TRAIL MONTE PONOIG 2024

 

Casi sin tiempo para recuperar después del palizón de Almèdia Trail, el siguiente fin de semana tocaba cubrir otra etapa más del circuito Trail de La Marina, la número siete, que me llevaba a la población más cercana a casa de todo el circuito, Polop. Allí me esperaba el Ponoig, montaña que no conocía muy bien, excepto por dos o tres tramos que coincidían con la edición que corrí del maratón de Costa Blanca Trails hace un par de años. En este Trail correría partes de aquella carrera y otros tramos que he entrenado alguna vez saliendo desde el Puig Campana, pero muchos de ellos en sentido contrario. La subida inicial, un durísimo ascenso desde Polop hasta Pouet, siempre la había hecho de bajada y me parecía larga y con una pendiente muy pronunciada. El tramo de vuelta, por Casa de Dios, al contrario que en la carrera, lo conocía de subida.




Mi ansia apuntándome el primero... dorsal de élite xD

En general, la carrera prometía ser atractiva, pero también muy dura, por esa subida que desde el inicio nos metería en apenas 5km unos 750m de ascenso acumulado. Además, todavía algo tocado física y moralmente del reventón callosino de la semana pasada, no había entrenado con la calidad y cantidad debidas, así que, de nuevo, era previsible un resultado no muy bueno.

Podría haberme tomado la carrera como entrenamiento, siendo consciente de todo lo malo que arrastraba antes de ponerme en la salida, pero pudo más el efecto dorsal. Además, compartía viaje de nuevo con Rafa así que, hablando antes de la carrera café en mano, disfrutando del ambiente previo a la salida, cuando aquello arrancó ya estaba estúpidamente motivado y lanzado de cabeza al predecible descalabro y desastre deportivo.





Empezábamos a subir sin prisa ni excesiva pendiente, pero sin dejar de ganar metros poco a poco, nada más empezar. Callejeo por asfalto hacia el helipuerto y a calentar piernas hacia arriba sin pausa. Compartí los primeros metros con Rafa, pero su increíble nivel de forma hizo que decidiera situarme detrás de él para ver cómo se alejaba cuesta arriba como un rayo, olvidándome de seguirle e intuyendo (me equivoqué por poco) que estaba para sacarme un mínimo de 20' en aquel recorrido.

Los primeros 2km troté sin mucha dificultad cuesta arriba, cómodo con mis sensaciones, por la buena temperatura, animado por conocer el barranc de la canal en sentido ascendente. A 500 metros del helipuerto la pendiente se endureció y el ritmo bajó hasta hacerme caminar. Una última rampa de asfalto, inclinadísima, terminaba de aclimatarnos para llegar al helipuerto y ya meternos en la montaña subiendo el barranco.

Como imaginaba, si el barranco se bajaba a toda velocidad cuesta abajo, como ya conocía, subirlo era duro. Al no haber pasado por allí hacía tiempo me distraje con el paisaje y disfrutando el recorrido más de lo que habría esperado, con el cambio de sentido dándome una nueva visión de aquel tramo. Aunque muy inclinado, el terreno no era nada técnico y se prestaba a subir con relativa rapidez, a pesar de la elevada pendiente. Además, a diferencia de Almèdia, solo pensando en aquella subida y en mi previsible flojera, había cogido bastones para liberar un poco de carga a las patas.

Una asociación de Polop subió a un montón de chavales
a animar en el barranc de la canal.
Algo que se agradecía, a pesar de mi cara...

El ascenso terminó sin pesar mucho psicológicamente y con las piernas no tan mal como podría haber esperado por los resultados de la carrera del pasado domingo y las malas sensaciones en los pocos entrenamientos que hubo después. Salíamos del barranco por el collado del cigarrí y tocaba llanear un poco por senda algo pedregosa a veces, pero corrible sin problema siempre. Las patas protestaban por el cambio de terreno y ritmo, después de haberle metido 750m de subida en menos de 5km, pero las vistas ayudaban a llevarlo mejor. Delante, el imponente Puig Campana y la vista clara y despejada de su cara este, con el camino de font de Solsida bien claro desde lo alto. A la izquierda, la costa de Benidorm. A la derecha, el Ponoig, cuya cima no llegaríamos a subir como sí se había hecho en otras ediciones, según escuché, antes de ser este año por primera vez prueba del circuito.





¡Qué vistas!

El terreno ayudaba a recomponerse un poco, según avanzábamos y perdíamos altura camino al primer avituallamiento en coll del Pouet, sitio clásico de avituallamientos tanto en Costa Blanca Trails como en la carrera de las Faldas del Puig. Una vez allí, paré, bebí con calma y traté de plegar los palos, algo que me costó más tiempo de lo debido y que me hizo perder muchas posiciones, entre plegar bastones y ajustarlos al cinturón. Para terminar de rematar una pésima parada en boxes, al arrancar empecé a escuchar sonidos de teléfono y, de repente, ¿la voz de mi madre? "¡Ostras!" pensé, "no voy tan mal como para estar alucinando". El teléfono había decidido hacer rellamada y me tocaba pararme ¡otra vez! a cortar la llamada no sin antes aclarar a mi madre que todo estaba en orden y que estaba en mitad de carrera.

Retomé la marcha y bajé durante 800m con comodidad, pero dejándome todavía algún puesto más que se sumaba a los ya perdidos en el avituallamiento. Quién sabe, pensé, tal vez se podría recuperar en los metros de subida que todavía teníamos por delante.

Subiríamos unos 300m en los siguientes 2km, ida vuelta entre la zona embarrancada que dejaba el Ponoig a nuestra derecha y otra pequeña elevación que no supe identificar a nuestra izquierda.



Después, un largo tramo más técnico nos llevaría al collado de Sanxet, primero con suaves sube-baja y un descenso algo más rápido después hacia el camino que nos metería en el racó de Tovaines y sus impresionantes paredones. Aquello me sonaba, y no me equivocaba del todo, pues el pas del comptador quedaba cerca y estaba seguro de haber entrenado por la zona. De nuevo, las vistas hacían más llevadero el esfuerzo y un inesperado calor cuando nos quedábamos fuera de la ombría.

Corría casi en solitario, solo acompañado a veces por una corredora que confundí con la que me acompañó con su pareja en la peor subida de Almèdia, pero que ni siquiera había estado en la carrera, según me comentó. Gracias a los comentarios sobre la prueba nos fuimos dando ánimos y cuando el terreno permitió correr con rapidez pude ganar algo de velocidad, dejándola atrás, pensando ya en el segundo y último avituallamiento, en Casa de Dios, muy necesario por el calor y la fatiga que empezaba a notar con cierta preocupación ya en las patas.

No debí acordarme bien del recorrido y el perfil, pues confiaba en llegar corriendo a tope al avituallamiento y me encontré una última rampa, de unos 1000m, que volvió a frenarme. Sin tener claro si el avituallamiento estaba cerca o lejos caminé rápido, me quité la mochila y gasté mis reservas. Agua a tope, un par de dátiles, y a seguir. Como el resto de la bajada que creía que íbamos a tener por delante, sin subidas, no fuera como imaginaba, cómoda y corredera, me esperaban unos km finales muy jodidos.

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El avituallamiento apareció por fin en el horizonte, con músicos, comida, bebida y, lo mejor, por delante, la pista que ya conocía por haberla subido, sufriendo muchísimo normalmente, entrenando, pero en esa mañana, de bajada, hacia la zona del Castellet. Me dejé caer al principio y apreté después, aunque las plantas de los pies protestaban por la dureza de la pista de cemento y el calzado, nada apropiado para ese terreno y sí para la roca de los caminos del Ponoig.

Cuando ya imaginaba una bajada rápida por el camino que conocía, pasando por la zona de escalada, una pequeña rampa a la izquierda nos sacaba de la pista hacia la izquierda de la zona del Castellet, por un terreno que terminó de desgastarme hasta que enlazamos con el camino que conocía, pista amplia y cómoda, ya cerca del km 20. Sabiendo que, sin equivocarme ya, solo quedaba bajar con comodidad muchos metros, decidí acelerar un poco, tratando de pasar el medio maratón en menos de 3h, algo que no conseguí por poco, por la pérdida de tiempo en el primer avituallamiento, aunque me dije que sin aquel contratiempo habría entrado en sub. 3h fácilmente, aunque de nuevo no tan holgado como querría (¿volveré al 2:45-50?)

Callejeamos por Polop y antes del km 22 entramos en una zona embarrancada con vegetación espesa a ambos lados del camino en la que perdí la pista de alguna baliza y casi me salgo del recorrido. Me alcanzó mi compañera de carrera, a la que no veía desde Tovaines, y juntos localizamos la dirección correcta. La carrera bajaba muchos metros por una senda verde y húmeda con la que no contaba, muy agradable para correr, pero que dejaba muy arriba, muy alto, el casco urbano. Tanta bajada... verías tú para salir del barranco, me dije y compartí con mi compañera de fatigas esa mañana.



No me equivocaba. Adelanté a Seve y Eva, que participaban en la versión corta del Trail, bajando como podía los últimos escalones naturales del camino, con las piernas ya protestando como nunca, y la sorpresa final apareció en el recorrido. Una cuesta impresionante, corta, pero con pendiente infernal a aquellas alturas de la carrera, nos sacaba del barranco. Primero por camino de tierra y después por unas escaleras que nos dejaban al borde del infarto. ¿Terminaba ahí la cosa? En absoluto. El camino de asfalto que nos metía en el pueblo era tanto o más inclinado que lo que dejábamos atrás.

Por suerte, era el último repecho y en un giro a izquierda la pendiente se suavizaba y ya era posible trotar, algo que hice más por ganas de terminar que por tener fuerzas de sobra para hacerlo. Todavía habría un tramo de escaleras más por delante, las que nos subirían a la plaza de la meta después de pasar por la plaza de los chorros. Ahí, por fin, se acababa la carrera y paraba el reloj en 3:21:38, 5 segundos menos en tiempo real, 97 de 144 en la general, 80 de 112 hombres y 36 de 47 en mi categoría.



De nuevo, posición mucho más atrasada para lo que creo que valgo, pero, a diferencia de Almèdia, diría que acabé más entero físicamente, aunque moralmente sí que salí tocado. Había recibido los ánimos de Ángel Romero de "Correr para vivir mejor" en la meta, también pude saludar a un crack de las carreras verticales como Ángel López Amor y me reuní con Rafa, que entraba, incluso con molestias musculares, 20' antes que yo. Intentaba luchar contra los pensamientos negativos, pero no había manera.

Recogí el bocadillo, la bebida y ni siquiera me senté a recuperar allí en la plaza. Solo quería marcharme y mandar a paseo todos y cada uno de los grandes retos de la temporada.



Por suerte, me recompuse después, sabiendo que hay meses por delante antes de afrontar el primero de ellos y que con un mínimo de continuidad y regularidad en los entrenamientos había pelea todavía (esta semana ha sido buena, por fin, entrenando)

Ya con calma en casa, tocaba analizar fríamente todo y aceptar el resultado como parte del entreno, valorar muy bien, como se merece, una carrera tan bien montada a la que pienso volver, sin duda, y volver a la faena, pues al finde de reposo dorsalero le sigue otro, de nuevo, del circuito, Ocaive Pedreguer, y a la siguiente semana, una más, la 9ª, en Gegant de Pedra - Ondara, que creo que me voy a tomar en modo entrenamiento, para no reventarme y poder entrenar bien entre semana, pensando ya en objetivos grandes de aquí a 3 meses.

Como siempre, os cuento cómo va todo en la próxima entrada del blog.

Cuidaos.



Comentarios

  1. Como .emolan tus crónicas. Después de Navidad y la paliza de Callosa, me parece muy buen resultado

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    Respuestas
    1. Gracias Gal :-) Me suelo pasar con el nivel de autocrítica jaja pero creo que para esta carrera no era complicado bajar holgadamente de las 3h, rondando 2:50 sin problema, para mí, por poco que me pillara rodado. Sea como sea... todo suma. Seguimossssssss

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