SUBIDA HOTEL BALI Y TRAVESÍA DE HOGUERAS 2019


Cuando uno es un ansias y se lo pasa tan bien nadando y corriendo, a veces, al menos a mí, le pasan estas cosas. Te apuntas con antelación a carreras y travesías sin ver si habrá posibilidad real al 100% de participar o si coincidirán en el mismo fin de semana o el mismo día (ya me ha pasado, tener que elegir un domingo entre dos inscripciones ya pagadas...) y llega un fin de semana como el pasado y...toca doblar. Esta impaciencia a la hora de pagar inscripciones hizo que coincidieran dos competiciones seguidas, el sábado en la subida al hotel Bali y el domingo la travesía solidaria de hogueras.

SUBIDA VERTICAL GRAN HOTEL BALI

La primera, el sábado por la tarde, ya la conocía de mi única participación en el 2015 . Lo "único" que había que hacer era subir corriendo a la azotea del hotel más alto de Europa. Pocos metros (diría que ni 800) pero mucha altura y muchísimos escalones. Subir 52 pisos, casi 200m de altura, 924 escalones, era algo que recordaba muy duro, agotador solo con la mitad de recorrido, pero tenía muchas ganas de volver desde mi primera participación y coincidir de nuevo con mi hermana y mi cuñado.




Tal como recordaba, aquella carrera reunía en Benidorm a los mejores corredores del mundo en el ascenso de rascacielos. Hombres y mujeres superdotados para este deporte, capaces de subir aquello en menos de 5 minutos a velocidades de infarto, que destacaban sobre el resto de los mortales simplemente calentando, como sucedía viendo los saltos de metro y medio que pegaba el segundo clasificado, con una musculatura en las piernas que ni Lydia Valentín

La carrera había ganado en popularidad y participación desde mi primera y única participación. Se dieron las salidas élite para hombres, mujeres (en la que pude saludar a Erica, imagen de Benidorm, que tuvo el honor de abrir la carrera femenina) y bomberos, esta última con muchísimos más corredores que cuando estuve en el 2015, antes de las salidas para corredores populares, haciendo que la espera fuera más larga que hace 4 años.

El plantón de más de hora y media no ayudaba, pensé, mientras disfrutaba del espectáculo de la élite subiendo a la velocidad del rayo y viendo con admiración cómo los bomberos cargaban con más de 20kg y subían corriendo también, equipados como si allí hubiera un incendio.

Cuando por fin empezaron a darse las salidas para la carrera Open, de 3 en 3 corredores cada 30 segundos, no tuve claro cómo iba a ir la cosa. Me encontraba pesado, cansado por el plantón y el recuerdo de mi único entrenamiento por escaleras para la carrera, una subida al Riscal , muy lento, con solo 35 pisos y que me dejó KO en la azotea no ayudaba a ser optimista.


El sábado debía subir muchos pisos más. ¿Qué hacer? ¿Salir con calma? ¿Reservar hasta el piso 20?
Cuando se dio la salida, en la que arranqué acompañado de mi hermana, decidí jugármela. No quería empeorar demasiado los 8:05 del 2015 así que empecé fuerte.

Igual que pasó hace 3 años los primeros pisos se pudieron subir cómodamente, pero tuve la sensación de que empezaba a cansarme demasiado pronto, allá por la 7ª u 8ª planta. Sí que había durado poco la reserva de energías, lamenté, mientras trotaba dando vueltas y más vueltas a las infinitas escaleras de aquella gigantesca mole de hormigón.




No quise mirar el reloj para no agobiarme. Tenía la sensación de que subía lento y de que no tardaría en necesitar echar a andar. Me entretuve saludando al público que animaba entre plantas, yendo y viniendo a sus habitaciones del hotel, sin ser consciente nunca de cuánto había subido y cuánto quedaba todavía por delante.

Creo que aproximadamente en el piso 30 necesité parar de correr. El corazón latía rápido y con fuerza, sintiéndose en la sien, y la respiración era insuficiente para dar oxígeno a unos cuádriceps que no podían más. Las barandillas quedaban al alcance de mis manos si separaba los brazos, algo que aproveché para apoyarme y, ya que no podía correr, subir de dos en dos o alguna vez de tres en tres los escalones. Haciendo esto en un par de plantas, trotando suave después en cada rellano, de 2 o 3 metros de largo, me recuperé, miré rápidamente por el hueco de las escaleras hacia arriba viendo que quedarían unos 10-12 pisos, y me lancé de nuevo a la carrera.

las escaleras infinitas del Bali


Alterné varias veces trote con zancadas largas apoyándome en las barandillas y conseguí acostumbrarme temporalmente a la agonía de la subida a las últimas plantas. Cuando ya notaba que estaba a punto de tropezar en algún escalón porque las piernas iban a fallar apareció el desvío hacia la azotea. Un pequeño tramo de escaleras estrecho en el que apenas cabíamos dos personas me dejaba en la meta, exhausto, al borde del infarto, con las impresionantes vistas de Benidorm a más de 190 metros de altura.



Pude saludar de nuevo a Erica y felicitarla por la mejoría de su marca respecto a su última participación. Ella me regaló, a cambio, el vídeo con los primeros segundos después de mi llegada a la meta, sintiendo la muerte bien cerca xD (gracias :) )



También pude saludar a María Mainez, a la que ya había visto en la salida y que resultó ganadora absoluta femenina, con un tiempazo de infarto, y que también inmortalizó mi cara de muerte en vida con autofotos que... bueno, ved mis caras:




Poco después llegaba mi hermana y nos reuníamos también con Pepelu, que había salido unos minutos después. Pensé que había hecho una carrera lamentable, pero mirando bien el crono y la clasificación vi que me equivocaba. Muchísimo, en realidad. Mejoraba en más de 20 segundos la marca del 2015, con mis 07:42, 102 de 316 en la general, 36 de mi categoría. Algo totalmente inesperado que me daba fuerza y moral para el día siguiente, mientras me prometía, además, que volvería a Benidorm mejor entrenado otro año (y probablemente a otra carrera de este tipo en Madrid que ya tengo fichada).




TRAVESÍA SOLIDARIA DE HOGUERAS



Con poco más de 12 horas de descanso tocaba volver a ponerse en la línea de salida de otra competición, acuática en aquella ocasión. El domingo nadaba de nuevo, por tercer año consecutivo, la travesía de Hogueras que organiza RC7, una de las mejores de Alicante en todos los sentidos. Seguridad, trato al nadador, ambiente... Esta travesía lo tiene todo para cumplir con salud otros diez años más que los que celebraba el pasado fin de semana en su décimo aniversario.

Nos reuníamos temprano de nuevo mi hermana, mi cuñado y yo, además del resto del equipo CN Aquatic Alicante , en la playa de San Juan de Alicante, frente a un mar agitado que iba a hacer más duro de lo esperado nadar los casi 2000m de la travesía.



Notaba las piernas cansadas del esfuerzo de la tarde anterior (corrimos a las 19:30 aprox.) pero quise pensar que el trabajo era más de hombros, brazos y pectoral que de piernas. Después de intercambiar impresiones y expectativas con el resto del equipo me situé a mitad del pelotón y cuando se dio la salida traté de no quedarme demasiado atrás.

La entrada al agua fue complicada, con el oleaje en contra y sin parar de dar y recibir manotazos. No veía la primera boya que indicaba el giro hacia la derecha, hacia el cabo, vértice del rectángulo que dibujaba el recorrido, paralelo a la playa.

Intenté buscar hueco, sin éxito, y mucho antes del giro empecé a agobiarme. Tragaba agua, me golpeaban con demasiada frecuencia, y no tenía la sensación de que el grupo se estirara con rapidez. Tenía la esperanza de que después del giro empezaría a nadar bien, al fin, pero una vez hube tomado el camino hacia el Cabo la sensación de agobio no disminuía. Más de una vez paré, buscando con la mirada la siguiente boya y tratando de calmarme. Llegué a plantearme seriamente la retirada cuando en un par de brazadas las olas me hicieron tragar agua, pero rápidamente recuperé la concentración. Aquello no era, ni de lejos, peor que lo que encontré cerca del Cabo en la Travesía de Santa Faz, con mucha más distancia nadada y más cansancio. ¿En serio, no iba a poder con aquello? ¿Iba a ser esa travesía testigo de mi primer abandono deportivo? Empecé a nadar con calma, respirando a derecha para no llevarme más tragos de agua, y por fin nadé con comodidad, cuando el grupo ya se estiraba un poco.

Había perdido muchas posiciones en aquellos primeros metros, pero nadando ya con fluidez empecé a adelantar a nadadores sin parar. Llegué al final del camino al cabo antes de lo esperado y no tardé en empezar a deshacer camino en paralelo a la playa, en sentido contrario.
Me notaba con fuerzas y con el cambio de sentido mi respiración más natural, a izquierda, ya no era interrumpida por el oleaje. Mirando al frente, tratando de dar caza a cada grupo que veía delante, llegué cómodo al último giro y me lancé en perpendicular a la costa hacia el arco de meta en la orilla.
Mi acelerón final y las olas ayudaron a que pusiera rápidamente los pies en la arena. No había sido capaz de ver a nadie conocido durante la travesía, con tanto oleaje, así que no tenía referencias ni sabía cómo me había ido. Vi a Pascal saludando al miembro de la organización que nos felicitaba en la orilla y comprobaba que estábamos bien, antes de pisar el arco de meta. No debía haberme ido tan mal, pensé, si estaba al nivel de mi compañero de equipo. Estuve tentado de pegar un sprint y ganarle la posición a la carrera, pero tenía las piernas cansadas y Pascal era justo vencedor aquella mañana, aunque fuera por segundos.




Pasé por el arco de meta en 34:34, completando unos 1700m, una marca que, en aquellas condiciones, con el mar cada vez más agitado (ver foto anterior), parecía más que buena, pues me dejaba en la posición 134 de 351 en la general, 41 de 100 en mi categoría y 107 de 240 hombres. Teniendo en cuenta cómo estaba la playa aquella mañana, exigiendo más trabajo de piernas de lo habitual, y mi carrera de la tarde/noche anterior, había que estar contento, me dije.

Viendo los tiempos de otros grandes nadadores de mi club pude confirmar que, efectivamente, la cosa había ido mejor de lo esperado. Quién sabe cómo habría salido la travesía llegando descansado.




Como siempre, competición para repetir, obligatoria en el calendario de cualquier nadador, aperitivo de todas las travesías y acuatlones que están por llegar este verano.
De momento, la próxima cita es en Algorfa, este sábado por la noche, en mi querida Vega Baja. Toca volver a correr sus 10km nocturnos, una carrera que conocí en el 2012 en su primera edición y de la que tengo buen recuerdo, pues entonces conseguí marca personal, cuando 47-48 minutos en 10000m me parecían casi imposible.
Este año, sin tanto entrenamiento de carrera y con un par de kg más en el cuerpo que no hay forma de eliminar, no aspiro a más que pasarlo bien y disfrutar de la carrera. Tal vez busque el 45 "pelao", pero creo que, como he hecho en las últimas competiciones en asfalto, me voy a olvidar del reloj y de los ritmos y que salga lo que tenga que salir. La experiencia me va demostrando que las carreras así planteadas resultan ser las mejores.

Os cuento cómo va todo en la próxima entrada del blog.
Gracias por estar ahí.
Saludos.

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