10K CARRERA NOCTURNA VILLA DE ALGORFA 2019


He tenido que buscar en el blog hasta el 2018, en la crónica de la San Silvestre Crevillentina ,para encontrar la última carrera de 10km en la que participé. Casi seis meses sin correr esta distancia. Un periodo de tiempo ocupado sobre todo por la preparación para la Travesía de Santa Faz que ha hecho que casi se me olvidara lo duros que son los 10000m y lo que se puede llegar a sufrir intentando correr a un ritmo medio cercano a los 4:30/km, que es a lo máximo que creo que puedo aspirar actualmente en un 10k.
Elegí para mi vuelta a los diez miles la carrera nocturna de Algorfa, una prueba que conocí en su primera edición en el 2012 (¿ya daba la brasa con el blog en ese año? O_o) de la que guardaba buen recuerdo, ya que entonces conseguí récord personal, cuando el objetivo era estar siempre por debajo de 50' en un 10k.

2012, con 35 añitos recién cumplidos, corriendo en Algorfa

En aquella ocasión la carrera se organizaba a finales de mayo, con menos calor y saliendo 15' más tarde, a las 20:45. En esta edición, con el verano recién estrenado, el calor y la humedad podrían haberla hecho más dura, pero no noté demasiado agobio por las temperaturas según se acercaba la hora de la salida, después de llegar con tiempo a la plaza del ayuntamiento a recoger el dorsal y la camiseta. No era excusa para las malas sensaciones ni la poca fuerza que tuve después.
Calentando ya me sentía flojo, con las piernas muy cansadas, pero el recuerdo de los 15k nocturnos de Valencia, cuando en el calentamiento tampoco me encontraba fino, me hizo fuerte y me dio confianza. Al arrancar la carrera me encontraría mejor, seguro.



La salida, en una calle perpendicular a la plaza, dejaba ver unas cuestas con las que no contaba (¿pues no era llana, la Vega Baja?) Recordé, además, la edición del 2012, con una avenida que también tenía alguna suave subida y me empecé a agobiar un poco. Borré rápidamente de mi cabeza los pensamientos negativos, el pesimismo, y me dije que había que salir a pasarlo bien, controlando el ritmo al principio y correr por sensaciones. Muchas carreras planteadas así habían ido muy bien anteriormente. ¿Por qué no repetir?

Cuando sonó el petardazo que indicaba el inicio de la prueba me quedé lo más atrasado que pude en el pelotón. Mejor ir de menos a más, pensé. Nada más empezar rodeábamos la plaza, con dos curvas demasiado cercanas, que hacían que se agradeciera la escasa participación, pues con más participantes (no seríamos ni 300 entre el 5 y el 10k) el atasco sería inevitable. En cualquier caso, algo bueno para mis intenciones al comienzo de la carrera, intentando aumentar la velocidad progresivamente.

Mi cara, en el centro de la imagen, no tiene desperdicio,
en esta foto de la salida.

Con aquel arranque pausado me dejé llevar, sin pensar en ritmos, callejeando en los metros iniciales de la primera de las dos vueltas que habría que correr, disfrutando de la única zona animada del circuito. Salimos rápidamente del casco urbano después del callejeo, mientras anotaba mentalmente los puntos en los que subíamos ligeramente, para regular bien en la segunda vuelta, y encaramos poco después la avenida que iba a concentrar el 60% del recorrido de la prueba, el Camino de San Miguel, con casi 1.5km que recorríamos en ambos sentidos, añadiendo 3km a cada vuelta, 6 en total.

Pasé el primer km en 4:38 y tuve claro que no era mi día. Se suponía que iba a intentar ir algo más rápido que en la carrera de Valencia de hacía dos semanas. Un ritmo superior a 4:40/km debía ser posible, pensaba, si durante 15km pude correr a 4:43/km aproximadamente, pero las piernas no daban para más aquella tarde en Algorfa. Me notaba muy cansado y con los cuádriceps fatigados. Quién sabe, tal vez no había recuperado bien la subida al Bali, con la natación al día siguiente y dos entrenamientos en piscina muy exigentes durante la semana, además de una sesión de gimnasio seguida de carrera.

Excusas baratas aparte, intenté mantener la concentración y me olvidé del reloj, tratando de subir un poco el ritmo y pelear. Tal vez no iba a ser fácil, pero iba a intentar mantenerme cerca del globo de 45', todavía a pocos metros de mí.

Todavía fuerte y con ánimos, a pesar de las malas sensaciones. Duró poco...


Aquel tramo del circuito por las afueras de Algorfa en aquella avenida solitaria ponía a prueba mi capacidad de concentración. Costaba mucho no venirse abajo, viendo cómo sufría en los largos falsos llanos que aparecían bajo nuestros pies. Si lo pasaba mal con tan pocos km en las piernas, la segunda vuelta iba a ser muy dura, seguro.

Después del cambio de sentido, por la misma avenida, recuperé un poco el ritmo, aprovechando cuando bajábamos lo que habíamos subido anteriormente y, según pude ver después en el Garmin (no le hice caso durante la carrera hasta el 5000), conseguí subir la velocidad hasta casi 4:30 el mil.

Niña salvadora ofreciéndome agua

El inicio del fin de mi carrera llegó cuando entramos de nuevo en el casco urbano. Aparecieron las rampas que recordaba haber visto al llegar y noté que me fallaban las fuerzas. Cuando pasé por el arco de meta en la plaza del ayuntamiento en 23' casi pensé en la retirada, notando que era imposible aguantar un ritmo parecido otros 5000m. y que cada vez me encontraba peor. Ni para 5:30/km me veía.

Agoté la botella de agua que había recogido en el avituallamiento y me dije que el tiempo era lo de menos, que aquello había que terminarlo al ritmo que fuera y me dispuse a callejear de nuevo, sintiéndome más y más cansado a cada zancada.

"¿Todavía 5km más?" Muy descriptivas, la foto y mi cara.


Alcancé a Ana, de Esteso Runners, aficionada también a la natación, con la que ya había coincidido a nado varias veces, pero nunca a la carrera. Comentamos lo mal que íbamos ambos, me animó  y le dije que, si su ritmo no subía, me quedaba con ella, que yo no podía acelerar lo más mínimo.

En uno de los giros, callejeando, veía frente a mí la larga avenida otra vez y tenía tantas ganas de correrla y quitármela de encima que no vi las vallas que delimitaban el circuito y casi atajo sin darme cuenta.



Avisado rápidamente por Protección Civil corregí el camino, alcanzando poco después de nuevo a Ana, justo cuando, por fin, iniciábamos el eterno y durísimo camino de ida y vuelta por la avenida. (duro psicológicamente esa tarde, porque en realidad no era tanto el desnivel ni ahí ni en ningún otro tramo del circuito) 

Hablando con Ana brevemente parece que me olvidé un poco de lo mal que iba y logré subir el ritmo (gracias Ana :) ), tanto que me dijo que fuera yo solo, que ella se quedaba atrás. El reloj marcaba km lentísimos, ritmos que no esperaría ver desde hace mucho tiempo en un 10k. 5:00, 5:12... aquello no mejoraba.
Mirando al suelo, tratando de quedarme cerca del interior de las rotondas y no regalar metros, casi me como una valla que cerraba el giro de una de ellas. La carrera no cambiaba de sentido allí, si no en la siguiente rotonda. La agonía parecía no acabar.

Cuando al fin cambiamos de sentido y volvimos por el mismo maldito Camino de San Miguel hacia el centro me fijé en que una chica iba pegada a mí, casi al mismo ritmo que yo. Un par de veces me eché a un lado tratando de que tomara el relevo, pero no me adelantaba. Fuimos juntos durante todo el camino de vuelta, algo que creo que nos ayudó a ambos a no bajar el ritmo, incluso a subirlo ligeramente. Esta corredora anónima que me acompañó en la vuelta por la avenida resultó ser la primera senior y tercera mujer de la carrera y cuando tocó entrar de nuevo a Algorfa y sufrir km y medio de sube baja suave no pude seguirla, viendo cómo me superaba en unos 6-7 segundos al final.

Hachazo incontestable de mi joven acompañante, a la derecha de la imagen,
imposible de aguantar por mi parte, que apenas tenía fuerzas ya.


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Estaba KO, había perdido la noción del tiempo y cuando vi el km 9 callejeando me pareció que un km más era una eternidad. Ningún km había pasado ya más rápido de 4:40/km y no había fuerzas para un último sprint, así que, viendo la admirable estampa de la campeona senior alejándose hacia el triunfo, me limité a casi arrastrarme hasta la meta, sin tener claro qué números vería en el minutero del reloj oficial. ¿48? ¿49?



Paré el Garmin en 46:50, toda una sorpresa, teniendo en cuenta que en la segunda vuelta llegué a pensar que el globo de 50' me iba a alcanzar. Mientras recuperaba el aliento a escasos metros de la línea de llegada, viendo cómo a un ritmo similar al de Valencia, pero con 5km menos estaba muerto, sin fuerzas ni para 500m más, vi entrar a Ana, que hacía MMP y acababa, además, segunda en su categoría.




Una vez recompuesto en el magnífico avituallamiento de la carrera, pude ver la clasificación, después de saludar al gran Pedro Moya, de Palabra de Runner  , con el que había intercambiado más de una vez impresiones sobre material deportivo electrónico a través de redes sociales, y con el que había comentado muchos entrenamientos de forma virtual, pero al que no había conocido en persona todavía. Él acaba en la posición 13, 8º en su categoría (¡brutal!¡felicidades compañero!)




Yo, a pesar de la discreta marca conseguida, terminaba en la posición 56 de 131 en la general, 12 de 19 en mi categoría, 53 de 102 hombres. No estaba tan mal como creía y no empeoraba la marca que hice en el 2012, casi 48', pero admito que con la experiencia de Valencia hacía dos semanas creía que podía dar mucho más en un 10000.
Tocará volver. Aunque la avenida desluce bastante la carrera, por lo solitaria que es y ocupar 6km, hay que reconocer que la zona céntrica está animada y que los organizadores cuidan muy bien a los participantes, como suele suceder en todas las carreras vegabajenses. Y, por qué no decirlo, habrá que participar una vez más para quitarse el mal sabor de boca que me llevo después del reventón.



Me lo tomo, de todas maneras, como entrenamiento, ya que, sin estas carreras, pocas veces rodaría km a 4:30, 4:40 por mi cuenta. Mejor a la siguiente, seguro:), que será en Madrid el 14 de julio, la Nelson Mandela Race, 10km con un recorrido exigente (Madrid lo es) pero que me motivan muchísimo.
Antes, toca nadar, el día 6, la travesía de la playa de Pinedo en Valencia, coincidiendo con el inicio de mis vacaciones. Hay muchas travesías y carreras a la vista en los próximos dos meses. Ya os contaré...

Gracias por estar ahí.
Saludos.

Comentarios

  1. Que grandes son estas penurias nuestras, de todas formas, ahora te toca agua, a disfrutar de tu temporada y ya pelearemos la que viene

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    1. Cuando lo ves luego te das cuenta de que gracias a estas penurias, a soportar momentos jodidos, luego en las buenas un bachecito de nada es fácilmente superable y triunfas. Esto curte. Ahora agua y más agua, con algo de carrera (acuatlón Campello y Cabo y tal vez carreras de Novelda y Cabo Palos) Esperando coincidir de nuevo :)

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