15K NOCTURNA VALENCIA


Siempre que veo carreras populares en Valencia hay cuatro que me llaman la atención sobre las demás:
  • La reina, su maratón, la carrera en la que me estrené en el 2013 en esa distancia.
  • El medio maratón, corrido en el 2016.
  • 10000 de enero, carrera que ha visto mi 10k más rápido, el del 2017
  • y la 15kNocturna, pendiente hasta el pasado sábado, prueba de la que os hablo hoy.
Me inscribí muy animado cuando estuvieron disponibles las primeras plazas al precio más económico, pensando que,  además de tachar de la lista de pruebas pendientes la carrera que me faltaba para completar el póker de ases valenciano, volvía a compartir viaje y carrera con mi amigo Ramón, pero según se acercaba la fecha de los 15km imaginarme a las 22:30 de la noche corriendo, después de tanto tiempo sin dorsal (casi 3 meses desde la Pujada a la Font Roja), con muchísimo entrenamiento acuático y no tanto de asfalto, sin muchas o ninguna tirada larga en condiciones... No. No me veía completando aquello a buen ritmo.



La llegada a Valencia con Ramón fue rápida y se hizo muy amena, poniéndonos al día después de algún tiempo sin quedar. Recogimos la bolsa del corredor y echamos un vistazo a una feria mucho más modesta de lo que había imaginado y me olvidé un poco de la desgana con la que afrontaba la carrera.
El ánimo cayó un poco más cuando al llegar al alojamiento elegido vimos que tal vez no habíamos escogido la mejor opción, en plena Malvarrosa y perfectamente conectados con bares y zonas de copas, recibidos por despedidas de soltero/a y bandas de música que los animaban. Al menos estábamos a 10-15 minutos andando de la salida y quién sabe, igual al terminar unirse a la fiesta no era tan mala opción, aunque fuera tarde y estuviera (más que probable) reventado.

"Vivir sin dormir", se llamaba un local cercano a la habitación. ¿Premonitorio?

Hicimos algo de tiempo tomando algo ligero en un bar de la zona y a falta de una hora nos preparamos para la salida. De camino, la situación era curiosa, por definirlo de alguna manera. La mezcla de corredores y grupos de jóvenes (y no tan jóvenes) de fiesta o iniciándola, con vasos de litro en la calle cerca del puerto hizo que el camino a la salida fuera entretenido.
Una vez allí, tocaba calentar un poco. Trataba de no chafar la tarde/noche a Ramón con mi desgana, pero... es que calentando tampoco me notaba fino. Las piernas pesaban y me notaba muy lento. Me agobiaba y me venía a la cabeza la malísima primera mitad de la carrera de Alicante - Santa Pola. ¡Qué largo iba a ser aquello!




Una vez en el cajón, en medio de los corredores, con el ambiente de la salida, la música y el speaker dándolo todo empecé a animarme un poco. Tirada larga, sin más, me repetía. A vigilar el ritmo hasta el km 5 que según vi en el perfil era en constante falso llano ascendente, aprovechar una suave bajada hasta el 8-9 y ahí si el cuerpo iba bien aprovechar que, hasta la meta, siempre según el perfil anunciado, se bajaba de nuevo muy suavemente.



Ramón y yo nos animamos mutuamente segundos antes de echar a correr y cuando se escuchó la salida por megafonía algo cambió de repente en mi cabeza. Ya no había agobio y solo estaba pendiente de situarme bien en el pelotón, de no tropezar en unos primeros metros en los que no se corría con mucha fluidez y de ver cuál era mi ritmo aquella noche.



Entre los acelerones y frenazos del inicio y el pequeño atasco hasta que tomamos la curva hacia la avenida del puerto no tuve la sensación de ir muy rápido, así que miré con curiosidad el Garmin cuando marcó el primer km. 4:42 no me pareció mal ritmo y no me notaba cansado. El recorrido ascendía de forma casi inapreciable en la larguísima avenida del Puerto, algo oscura y sin demasiado público, y las piernas seguían corriendo a un ritmo regular sin mucho esfuerzo. Centrado en la visión de los globos que dejaba atrás, los de 5 y 5:30/km, llegó el segundo km y un pequeño susto. ¿¡4:35!? Debía frenarme, aquello era demasiada velocidad, pensé. Me dejé llevar, intentando frenarme, pero los km 3, 4 y 5 siguieron rondando los 4:40-4:45 mientras esperaba ansioso dejar atrás el que era con diferencia el tramo más aburrido y solitario de todo el circuito.

Apareció por fin el puente de madera y las Torres de Serrano iluminadas a nuestra derecha. Aquello significaba que llegábamos a la parte más atractiva del circuito y finalizaba la suave subida iniciada cerca del puerto, con algo menos de 23 minutos y medio en las piernas. El recorrido ya empezaba a sonarme de las otras tres grandes carreras valencianas y los buenos recuerdos de todas ellas acabaron de animarme.

Volvía a ver algún km a 4:30 y mucho, como el 6 o el 8, mientras, ahora sí, el público llenaba las calles y podía entretenerme chocando la mano a los chiquillos y escuchando los grupos de percusión perfectamente situados en el recorrido en los tramos donde podría haber menos animación.




Pasaron rápidamente la calle de La Paz, la Catedral, el Ayuntamiento, la Puerta del Mar... Casi había olvidado lo bonita que es Valencia y lo bien que se corre allí, lo entregada que está la ciudad a sus carreras, sabiendo que tienen en sus calles muchas de las mejores carreras del país. Las sensaciones, por otra parte, no podían ser mejores. Pasaba el km 10 en unos 47 y medio, ritmo de sub.100' en medio maratón. Me había imaginado corriendo a 5' por km como muy rápido pero las piernas iban solas y todavía no aparecían síntomas de fatiga demasiado preocupantes o fuera de lo normal.

Me arriesgué a tomar el gel que llevaba, pero la textura no me pareció agradable y solo probé medio y tiré el resto. La carrera iba muy bien como para arruinarla por un gel en mal estado.
La carrera ya discurría en suave bajada hasta el final así que, aunque las piernas empezaban a acusar un poco el esfuerzo, el ligerísimo desnivel a favor ayudaba a mantener el ritmo. Corríamos allá por el km 11-12 cerca del Palau de la Música, en dirección al Palau de Les Arts y la Ciudad de Las Artes y las Ciencias, y los recuerdos maratonianos del 2013 y la animación conseguían que me olvidara de cualquier otra cosa que no fuera el disfrute de la carrera. Tenía claro que había fuerzas para mantenerme así hasta el km 15, y el ritmo medio seguía estable, cercano a los 4:40.

Escuché a mi espalda la voz de Ramón, bromeando sobre lo mucho que le había costado alcanzarme. Comenté que no daba para mucho más y que tirara delante, que no me veía para ir más deprisa, pero acto seguido las piernas se aceleraban solas y el ritmo subía un poco más sin darme cuenta.
Es curioso cómo funciona mi cabeza. Es algo que ya he vivido en otras carreras. Hablo con alguien, me distraigo, me animo y acelero sin darme cuenta. El km 12 pasó en unos sorprendentes 4:31 y bajé un poco la velocidad en el siguiente km, viendo que de repente hablaba solo pues Ramón se había quedado algo atrás. Giré la cabeza y lo vi a unos 100m diciéndome que me olvidara de él, que corriera.
Le hice caso. Aquel pico de velocidad me dejaba ver que había energía de reserva y no quise frenarme. El km 13 pasó en 4:42, dejando atrás la Ciudad de las Artes y las Ciencias y el puente de Monteolivete, en el que la pequeñísima pendiente de aquel tramo sí que acusé el cansancio acumulado.

Ramón me alcanzó de nuevo y se quedó a mi paso y, tal vez por lo que aceleraba él o por lo que aceleraba yo (¿quién seguía a quién, realmente?) el final de la carrera encadenó los dos km seguidos más rápidos, 4:38 el 14 y , de camino a la meta, por fin en la costa de nuevo, con la megafonía, el público, la meta a la vista, otro km más en menos de 4:40, 4:36 y meta con Ramón en 1:10:57, 1160 de 6736 en la clasificación general, 1094 de 4884 en la masculina y 378 de 1791 en mi categoría.
Un ritmo medio cercano a 4:40, con fuerzas para un sprint de 2km a 4:30 y largos era muchísimo más de lo que habría esperado dos horas antes.


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Lo que había disfrutado aquella carrera era una grandísima sorpresa y me hacía cuestionarme cómo he corrido estos últimos cuatro años, obsesionado con un planning, con unos 2.5kg menos de peso, de media, como poco, sin correr "de verdad" las carreras, solo pendiente de los ritmos, perdiéndome tanto por el camino. Hoy no me veo tan demacrado como en fotos no tan antiguas, mi estado de forma no es mucho peor que cuando "vivía por y para la carrera" y lo disfruto tanto o más que antes. Además, he introducido en mi vida otro deporte que me llena y me da alegrías que casi tenía olvidadas, mi amada natación, en la que me encuentro cada vez con más energía y que probablemente ha ayudado a mantener o mejorar el fondo corriendo, permitiendo picos de velocidad con los que no contaba ahora que corro menos que otros años.
Creo que, por una vez, hay algo de equilibrio en cuanto a exigencias y expectativas cuando llega la hora de ponerse un dorsal o competir en el agua. Que dure y lo pueda compartir con amigos como este fin de semana, no pido más.








Toca pensar en el doblete de este fin de semana, de vuelta el sábado a la subida al Bali, cientos de escalones y muchos pisos de altura en una carrera que creo que todos deberían correr al menos una vez, por salir de las competiciones habituales y por el tremendo nivel de los corredores de la prueba, y natación el domingo en la travesía de Hogueras si el mar lo permite, ya que parece que el oleaje previsto puede poner en peligro la posibilidad de que la nademos. Una lástima, por el fin solidario de la prueba y por lo bien que se me ha dado en pasadas ediciones.

A lo lejos, los 10km de Algorfa el 22, travesías y acuatlones en julio y agosto, alguna carrera veraniega... Con las vacaciones a la vista y en pleno verano, la diversión no ha hecho más que comenzar.

Os cuento cómo va todo en la próxima entrada del blog.
Gracias por estar ahí.
Saludos.

Comentarios

  1. Cuando leas mi crónica verás que mi crónica es una copia de la tuya. Jope, que buena tarde - noche, por mil más como esta

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