segundo 5000 puede ser mortal llegando pasado de vueltas así que... cabeza fría y a seguir, me dije.

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Disfrutando del circuito, de las vistas, aunque pretendía no acelerar demasiado, las piernas seguían cogiendo velocidad solas sin yo pretenderlo, y el final del recorrido por Gran Vía llegaba en la plaza de Tetuán y nos dejaba callejeando un poco, sobre el km 4, cerca de la separación de las 2 carreras, el 5 y el 10k. Garmin avisaba otra vez de otro km más completado a un ritmo más rápido que ninguno anterior, 4:12. ¿La estaba liando? Tal vez, pero... ¡qué bien me encontraba!

Callejeo corto y al separarnos de la carrera del 5k salíamos al paseo de Lluís Companys viendo la meta del 5000 en sentido contrario pasando por el arco del triunfo (de nuevo, recuerdos maratonianos del km 36) y otra vez el Garmin indicando que estaba corriendo muy rápido. El 5º mil pasaba en 4:20 y acumulaba en mi reloj 21:38. Mientras dejaba atrás el paseo de Picasso empezaba a fantasear con el sub. 44, cuando en ningún momento antes de la carrera pensaba ni siquiera en bajar de 46'. ¿Sería posible?



Alcanzábamos el punto más bajo de la carrera allá por el km 6, ya en la costa, y llegaban metros llanos y en breve tocaba afrontar la recuperación de todo el desnivel perdido hasta el momento. Garmin volvía a marcar un km bastante rápido, 4:21. Había ganado segundos, como avisaba BlogMaldito, de cara a la más que previsible dura y lenta subida desde el Paral·lel a la meta, pero ¿tenía fuerzas de reserva para no dejarme demasiado tiempo en el ascenso?

Bajé el ritmo por el paseo de Colón, recordando de nuevo mi paso maratoniano por allí 5 años atrás, y dejando atrás el monumento al navegante genovés en el km 7, con el reloj marcando 4:32 en el último punto kilométrico, llegué al temido Paral·lel.

El tramo inicial no me pareció tan duro como en el 2016, algo compresible pues no es lo mismo estar ahí con 7km en las piernas que afrontar la subida con los 40km que se lleva en las patas en ese punto del maratón. Subí rápido y al llegar el desvío que nos sacaba del Paral·lel a las calles colindantes agradecí el respiro que daba el desnivel, bajando ligeramente la pendiente, habiendo dejado el km8 pocos metros atrás, en 4:29. 


Arañé segundos aprovechando el tramo "cómodo", recordando el texto de BlogMaldito. "Cuidado con el final Tamarit / Lleida / María Montessori", y seguramente me pasé de aceleración, pues el km 9 pitó en el reloj en 4:20.

No mentía el blog de referencia de carreras catalanas. La llegada a la calle Tamarit nos ponía en nuestro sitio. El desnivel perdido desde el comienzo de la carrera debía recuperarse en algún momento, y ahí estaba. El corazón salía por la boca, latiendo desbocado, el ritmo caía en picado hacia los 4:40/km y solo los ánimos del público en este último tramo del circuito y bajarme los manguitos para perder un poco de temperatura ayudaban a medio sobrevivir. Lleida y Montessori fueron tan duras como prometía BlogMaldito y dejaron claro que no iba a quedarme cerca del sub. 44, pero sí que iba a ser posible, gracias a un último tramo favorable en suave bajada hacia la calle de salida/meta, Rius i Taulet, acabar cerca de 44:30.




Me valía. Ya era todo un éxito bajar de 46. No digamos de 45. Hacerlo holgadamente, triunfo total. Así, con estos ánimos, un último acelerón, ya con el arco de meta a la vista y la calle llena de gente, y conseguía parar el reloj en unos inesperados 44:31 reales, 46:55 oficial, 862 de 5339, 297 de 1134 en mi categoría, 812 de 3876 hombres.

Me juntaba en la meta con mi cuñado, que había llegado minutos antes firmando casi sub.40' y poco después con mi hermana, que arañaba de nuevo tiempo al sub.50'. Todos contentos.





Por mi parte, más que satisfecho. Sin pensar en marcas, sin entrenamiento asfaltero ni específico de velocidad, salen marcas y ritmos que salían también hace 4-5 años cuando sí que me proponía buscar marcas y vivía eslavizado por el Garmin y ritmos y la madre que los trajo. Disfruto muchísimo más ahora y las marcas, siendo más viejo (aceptémoslo, es así) son las mismas, sin pensar en ganar 1' más o menos o subir o bajar la marca que sea en tal o cual distancia. Si a todo esto le añado lo muchísimo que disfruto en mi redescubrimiento montañero, no puedo pedir nada más. Que dure.




Ahora toca pensar en la agenda de carreras, en lo que está por venir a corto plazo. Cross de Guardamar mañana día 6, clasicazo alicantino que comparto de nuevo con mi amigo Ramón, Xosses de Crevillent el día 11, "venganza", espero, de mi participación en 2013, tal vez 11k de Aspe el 19, doblete navideño en el Cross Nocturno de Orihuela el 25 y la San Silvestre Monovera el 26 y fin de año en la mítica San Silvestre Navideña.

Sin haber acabado el año creo que el balance deportivo tiene que ser claramente positivo. Esperemos poder seguir así en el 2022.

Os cuento cómo va todo en la siguiente entrada del blog.

Cuidaos.

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