Peñarrubia Lorca Trail 17km 2023


No entraba en mis planes, adelantar el estreno montañero de la temporada al pasado domingo día 10, pero las redes sociales de Peñarrubia Lorca Trail anunciaron la semana anterior a la prueba que se ampliaba el periodo de inscripción y me apeteció volver a correr por Murcia. Tengo buen recuerdo de las carreras de asfalto murcianas, pero no conocía nada de sus montes ni había corrido ningún Trail allí. Sigo hace algún tiempo carreras de la zona que espero correr algún día (Siyasa, Barbudo, Falco Trail, La Vara...) y esta también estaba en la lista de pendientes así que, teniendo el domingo libre y sin problemas de tiempo para ir y volver a Lorca (más lejos de lo que calculé inicialmente, gracias a mi habitual despiste), me planté el domingo allí a comprobar si el parón veraniego se iba a dejar sentir en montaña tanto como lo había hecho recientemente en asfalto en Sta. Pola en la carrera del amanecer.




Media hora antes de mi carrera, de 17km, empezaba la versión larga del Trail, de unos 26km, por lo que tal vez llegar con una hora de antelación no era suficiente para aparcar cerca, pensé, pero la situación de la salida, en un colegio a las afueras, y la amplitud de los aparcamientos cercanos hicieron que pudiera dejar el coche a escasos 5' de la zona de entrega de dorsales.

El día amanecía fresco y ligeramente ventoso, favorable para correr sin los agobios del verano que ya casi despedimos. Aun así, tenía muy presente la mala experiencia de mi última carrera, por correr como si hubiera entrenado velocidad toda la vida y no hubiera bajado la intensidad y calidad de los entrenamientos en agosto. No iba a cometer el mismo error. La carrera lorquina iba a ser un entrenamiento, sin más. El espíritu competitivo, si las fuerzas lo permitían, lo dejaría para el último cuarto de carrera.

Mientras daba una vuelta por la salida, después de recoger el dorsal y la bolsa del corredor, las vistas no parecían las de una carrera de montaña como la que esperaba encontrarme. Monte bajo, pocas cimas altas en el horizonte... ¿merecía la pena el madrugón y el viaje en coche? Pasado el control de acceso, donde revisaban que lleváramos manta térmica y móvil cargado, vi que la participación tampoco era muy alta. Algo más de 200 personas para la prueba que arrancaba a las 8:30 y menos de 100, por lo que vi en el listado, en la carrera larga que ya había empezado hacía media hora. A ver si tan poca participación tenía un motivo que desconocía, me dije.

La carrera se inició puntualmente y salí situado a mitad del pelotón. Iba a ser conservador, pero tampoco quería quedarme demasiado atrasado y que algún tapón del circuito me hiciera perder mucho tiempo.

Acerté, pues nada más dejar el tramo corto de asfalto inicial, una bajada al camino de tierra que nos llevaría a pasar bajo la autovía ya formaba el primer atasco. Superado, cruzábamos la autovía por un túnel fabricado con un tubo de relieve ondulado que impedía correr con comodidad. De bajada pasaríamos por allí y habría que llevar cuidado, me anoté mentalmente.

Todavía tendríamos 300m más de camino imposible de correr, por empinado y estrecho, y por la acumulación de corredores, subiendo a la zona del club hípico. Cuando empezaba a desesperarme por ir tan pronto en fila de uno y casi caminando, cogíamos al fin un camino largo, de algo más de km y medio, en dirección al castillo de Lorca. Ahí, por fin, empecé a trotar y mi primera impresión sobre la zona cambió. Aquello recordaba al Trail de Xosses de Crevillent, por el tipo de pista amplia y por el paisaje. Excepto en un par de repechos cortos y bastante empinados, toda esa subida la pude correr a trote suave. Las piernas no iban mal y el cuerpo se acostumbraba rápidamente al esfuerzo y ritmo que había cogido. No eran malas sensaciones, para empezar.

Un pequeño tramo de bajada nos dejaba cerca del aparcamiento exterior del castillo y nos encaminaba hacia el interior de la fortaleza medieval. Mucho asfalto ondulado, de repente, mucho sube baja atravesando sus murallas y jardines. Daba gusto correr por allí, pero ¿dónde quedaba la carrera de montaña "de verdad"?





El recorrido por el castillo sumaba km y medio a la carrera y al dejarlo atrás llegábamos al primer avituallamiento, con unos 5km en las piernas, un buen momento para el primer auto análisis. Bien de fuerzas, sensación de que los km habían pasado rápidos, posición en carrera mantenida o incluso escalando algún puesto... Tocaba beber agua rápidamente y seguir.

Un pequeño repecho impedía ver cómo avanzaba la carrera, pero una vez superado, ahí estaba la prueba de montaña que se esperaba, la subida más larga del recorrido. Sobre el km 6 ya teníamos una vista despejada y clara del ascenso principal de la carrera, unos 2km con la pendiente media rozando el 18-19% y máximos que pasaban el 30%. La fila de corredores que ascendían lentamente por la ladera de la sierra de Peñarrubia permitía hacerse una idea, desde abajo, de lo que teníamos por delante. Podría haberme llevado bastones, pero esta temporada me he dicho que debo hacer piernas y que, sin la carrera no supera el medio maratón y un desnivel de más de 1000m, voy a forzarme a no usarlos.

Subiendo los eché de menos y me dije que tal vez aquello iba a pasarme factura más tarde en forma de pájara. El ascenso daba tres o cuatro respiros en forma de pequeños y cortos llanos antes de llegar al punto más alto de la carrera, donde un pequeño tramo de bajada nos llevaba al segundo avituallamiento en la Senda de la Ramblica. De nuevo, tocaba revisar el estado de patas y cabeza.

Había ganado puestos, o eso me parecía, pero tal vez iba más cansado de lo esperado para tan solo 9km. Teniendo unos 4km de descenso por delante, podría pensarse que era fácil recuperar fuerzas de bajada, pero mi corta experiencia montañera ya me permitía saber que una bajada larga podía ser tan dura o peor que la subida que dejaba atrás.

Arranqué con calma y rápidamente me vi superado por el grupo con el que había ido hasta ese momento, liderado por una joven corredora a la que aguantaba el ritmo subiendo pero que en cualquier bajada nos superaba sin problema a todos. En el inicio de la bajada esta chica se perdió rápidamente por delante de nosotros y hubo que aceptar deportivamente la superioridad de la joven y animarla, pues adivinábamos que tenía el podio a tiro.


Desde ese momento, la historia de mi corta vida montañera se repetía. El primer km de bajada era lo suficientemente inclinado y técnico para mí como para tener que reducir muchísimo la marcha, bajar lento y ceder el paso constantemente a muchos corredores. Todo lo ganado en la subida, un terreno en el que creo que no me muevo mal del todo, se perdía rápidamente bajando.

Casi en el km 10, a la altura del mirador del Cejo, nos encontrábamos un tramo muy corrible y con perfil descendente muy suave. Traté de ganar posiciones, pero las piernas protestaban un poco y sabía que todavía tenía por delante una bajada pronunciada y casi km y medio por recorrer hasta terminar el descenso.

Me animé contemplando el paisaje, disfrutando los caminos estrechos y los pasos por pequeños arcos con barandillas que encontrábamos a nuestro paso, viendo que la carrera mejoraba mucho respecto a los dos primeros km y que sí que merecía la pena ir hasta allí. No era en absoluto la carrera fea que aparentaba al empezar. Tampoco era tan fresca como parecía, pues en los tramos soleados el calor empezaba a dejarse sentir y quién sabe si tocaría usar gorra.

Con estos pensamientos dando vueltas en la cabeza, llegaba otro tramo de bajada pronunciada y tocaba perder más y más puestos. Con la carrera tan estirada ya, a saber en qué posición me había quedado y cuánto retraso acumulaba ya debido a mi torpeza descendedora.



Repitiéndome que aquello era un entrenamiento y que la marca y puesto daban igual, llegué al 3er avituallamiento, en el camino de Cachas Negras sobre el km 13, algo flojo de moral y fuerzas. Me tomé con calma la reposición de líquidos y algo de comida, sabiendo que allí mismo empezaba la última subida más o menos dura del circuito, cerca de km y medio hasta el mirador de las antenas subiendo más de 200m en total y acumulando con ellos casi el total de ascenso de la carrera, que llegaría a 930m

Para mi sorpresa, fue empezar a subir y las piernas resucitaron gracias al respiro que dio el parón del avituallamiento y la reposición de agua y calorías. Trepaba con rapidez y recuperaba puestos, entre mi aumento de velocidad y la flojera de algunos corredores en aquellos últimos km

La subida terminó sintiéndose más rápida de lo esperado y, aunque, de nuevo, en los primeros 700m del inicio del descenso volví a bajar lento, cuando en el km 14 el perfil se suavizó y el terreno no fue tan técnico me encontré con fuerzas y animado. Había regulado bien el esfuerzo, sin agobios, y tenía por delante algo más de 3km que sentía que podía correr a tope.

Otra vez, iba viendo cómo aparecían en el camino corredores que había perdido de vista hacía mucho rato, y tratando de ganar posiciones fui echando km desde que llegamos a la zona de la rambla del Pino.

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Superando objetivos a corto plazo, cercanos, que no eran otros que, en pique estúpido, superar grupos de corredores, fui acelerando por un camino que, de nuevo, recordaba en aquel tramo del circuito al de Xosses de Crevillent en su tramo final. Las piernas respondían, corría incluso en repechos suaves... No sabía nada de tiempos hasta el momento, así que miré el Garmin y vi que para unos 17km que iba a correr en total (medí 17.3), la cosa no se iba a ir más allá de las 2h:25 seguramente, algo que en un medio maratón tal vez me dejaría sobre las 3h, un tiempo más que digno para mis humildes aspiraciones montañeras.

Con la megafonía de meta escuchándose cada vez más cerca, llegué de nuevo al camino que nos dirigía hacia el paso bajo la autovía, por el túnel de piso ondulado y resbaladizo. Ya me habían comentado que de bajada aquello era peligroso (gracias, Lola, mi contacto local en redes sociales que me recomendó acertadamente la carrera) Bajé el ritmo, pasé el túnel con calma y aceleré a tope hacia la meta.


El camino de tierra acababa justo en el giro a la meta asfaltada, donde en pocos metros ya tocaba parar el reloj oficial y el Garmin (que avisaba de un sorprendente último ritmo medio a 4:30/km) y ver qué tal lo había hecho: 2:25:54, 2:26:01 oficial, 100 entre 220 llegados a meta, 39 de 78 de mi categoría, 92 de 179 hombres. Quedar en primera mitad de la tabla ya era premio más que suficiente, para ser la primera carrera de montaña de la temporada, haberla disfrutado tanto y haber sabido dosificar bien las fuerzas y mantener la calma en un par de momentos de flojera física.



Si, además, la prueba destinaba todo lo recaudado a la asociación organizadora APAT, habilitaba duchas que utilicé sin dudar y ofrecía un avituallamiento final que permitía reventar comiendo y bebiendo (me quedé más que saciado en la parte de cocas dulces y saladas y pan con panceta, sin estómago para más cuando todavía no habían terminado de hacerse las paellas...), estaba claro que el viaje y la carrera merecían la pena. Una prueba muy corrible y rápida para gente más experta y fuerte que yo, por si queréis anotarla en la lista de pendientes.

Además, después de muchos entrenamientos flojos las semanas anteriores, sintiéndome fuera de forma y muy lento y pesado, el resultado era una inyección de moral para empezar animado la temporada de carreras de montaña. No estaba tan mal, después de todo. Recuperando la frecuencia e intensidad de los entrenamientos previos al verano, quién sabe, igual la temporada puede ser, al menos, como la anterior.


De momento, un parón de montaña para acudir mañana a la carrera solidaria ruta 091 de la Policía Nacional, en Alicante, a lado de la que fue mi casa durante 14 años, la de mis padres. De sus versiones de 5 y 10km yo he escogido la más corta, al no sentirme ni de lejos en forma para un 10000 de asfalto. Tampoco es que me sienta mucho mejor para algo tan explosivo y corto como un 5000, pero me junto allí con mi hermana y cuñado y Rafa correrá el 10k y tal vez quiera seguir mi infra ritmo en el 5000 yendo juntos para luego darle una segunda vuelta al circuito (aunque creo que está para ir mucho más rápido que yo no solo una, sino dos vueltas)

La semana siguiente, tocará volver a la montaña y conocer el Trail Nocturno Faldes del Puig Campana, una prueba de 16km que llevo viendo en el calendario hace tiempo y que por fin me he animado a conocer, para hacer un recorrido que no es ninguno de mis habituales cuando voy a visitar el Puig entrenando.

Os cuento cómo va todo en la próxima entrada del blog.

Cuidaos.


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