PUJADA A LA FONT ROJA 2019


Después de diez años corriendo carreras populares, cuando pensaba que ya había participado en la mayoría de carreras asfalteras más o menos duras, por sus cuestas, de Alicante y provincia (Crevillente, Castillos de Alicante, la media de Alicante del 2012, Volta a la Foia...) recordé la Pujada a la Font Roja, en Alcoy. Amigos y familia ya la habían disfrutado/sufrido hacía años y yo, en el 2016, pude entrenar una mañana por el circuito de la prueba. Aquello no es que fuera una carrera con cuestas. No. Todo el circuito era una subida, como su nombre, en valenciano, indica, una constante y eterna cuesta de principio a fin. Aun así, a pesar de la dureza del recorrido, después del entrenamiento de hace dos años, tome nota mentalmente y me dije que participaría algún año.

No es una carrera que se publicite demasiado y casi se me olvidé, así que cuando casi de rebote me apareció en redes sociales gracias a corredores locales conocidos, no dudé en apuntarme a esta edición. Para hacerla más dura de lo que ya era, este año la carrera arrancaba desde el centro de Alcoy, en la plaza del ayuntamiento, en lugar de salir desde el polideportivo, a las afueras. Más km, por lo tanto, y más metros para subir.

Con Alexis, en la salida. Alguien que sabe lo que es subir al podio aquí
y correr esta prueba a más de 4'/km

Acompañado de Alexis Havran, al menos en el viaje de ida y vuelta en coche, ya que corriendo, imposible (marcas de 1:12 en M.M, 2:35 aprox. en maratón y podios en aquella misma carrera de Alcoy o la Volta a La Foia, para que os hagáis una idea de cómo se las gasta el amigo) llegaba con tiempo de sobra a Alcoy el pasado domingo, con una semana deportiva cargada de entrenamientos que seguro iban a pasar factura aquella mañana: Martes y miércoles natación, jueves carrera de 10km y viernes y sábado, natación otra vez. Había que tomarse la carrera con mucha calma, desde luego, sin pensar en tiempos ni posiciones.

La organización invitaba a café en la misma plaza del ayuntamiento y después de la inyección de cafeína y saludar a Juanjo, La Gacela del Comtat, me cambié y dejé la ropa en el autobús que llevaría todo a la meta en el santuario de la Font Roja.
Calentando con Alexis ya se podía apreciar la dureza del circuito. Desde la plaza, nada más empezar, ya se iniciaba una subida que se perdía, en línea recta, en el horizonte, saliendo de Alcoy en dirección al parque natural por el que transcurriría toda la prueba.
No notaba las piernas demasiado cansadas, pero teniendo en cuenta que íbamos a acumular unos 500m de desnivel en pocos km no había que confiarse.

Arrancamos

Salida algo impuntual por el retraso cortando el tráfico y después de rodear la plaza unos 80m, los únicos 100% llanos de la carrera, empezaba la subida.
Me situé muy atrasado en el grupo, pequeño, de no más de 200 personas. Daba por hecho que mi lugar en la carrera esa mañana era el vagón de cola, así que prefería la sensación de ir adelantando, si podía, antes que la de verme superado por otros corredores durante toda la carrera.

Salí a un ritmo que me pareció bastante tranquilo, pero lejos de quedarme en el final del pelotón, observé que muchísimos corredores seguían mi estrategia y se mantenían a mi velocidad. No debía estar equivocándome, reservando fuerzas para lo que estaba por llegar.
El inicio desde el centro de Alcoy hacía la carrera muy vistosa, entre calles adoquinadas y estrechas. La ciudad merece la pena ser recorrida a golpe de zapatilla, sin duda, y aquellos primeros metros pasaron muy rápido, entre los ánimos de la gente y el efecto dorsal todavía muy presente en mi ánimo.

Hacia las afueras de Alcoy


Dividí la carrera en tres tramos, para hacerla más llevadera mentalmente y regular el esfuerzo. El primero de ellos, el camino hasta el polideportivo, allá por el km 2.5 - 3, después el tramo hasta el avituallamiento, km 6 aproximadamente y el durísimo camino hacia la meta desde ese momento, llegando a los casi 11km y más de 1000m de altura.

Perfil imponente.

La primera etapa terminaba con un rampón espectacular, según entrábamos en el polígono industrial a las afueras de Alcoy. El Garmin pitaba por segunda vez, pero no era día para mirarlo. No me encontraba en baja forma ni cansado, para mi sorpresa, teniendo en cuenta la semana que llevaba, así que al pasar el polideportivo e iniciar mi segunda etapa de la carrera, la más suave comparada con las otras dos, corrí animado.




No me estaba pareciendo tan duro, aunque tenía claro (bendito entrenamiento del 2016 que me permitía saber cómo era parte del recorrido) que la carrera "de verdad" empezaba después del avituallamiento. Disfrutaba del camino ascendente entre el bosque de pinos y carrascas, en silencio, casi en solitario, acompañado únicamente de algún grupo de corredores y unos pocos animadores en las cunetas. El paisaje hacía muy fácil olvidar temporalmente la dureza de la subida, casi sin edificios a la vista, solo con la visión del parque natural y su bosque, cada vez más frondoso.

Para hacer el camino más entretenido, un corredor parecía haberme tomado de referencia y cada cierto tiempo forzaba el ritmo y se ponía por delante de mí unos minutos. Yo, sin cambiar la marcha, le adelantaba sin esfuerzo poco después, mientras veía como, pasados unos minutos, volvía a ser adelantado. No acababa de entender ese absurdo tira y afloja de mi inesperado acompañante, sobretodo porque escuchando su respiración se veía venir que iba a desfondarse rápidamente, pero aquello hizo aflorar un poco mi lado más competitivo y mientras seguíamos camino al avituallamiento, con ligerísimos descensos a veces que rápidamente eran seguidos de rampas que volvían a frenarnos, más de una vez era yo el que al ser adelantado y ver flojear luego al corredor anónimo subía un poco el ritmo para dar caza a mi inesperado rival.



El avituallamiento, el fin de mi segunda etapa mental de la carrera, llegó en el momento más necesario, poco antes del km 7. Hacía calor y entre el sudor y el esfuerzo acumulado el agua fresca se hacía imprescindible y me recompuso un poco, animándome para afrontar la última etapa, la más dura.

Llevábamos muchos metros viendo a lo lejos y bien alto el santuario. Aquello, sabiendo que había tan solo 3-4000 metros por delante, significaba que en el último tramo tocaba subir muchísimos metros en pocos km. Recordaba que sufrí hace dos años entrenando, pero el tiempo había borrado de mi memoria las cuestas que fueron apareciendo después del avituallamiento.

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Un giro a izquierda dejaba a la vista una rampa que casi me hizo caminar, pero ese era precisamente el enemigo a batir aquella mañana, andar. No pensaba dar ni una zancada sin correr, así que bajé el ritmo, apreté los dientes y me puse siempre como objetivo llegar a la siguiente curva de las innumerables zetas que aparecían ante nosotros.

Mi rival anónimo todavía llegó a dar un par de tirones, pero su cara no era ya la de alguien que fuera a aguantar el ritmo mucho más tiempo. Seguía sin entender por qué me adelantaba para quedarse después 2-3 metros por delante de mí y volver a repetir el proceso si era yo el que le superaba después sin variar mi ritmo. Al final, harto de verle la cara, fui yo el que apretó un poco y lo dejó atrás definitivamente. Con este pique absurdo conseguía olvidarme un poco de lo durísimo que era el ascenso y engañar un poco a la cabeza, aunque lo que estaba por llegar rápidamente me devolvería a la realidad.


Últimos giros y rampas. Durísimo.


Con unos dos km por delante llegaba el tramo estrella de la carrera. Giros y más giros a izquierda y derecha, de casi 180 grados, en los que cada curva nos subía unos 15m y en los que era casi imposible correr. El paisaje ganaba en belleza, al mismo tiempo, siendo visible en un lado el parque natural y en otro el cortado altísimo que íbamos ascendiendo. La megafonía de la meta, a lo lejos, también nos animaba, indicando que el final estaba cada vez más cerca.

Con tramos de pendiente que llegaban al 44% de desnivel, después de las dos peores zetas de todo el recorrido, por fin quedaba a la vista la meta. Alguien del público animaba a un corredor que iba detrás de mí a darme el hachazo, a adelantarme, algo que pudo conseguir con sorprendente facilidad. Yo, me limité a seguir a mi ritmo, sin fuerzas para esprintar, y cruzar la meta como pude, parando el reloj en 1:03:43 recorriendo algo más de 10km y medio (creo que, por obras, se acortó a la salida de Alcoy un tramo del circuito) y subiendo más de 550m




Pensaba que lo había hecho fatal, comparado con el resto de corredores, y que había corrido muy lento, viendo, por otro lado, la fuerza y velocidad de los corredores locales y de poblaciones cercanas, pero no había ido tan mal después de todo. Para no haber corrido al 100% (diría que ni al 75), terminaba a mitad aproximadamente de la general, posición 103 de 195. En mi categoría era barrido por los bestias de los veteranos B y terminaba el 24 de 36. Con un avituallamiento más que aceptable, con bebida y kilos de un bizcocho espectacular, pude recomponerme y comprobar que Alexis, sin estar en plena forma, hacía marcón (para mí, rodar aquello a 4:30-40/km lo es)



Carrerón, este que montan los alcoyanos. Una prueba que, siendo asfaltera, atrae, con motivos de sobra, a los montañeros y que pienso repetir llegando más descansado. Creo que bajar de la hora no debería ser difícil con un poco de entrenamiento de carrera y algo de reposo, al menos el día anterior. Volveré, sin duda, aunque como últimamente, sin obsesión por ritmos, algo que parece conseguir que disfrute, como en Alcoy, de las carreras, como hace mucho que no lo hago.




Y ahora sí, se acabaron las carreras populares hasta mayo. La natación, los 9000m de la Travesía de Santa Faz, exigen toda mi dedicación desde ahora. Tanto los compañeros de club como el entrenador me dicen que salir nadando del Postiguet y acabar en la Playa de San Juan es algo que se puede conseguir, que con el entrenamiento habitual de CN Aquatic Alicante se puede hacer sin problema. Yo, a falta de un mes, sigo sin verlo claro. Recuerdo que en peor forma y con menos entrenamiento pude con los más de 6000m del Half Oceanman de Tabarca hace dos años, pero aún me cuesta creérmelo. Supongo que las salidas largas al mar que tengo previstas los domingos y todo lo que acumule entre semana con el club me dejarán listo para afrontar en condiciones la travesía el 5 de mayo.

Como os decía, nada de carreras hasta entonces y sí dos pruebas a nado por el camino. Travesía Platja Palmeres (Sueca, Valencia) el día 7, para probarme en velocidad con neopreno durante más de 2000m, y Oceanman Benidorm el 27/04, 5500m, la semana anterior al gran día.

Os cuento cómo va todo en la próxima entrada del blog.
Gracias por estar ahí.
Saludos.

Comentarios

  1. Que gran crónica y que recurrente el personaje que se pica con losotros y sus incomprensibles tirones. Jamás entenderé qué se lrs pasa por la cabeza

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    1. Gracias Gal. Lo del tipo este picándose no lo entiendo pero la verdad es que me entretuvo un buen rato. Hubo un momento que aceleró mucho y dije mira, al final resulta que sí que va fuerte, pero nada, volvió a quedarse detrás. A veces me miraba de reojo jajaj yo pensaba... joer, haz tu carrera hombre, que vas a palmar. Y así fue. Si me hubiera dado a mí por ir siguiendo sus tirones y marcarme un fartlek habría muerto jajaj En fin, anécdotas. El año que viene a ver si nos juntamos en esta, que vale la pena

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  2. Que buena crónica! Ahora es que la leo jje gracias por incluirme en ella!

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    1. Sí que la lees tarde sí jajaja gracias a ti por la compañía. Buena mañana y buenas cuestas aquellas jajaj

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