ALMÈDIA TRAIL 2023


La primera carrera del año me llevó el pasado día 21 de enero a Callosa d'en Sarrià, a la 6ª etapa del Circuito Trail de La Marina, después de un parón navideño que, además, vino acompañado de COVID (me perdí el Trail de Vallada del 23 de diciembre por el maldito virus y la fiebre) 10 días de reposo/aislamiento y mala dieta.

No pintaba bien la cosa, por lo tanto, de vuelta a la carrera después de mi último dorsal, el de la disfrutadísima Oltà, en mi primera visita a la localidad callosina. Carrera larga (para mí, una de 24km lo es), no muy buenas referencias de mi amigo Rafa sobre el terreno y el paisaje... Iba a ser duro, lo tenía claro.



Fiel a la costumbre de llegar a las carreras con un mínimo de una hora de antelación, no hubo problema para dejar el coche en uno de los aparcamientos que indicaba la organización en un correo con últimas instrucciones recibido hacía un par de días. Más frío de lo esperado, pero nada que no se solucionara corriendo 24.5km de monte con 1200m aproximadamente de desnivel. Recogida rápida del dorsal, saludo a Miguel "Big Mike Speaker" y al coche a preparar todo. Decidí no llevar muchas capas de ropa, no coger bastones (cómo los echaría de menos después...) y después de una última ojeada al paisaje montañoso que se veía desde el parking, a la plaza a prepararse para correr.

De nuevo, como ya parece ser habitual en el circuito, con la excepción hasta ahora de la carrera de Calpe, tuve la impresión de que éramos muy pocos participantes en la prueba larga. Con mi más que previsible lentitud y tan poca gente corriendo (intuí que no más de 150 personas), por poco que se estirara la prueba iba a tocar correr en solitario.

Me apunto de los primeros y me dan dorsales
entre el 1 y el 5. Mi posición final no tiene nada
que ver con el dorsal de élite... xD

Dejé los pensamientos negativos a un lado y cuando se dio la salida me propuse salir con calma y a ver cómo iban las piernas con dorsal después de tanto tiempo. ¿Salida calmada, yo, siendo como era con mucho asfalto cuesta abajo y asfaltado? Fallé a mis buenos propósitos en tan solo 300m. La carrera se lanzaba en bajada cómoda entre campos de cítricos y nísperos el primer km y medio y sin darme cuenta ya estaba a 4:30/km . Solo cuando me vi a 10m de María, de Triarios, a quien conocí en Oltà gracias a Curro (corredora top 5 en cualquier prueba del circuito, gral. o en categoría), fui consciente del exceso de velocidad y pisé un poco el freno. Se iniciaba una subida por asfalto, corrible durante 600-700m, que ayudaba a frenar, y que se volvía más inclinada e imposible de correr para mí poco después, ya cogiendo camino de montaña.

Mis pretensiones conservadoras se iban de nuevo a paseo al juntarme con Masanet, conocido por redes sociales y por coincidir en varias pruebas del circuito. Nos pusimos a comentar la carrera y planes futuros y se me fueron las piernas a su ritmo, muy superior al mío (el amigo entrenaba para Ultramediterránea Stages y se le dio de miedo), así que cuando vi que me ahogaba le dejé pasar indicándole que seguirle era un suicidio deportivo para mí.

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El recorrido hasta el momento era agradable. Pista estrecha, cómoda de andar o correr, zona más boscosa de lo esperado, terreno blando, pero no embarrado, por las lluvias de hacía 2-3 días... Pero, ya fuera por mis dos acelerones sin sentido o por el parón y falta de entrenamiento regular, con apenas 5km ya notaba que estaba muy lejos de ser mi día. Perdía puestos subiendo. Primero, lógicamente, pagando el acelerón, con la carrera poniéndome en mi sitio. Pero, después, cuando ya me habían adelantado los corredores que debían ir por delante de mí por culpa de mi ansia en la salida, las posiciones seguían cayendo contra participantes que sabía que había dejado atrás yo en otras pruebas del circuito. Si perdía puestos tan rápido y tan pronto y en mi terreno, la escalada... Mal íbamos a ir con solo media carrera en las patas y cuando tocara bajar, donde estaba claro que perdería más y más posiciones.


Por Peña Moia la subida inicial daba un respiro para dirigirse después al punto más alto del primer conjunto de subidas, allá por el km 8, Massatava, con un último repecho de 450m y casi 100m de subida que picó más de lo esperado. Avituallamiento, y larga bajada, con un par de repechos hasta el km8 y, después, bajada que dejé atrás más torpemente de lo habitual hasta el rio, por senda sin mucha dificultad técnica primero y pista de cemento en el tramo final.

A lo agradable de la zona, con mucha vegetación y cultivos de mandarina y níspero, se unía para animarme la llegada de otro avituallamiento, en el que no dudé en perder más tiempo de lo normal reponiendo bien líquido y energías. Retomé el camino con fuerza, por una pista en ligero ascenso primero, donde di caza a varios corredores, y más lentamente después cuando después de un giro cogíamos una larguísima y empinada carretera donde no había forma de que yo corriera. En ese punto ya nos había adelantado el primer corredor de la prueba corta que empezó media hora después que la nuestra y también nos adelantó el segundo, corriendo aquel costalón como si fuera una serie en pista de atletismo.



Girábamos hacia la parte situada más al este de la sierra de Almèdia y seguíamos sumando metros acumulados, con más de 200 en menos de 2km de recorrido, llegando al km 14. Una bajada cómoda por pista amplia y se iniciaba el tramo más complicado de la carrera. En otras circunstancias, más rodado, con un mínimo de forma, el km y medio que había por delante, subiendo unos 400m como mucho, lo habría superado sufriendo, sin que se resintiera la marca, pero aquella mañana cualquier tipo de ascenso a partir de aquel punto me vaciaba más de lo que habría esperado.




El repecho estrella de la carrera se iniciaba con la subida hasta el tubo que sirve de respiradero a la tubería de conexión entre las aguas del Algar y el embalse de Guadalest. Allí avituallábamos y se iniciaba un ascenso lastimero, lento y pedregoso hacia la cima. Daba gracias, para mis adentros, de estrenar circuito y no hacer el habitual, que habría subido la sierra cerca de Guadalest y bajaría por donde yo subía como podía, con 20km en las piernas, un terreno que en descenso debía ser un maldito infierno técnico.

Saqué fuerzas y ánimos no sé bien de dónde y empecé la subida fuerte, para no quedarme solo, acompañando a una pareja con la que compartíamos penas y sufrimiento, pero rápidamente me desfondé y me quedé atrás, aunque encontré rápidamente otro compañero de batalla en un corredor de Trail Running Alicante que no parecía llevarlo mucho mejor que yo.

Las vistas engañaban y lo que parecía el final del ascenso dejaba ver, según lo alcanzábamos, un último repecho más adelante, después de un corto tramo de llaneo algo técnico. En ese punto, casi en lo alto de Almèdia, era casi obligatorio bajar la marcha y levantar la cabeza. Aunque la sierra no era muy alta, dejaba ver alrededor un paisaje espectacular. Aitana, Bernia, Ponoig y Puig Campana, la costa al fondo... A pesar de lo duro y lento que se estaba haciendo el recorrido, no me parecía la carrera fea y técnica que esperaba encontrarme cuando arranqué aquella mañana.









Superada la cima, tocaba bajar por terreno técnico y algo escarpado primero y más corredero y agradable después, por una zona embarrancada hasta el avituallamiento de Onaer. Con unos 19km y todavía 5 por delante las energías estaban al límite, así que volví a tomarme con calma la reposición de líquidos y comida, confiando en recuperar bien para unos km que recordaba (equivocadamente) fáciles, sobre el mapa que estudié la noche anterior, por la cara este de Almèdia.

la cara, espejo del alma xD

Esperaba retomar la carrera en un descenso largo y cómodo, pero la realidad fue bien distinta. Hasta el km 20 y pico subíamos suavemente y me quedé casi sin fuerzas. Bajando, esperando al menos pasar el medio maratón en 3h, tropecé torpemente en terreno sin dificultad técnica, quedando claro que la fatiga no iba a marcharse y que debía extremar precauciones si no era capaz de salvar obstáculos nada peligrosos en otras circunstancias. Corrimos dirección al tubo, de nuevo, bebí en el avituallamiento y seguí bajando en solitario, ya por una pista amplia, sintiendo que seguramente estaba en las últimas posiciones de la carrera. Todavía tendría un par de sustos más, por mi flojera, en algún tramo nada complicado, por la poca fuerza de piernas levantando los pies menos de lo debido, y anduve en tramos donde cualquier otro día habría corrido.




Al fin, en el km 22, pisé asfalto (ya no había, en teoría, miedo a caer por tropiezos por flojera) y aceleré un poco, cuesta abajo, intentando completar los 2km que quedaba por delante lo más dignamente posible. Un poco de callejeo y al fin pisaba la moqueta que nos llevaba a la meta, pasando al final por el arco en 3:28:23, 10s antes en tiempo real, 96 de 155 (según la foto, porque en papel y en el listado éramos menos), 81 de 125 hombres, 39 de 54 veteranos. 

Recuperé sentado en la fuente de la plaza, exhausto, gracias a la bebida que nos daban y un bocadillo que entró como si hubiera tenido un agujero en el estómago hasta el momento, mientras asimilaba la paliza recibida y asumía la flojera de forma. Había mucho por mejorar y mucho trabajo por hacer, si quería llegar en condiciones a los retos de la temporada, para los que, mirando la parte buena, todavía hay tiempo para recomponerse, pues quedan lejos.



En cuanto a la carrera, solo por las malas sensaciones se merece una segunda visita en modo revancha. El paisaje y el terreno, en general, me gustaron. La subida a Almèdia, estando bien de fuerzas, sería de las que disfrutaría y en las que me vendría arriba, seguro, ganando puestos, y la bajada por la parte este de la sierra, por pocas fuerzas que quedaran, seguro que se podría correr muy bien. Tocaría volver, seguro, por el circuito y por lo bien que lo montaron los corredores de Callosa, con avituallamientos bien surtidos por todo el recorrido, un avituallamiento final de categoría y detalles como tener aseos portátiles en la misma salida / meta que son cosas que no son habituales en el Trail y que suman siempre.

La próxima parada sería en la 7ª etapa del circuito, en el Trail del Ponoig, que tampoco acabó de darse bien del todo, como os contaré en la crónica que está todavía en el horno. ¿Lo bueno? Que creo, por los últimos entrenamientos, que empiezo a mejorar un poco la tendencia y que (creo) que a partir de ahora va a ir mejor (poco a poco) todo.

Os lo cuento en la próxima entrada del blog.

Cuidaos.



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