TRAVESÍA DE NAVIDAD PLAYA DEL POSTIGUET 2018



El pasado domingo tocaba repetir una de las travesías a nado clásicas de Alicante, la travesía de Navidad playa del Postiguet, que ya acumula más de veinticinco ediciones.
Las fechas, la tradición, estar tan cerca del centro de la ciudad... Algo debe tener esta travesía para que sea de las más concurridas de la provincia año tras año, superando siempre su récord de inscripciones, aunque no incluya una bolsa de nadador especialmente generosa ni haya obsequios renovados todos los años (juraría que el gorro es el mismo desde hace mucho tiempo). Supongo que cuando algo se organiza con cuidado y cariño, se ofrece a un precio ajustado y al terminar la helada travesía tienes chocolate caliente con bollos, comida y bebida en la meta y un ambiente festivo inmejorable, pasar una mañana de diciembre nadando en tu playa, pegado a casa, con tu club, tus amigos, es un planazo que no se puede dejar pasar.

Así amanecía en el Postiguet



Un año más, CN Aquatic Alicante, mi club de natación, participaba en la organización del evento aportando unos 15 voluntarios así que tocaba madrugar para echar una mano antes de nadar.
Nos hicimos cargo de la entrega de gorros y chips además del guardarropa y creo que hicimos un buen trabajo, salvo por un pequeño embotellamiento a la hora de recoger las mochilas de los nadadores antes de la salida que supimos arreglar en el último momento para que estuviera todo guardado antes de las 11, hora de la salida (el año que viene no sucederá, disculpad si sufristeis este problema)





Con la parte organizativa cumplida, tocaba calentar un poco y ver cómo respondía el cuerpo después de una semana de resfriado y reposo deportivo casi absoluto. El mar estaba en calma y una vez en el agua, entre el neopreno y el doble gorro, el frío no era tan intenso como había pensado. El Postiguet amanecía transparente aquella mañana y el mar parecía que permitiría orientarse sin problema durante la travesía, siguiendo un recorrido que, esta vez sí, a diferencia del año pasado, parecía bien marcado y medir los 1500m anunciados, señalizado por cuatro boyas.



Después de saludar a nadadores conocidos y echar unas fotos con los amigos del club y con mi hermana y mi cuñado me situé a mitad el pelotón de salida entre más de trescientas personas y me preparé para la más que previsible pelea durante el inicio de la travesía.




No me equivocaba y hasta el primer giro nadé como pude, dando y recibiendo manotazos y patadas con demasiada frecuencia. Me agobiaba un poco, pero al menos había calentado un poco antes de empezar y el corazón no se aceleró demasiado al haberse habituado al frío minutos antes de la competición.

Confiaba en que después de la segunda boya, nadando ya casi en paralelo a la costa en dirección a los hoteles, podría nadar con comodidad, pero seguía metido en un grupo bastante grande que no paraba de nadar en zigzag aunque con un mar tal calmado y la siguiente boya tan visible no debía ser difícil nadar en línea recta.

Hasta dejar atrás la tercera boya no pude dar brazadas con comodidad y desde ese momento intenté nadar más rápido que antes, teniendo la sensación de que había ido algo lento hasta aquel punto del recorrido. Me costó encontrar la siguiente boya y tuve la sensación de que me mareaba ligeramente, pero cuando la tuve a la vista resultó que estaba nadando en línea recta, sin desvíos. No tenía ni idea de mi ritmo ni de la distancia acumulada hasta el momento, ya que no prestaba atención al reloj, aunque debía avisarme cada 200m de la velocidad que llevaba.

El camino hacia la última boya me resultó algo pesado y los hombros empezaron a notarse cargados. Ya no tenía tantos nadadores a mi alrededor y tenía la sensación de haber sido adelantado demasiadas veces. ¿Estaría llegando en las últimas posiciones?

En el último giro, dejando la boya a mi izquierda y nadando ya en línea recta hacia la meta, tuve la impresión de que había ya muchos nadadores en la meta esperando. ¿Tanto había tardado?

Aceleré, con fuerzas para el esprint que me llevaría a la arena y solo cuando mi mano tocó el fondo me puse en pie. Algo sucedió en ese momento. Por primera vez desde que empecé a nadar hará algo más de dos años, me mareé al salir del agua. Intenté correr hacia el arco de meta, pero no pude. Todo me daba vueltas. Clavé la rodilla derecha en el suelo y ahí me quedé un buen rato, hasta que sentí que podía caminar los 20 o 30m que me separaban del final de la travesía sin caerme
El Garmin se había apagado y no tenía datos de tiempo ni distancia y cuando pisé la meta tampoco tenía fuerzas ni mi visión era clara todavía como para mirar el reloj oficial.

El mareo tardó en desaparecer, mientras me recuperaba con el chocolate caliente y los bollos del avituallamiento y comentaba la travesía con el resto del equipo y otros nadadores conocidos, como Pablo y Sara, que me comentó, igual que otros, que habían medido en sus GPS la distancia correcta,  1500m, tal vez 50 o 100m más.

Mi compañero de Aquatic J. Quílez, me comentó que había entrado en 24' justos y que él calculaba que yo habría llegado un par de minutos después. Solo quedaba echar un vistazo a las clasificaciones para ver cómo había ido realmente, pero no fue posible al haber problemas en la detección de algunos chips en la meta, incluido el mío.

No fue hasta el martes cuando por fin hubo clasificaciones completas y oficiales y pude comprobar lo bien que había nadado aquella mañana, teniendo en cuenta mi mala semana previa, enfermo, y el rato que estuve parado antes de cruzar la meta, a 20m del arco de llegada sin poder dar un paso.



Mi tiempo resultó ser 26:39, 119 de 306 nadadores, 27 de 64 en mi categoría, a un ritmo, si estaba medido como decían, de 1:43/100m aproximadamente. Una marca que me pareció muy buena y que me ha dado una inyección de moral de cara a los próximos retos acuáticos (más velocidad en los controles, nadar distancias superiores a los 5km...)

El resto del equipo terminaba también contento, consiguiendo trofeos más de uno/a y ya piensa en la próxima edición, que en el 2019 traerá como novedad la posibilidad de nadar 3000m en lugar de 1500 (tengo claro que me apuntaré a los 3km)





Por mi parte, solo pienso, por ahora, en las próximas competiciones. Este fin de semana coinciden dos carreras a las que tengo muchas ganas y, al ser en días distintos, me he apuntado a las dos, corriendo así sábado y domingo, algo que no hacía desde el 2016, creo.
El sábado participaré por tercer año consecutivo en la carrera de las tres vueltas del pavo en Los Torraos (Ceutí, Murcia) casi 8km que se están convirtiendo en costumbre en estas fechas todos los años, y el domingo volveré, después de no correrla desde el 2011, a la San Silvestre Monovera, 5.5km que recuerdo durillos, por alguna cuesta y por haberla corrido hace 7 años con un resfriado que casi me deja KO en la meta.

En estas últimas dos semanas, una por el constipado y esta última por haber dado prioridad a la natación, solo he entrenado carrera 3 días, así que no creo que ninguna de las dos pruebas del fin de semana vaya a ser especialmente rápida (todo lo contrario, en realidad)
Siguiendo con la mentalidad de estos últimos meses, el Garmin solo vendrá conmigo para registrar el recorrido y el tiempo, pero no como método de presión que guíe la carrera. A disfrutar de las dos pruebas y a preparar el cuerpo para las comilonas del lunes y el martes. No necesito más.

Os cuento cómo va todo en la próxima entrada del blog.
Disfrutad de las fiestas y de los vuestros.
Gracias por estar ahí.
Saludos. 

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