TRAVESÍA DE NAVIDAD PLAYA DEL POSTIGUET 2019



Al finalizar la última edición de la clásica Travesía de Navidad Playa del Postiguet se anunció que para el 2019 se abría un recorrido nuevo en la competición, doblando la distancia habitual de 1500m para llegar a los 3000. Como comenté entonces, esa sería la distancia elegida en la próxima edición y cuando se abrió el plazo de inscripciones no tardé en apuntarme, aunque la intensidad y frecuencia de mis entrenamientos acuáticos ha bajado muchísimo últimamente al no poder coincidir tanto como querría con mi club CN Aquatic Alicante. Aun así, me dije que 3000m nadando con cabeza, controlando el ritmo y reservándome para la segunda mitad de la travesía no debían suponer ningún problema y que, olvidándome, claro está, de acabar en la media o por encima de ella en la clasificación, completar los 3km del recorrido seguía estando a mi alcance a pesar de mi bajón de forma acuático.




Llegó el día de la competición, el pasado domingo, y Alicante amaneció espectacular. Día soleado, mar en calma, nada de viento... Visualicé la travesía imaginándome con brazadas limpias, deslizando al máximo gracias al mar casi plato y los beneficios del neopreno (no fui de los valientes que compitieron la versión 3km SIN traje). La semana había sido intensa en cuanto a entrenamientos de carrera y gimnasio (solo un día de natación, por desgracia) y llegaba algo cansado al fin de semana, pero con las vistas de la playa y el ambiente deportivo de la recogida de gorros y chip me vine arriba. Iba a darse bien, seguro, y lo iba a disfrutar.

Mi club volvía a colaborar con el Ayuntamiento en la organización, en la parte de entrega de bolsas, guardarropa, recogida de chips, montaje/desmontaje de vallado etc. y fue un gustazo saludarles mientras me hacía con todo lo necesario para la competición. Ya solo quedaba echarse al agua a calentar para ver cómo reaccionaba el cuerpo al mar después de tantos meses sin nadar en la playa.



Aunque fui previsor y me puse un gorro de neopreno debajo del oficial, la sensación de frío era intensa y dolorosa en la cara y cerca de los ojos. Los pies y las manos se acostumbraron rápidamente pero el dolor en las zonas descubiertas de la cabeza tardó en desaparecer. Por suerte, ya había aprendido de otras travesías invernales y sabía que aquello pasaría y que el corazón, latiendo a pulsaciones altísimas por el cambio de temperatura inicial, volvería a su ritmo habitual poco después. Mejor pasar todas estas sensaciones desagradables durante el calentamiento que no en el arranque de la competición por no haber calentado.

Después de atender a Elu explicando el recorrido y tenerlo más o menos claro, la competición arrancó primero para los nadadores del 3000. El circuito no tenía mucha complicación, o eso pensé. Nadaríamos en perpendicular a la playa hasta la primera boya y desde ahí recorreríamos un rectángulo en el sentido de las agujas del reloj. Conociendo mis limitaciones físicas en esta edición, salí atrasado pensando primero en no llevarme demasiados golpes y, además, creyendo que después podría ir remontando posiciones, algo que mentalmente sería de gran ayuda, sobre todo en los últimos metros.




Algo falló, en el arranque de la prueba. Salimos algo desviados y aunque la boya 1 quedó demasiado alejada a la derecha, gran parte del pelotón NO la rodeó dejándola a su izquierda, como yo suponía (la lógica y la experiencia así me lo decían) que debía hacerse. En su lugar, se dirigieron hacia la segunda, mientras yo me cruzaba con muchos nadadores que tomaban el recorrido que, a mi parecer, era incorrecto. Viendo que no era el único que corregía la trayectoria y se dirigía a la primera boya me dije que mi decisión era la correcta, seguir el trazado ¿oficial?, aunque eso supusiera perder muchísimos puestos y alejarme demasiado del pelotón.

Aunque el sol todavía molestaba un poco y me impedía ver con claridad a lo lejos, nadé cómodo hacia la segunda boya, sintiendo que me acercaba un poco al grupo que casi perdí en el arranque. En el giro hacia la tercera el mar pareció agitarse un poco, pero una vez en la boya 3, iniciando el largo paralelo a la playa hacia el Hotel Meliá, pude nadar con fluidez y sin notar cansancio todavía.

No miré en ningún momento el reloj para conocer el ritmo. No quise agobiarme con tiempos ni marcas, pero mi sensación era de estar haciéndolo bastante bien en aquellos primeros metros. Por desgracia, 5 boyas para señalizar un rectángulo de 3km fueron insuficientes, al menos para mí, y en el tramo más largo del circuito me costó mucho seguir una línea recta y más de una vez tuve que parar buscando a lo lejos alguna referencia que me permitiera nadar sin desviarme hacia una boya que era difícil de ver.
Tuve la sensación de estar demasiado solo, en compañía únicamente de 3 chicas que parecían llevar un ritmo similar al mío y estar tan perdidas como yo en algunos puntos del recorrido, pero pensé que simplemente el grupo se separaba un poco en ese largo y que en los giros de las boyas nos encontraríamos todos de nuevo (me equivoqué : ( )

Al fin, a lo lejos, apareció la boya que indicaba el final del tramo más largo del circuito y el giro hacia la playa, previo al cambio de sentido y camino a la meta.
Intenté acelerar y tuve la impresión de que conseguía mantener el ritmo o incluso subirlo. La última boya volvió a parecerme algo difícil de encontrar y paré alguna vez a buscarla para no desviarme, pero una vez localizada ya nadé sin parar hasta el último giro, de nuevo en la boya roja inicial.

Aceleré todo lo que pude hasta que me pude poner en pie y miré hacia la orilla buscando el reloj oficial. Miré también por primera vez el Garmin y me sorprendí de la lentitud de mi travesía, pero me olvidé rápidamente de aquello al empezar a marearme mientras caminaba hacia la meta y paraba el reloj.



Allí estaba mi compañero de Aquatic Alicante José Quílez, gran nadador mejor persona, ayudando a los competidores que llegaban a quitarse el chip. Me resultó imposible deshacerme del chip y mantener el equilibrio al mismo tiempo, debido al mareo. Apoyado en el hombro de Jose dejé que me ayudara y me paré en una pila de palés, esperando que pasara el mareo que hacía que todo diera vueltas.

Mientras tanto, confirmaba con mi Garmin mi lamentable travesía. No solo no había nadado rápido en el primer 1500, si no que no había habido acelerón en el segundo y me había ido hundiendo poco a poco, bajando el ritmo y perdiendo posiciones. Empecé a 2'/100m aprox. y la cosa cayó hasta los 2:15 al final, aunque mi sensación no fue la de nadar tan tan flojo.



Paré el reloj oficial en 1:05:27, midiendo en el Garmin la distancia casi exacta, 3km (hice bien, por lo tanto, en seguir la boya nº1 al comienzo y no irme hacia la dos como hizo medio pelotón) Un ritmo medio de 2:10/100m era muchísimo peor de lo esperado, pero mi posición en la clasificación era todavía más lamentable. 7º por la cola, 148 de 157, último hombre de la competición de 3km (vale que no nadé rápido precisamente, pero... ¡vaya nivel había en la competición!) Diría que mi segunda PMM en natación, solo superada por aquel penúltimo puesto del Oceanman Tabarca - 2k que supuso mi estreno en competiciones en aguas abiertas allá por el 2016, si no me falla la memoria.

El exceso de entrenamiento de carrera esa semana, la paliza de gimnasio los últimos días, la falta de entrenamiento... sabía que llegaría flojo, pero no imaginaba que tanto.
Me lo tomé con deportividad, pues en realidad no había sufrido en ningún momento de la travesía. Lo había disfrutado muchísimo y esa hora y poco en el agua había pasado volando. Había que quedarse con eso, me dije, mientras disfrutaba del magnífico avituallamiento de la travesía, con bollos y chocolate caliente que ayudaron a que el mareo desapareciera por completo. Tocaría volver una edición más en el 2020 para tomarme la revancha.



Con la llegada de diciembre el calendario se llena de competiciones clásicas navideñas y no hay descanso. El domingo vuelvo a la San Silvestre Monovera y sus 5km plagados de cuestas y escalones, una gran carrera que redescubrí el año pasado y que es casi obligatoria para mí desde entonces. La próxima semana, Cross Nocturno de Orihuela y el 31 San Silvestre Ilicitana para acabar el año y Carrera de Año Nuevo en La Aparecida el día 1 para estrenar el año.

La natación queda definitivamente en un segundo plano hasta que cursos y trabajo permitan regularidad, pero la carrera se vuelve importante de nuevo ya que, aunque iré al a media de Santa Pola en enero (por gusto, a rodarla sin más pretensiones) mi objetivo a medio plazo es llegar lo mejor posible a la media de Alicante el 19 de abril. Me motiva muchísimo y me apetece más todavía volver a correr regularmente entre semana, participar en muchas carreras populares y tratar de afinar de una vez por todas la forma física, recuperando algo de velocidad y perdiendo un par de kg que vinieron para quedarse hace un año ya y que no hay forma de eliminar.

Os cuento cómo va todo en la próxima entrada del blog.
Gracias por estar ahí.

Saludos.

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