10K VILLA DE ROJALES




El pasado fin de semana, por tercer año consecutivo, la vuelta a la carrera después del verano empezaba en Rojales. Los 10km de esta prueba son una cita casi obligatoria para mí, por su ubicación en el calendario y, sobre todo, por lo bien montada que está, por el ambiente en la zona de salida y meta, por circuito... hay tantos detalles en los que se nota que hay corredores organizando que, sin la competencia el mismo día de otra carrera con buena fama, en el Altet, sería un 10000 con muchísima más participación. De los que hay que competir al menos una vez.



Cuando abrieron inscripciones hace tiempo tuve claro que tocaba repetir, pero según se acercaba la fecha mi ánimo fue cayendo en picado. La natación ganaba a la carrera en cuanto a motivación y tiempo de entrenamiento y hasta casi el último momento, hasta la última semana, ya había decidido no correrla, prefiriendo entrenar algo de natación con el club si era posible la mañana de la prueba.

Por otra parte, no había entrenando últimamente demasiada carrera y los seis días anteriores nadé cuatro veces (más de 12000m en total), corrí un día (10km más gimnasio) y descansé otro. Llegaba al día de la carrera fatigado y, para sumar más motivos para no correr, resfriado.

Aun así, viendo que al final el sábado no iba a nadar por la mañana al tener que trabajar, me animé y decidí no perderme la carrera. Dejé que una breve siesta me recuperara un poco de la carga de entrenamiento semanal y me dirigí a Rojales pensando que, al menos, podría tomarme la carrera como un entrenamiento de calidad, de esos que ya casi no hago desde que he dado prioridad a la natación sobre la carrera.

La llegada a la Vega Baja fue rápida y no tuve demasiados problemas para aparcar así que en poco tiempo ya tenía en mi poder el dorsal y la bolsa del corredor, muy completa, con una camiseta de las que da gusto ponerse para entrenar, por calidad y diseño, como la de todas las ediciones que he corrido, un par de barritas, una toalla pequeña y algo de publicidad local y de dos carreras interesantes de la zona.




De vuelta al coche a prepararme para la carrera me di cuenta de que había olvidado la camiseta de tirantes del club. Por suerte, llevaba la de manga corta puesta, pero tuve la sensación de que iba a darme demasiado calor durante la carrera. Mal empezábamos, me dije.

Las piernas se notaban pesadas mientras intentaba subir un poco las pulsaciones y ponerme a punto antes de echar a correr. No era día para ir a por tiempos, por lo mal que me sentía y el poco entrenamiento que llevaba detrás. El resfriado parecía darme tregua pero el cansancio acumulado no perdonaba. ¿Qué ritmo podría llevar? ¿Sería capaz de entrar en menos de 48 minutos?

Calentando pude saludar al gran José Luis, podio aquella tarde, en su línea, a Lorena (¡al fin desvirtualizados! xD) y a Curro, corredor y nadador aficionado como yo al que también desvirtualicé aquella tarde (podéis leer la crónica de la carrera y de muchas otras  pruebas en su magnífico blog Hablando con mis zapatillas ) Buena gente ;) Un placer saludaros.

Me quedé bastante atrasado en la salida mientras hablaba con Lorena y aunque intenté buscar algún globo de referencia todos estaban muy lejos. Mejor, pensé. Tal como estaba esa tarde, puede que fuera bueno, mentalmente al menos, ir adelantando a corredores desde el principio.

La salida se daba a ritmo de AC/DC y desde el principio tuve claros mis limitaciones. Probaría un ritmo cercano a 4:30/km la primera vuelta, la pequeña, y después... ya veríamos.


Buscando mi sitio en la carrera, en los primeros metros


Controlé muy bien el ritmo en el primer mil, pasando el km 1 en 4:24, y cuando se inició la vuelta grande, la que repetiríamos dos veces, me dije que no iba tan mal la cosa. Podía con ritmos cercanos a 4:30 y llegué a creerme capaz de terminar en tres cuartos de hora, intentando no perder de vista al globo de 45 minutos.



Controlando el ritmo, después de la primera vuelta.


Conocía el circuito y me sabía de memoria cada giro y el más mínimo desnivel del recorrido. Una especie de ocho alargado, después de la primera vuelta pequeña, con un tramo algo solitario en un extremo, detrás del instituto, pasando por el chalet de siempre con su música a todo volumen dando algo de vidilla a esa zona, y un par de cruces cerca de la meta y la salida en los que el público animaba y era fácil venirse arriba. 




En el otro extremo del ocho, un tramo de falso llano largo que terminaba en el avituallamiento, con una recta cómoda después y vuelta hacia la meta. No era un circuito de grandes desniveles pero ya conocía de otras ediciones lo que era llegar a la zona que dejaba a la derecha el Segura cerca del Centro de Salud, yendo pasado de vueltas, y no quería repetir.



Cuando el cuerpo dijo basta, casi llegando a media carrera, me lo tomé con filosofía. ¿Había que aflojar el ritmo? Sin problema. No me vine abajo y cuando pasé el 5000 en 22:27, teniendo claro ya que el sub45 era imposible (el globo de este tiempo se alejaba cada vez más...) y que tal vez, por lo cansado que empezaba a sentirme, tal vez me iría a los 47:30-48, asumí que en aquellas circunstancias había que olvidarse del reloj.

Me quedé con lo bueno de lo que llevaba hasta el momento. Buen ritmo, nada de calor, por suerte, a pesar de correr con camiseta algo más gruesa de lo habitual y de manga corta, mucha gente animando a los corredores en el centro del circuito, a veces por nuestro nombre gracias al dorsal, y fuerza mental todavía para afrontar la segunda mitad.



Vi pasar un km demasiado cerca de los cinco minutos y ahí sí que me piqué un poco. Estaba claro que tocaba bajar el ritmo, pero correr un diez mil a 5'/km no entraba en mis planes. Animado por el público en los cruces por los puentes, chocando las manos a los chiquillos que la ofrecían a mi paso, apreté un poco el acelerador, notando un incómodo ruido de respiración detrás de mí durante muchos metros, de camino a la zona solitaria de chalets pasado el instituto. Si me movía a derecha o izquierda, los pasos que escuchaba a mi espalda seguían el mismo camino. Sin saberlo, hacía de liebre involuntaria a algún corredor durante demasiado tiempo y aunque me movía  a veces invitándolo a tomar el relevo este momento no llegaba nunca. Me lo quité de encima rápidamente (me estaba poniendo nervioso...) y no miré el reloj hasta el km 8

Pasado el 8000 ya estaba claro que ver el 45 iba a ser muy difícil. En el eterno falso llano camino al km 9 no pude correr a más de 4:40, con lo que el 46 era ya un hecho.
Sabiendo que el último km era cómodo, todavía hubo fuerzas para acelerar y ponerme a 4:30. Me sabía los giros de memoria y sabía en qué puntos del circuito era posible apretar ligeramente. 



Durante la carrera había pensado en algún momento lo largo que era un diez mil, que no me verían en muchas medias ya, pero me había deshecho rápidamente de los pensamientos negativos al final, viendo que había fuerzas para acabar fuerte. En aquel momento me sentía con energía de reserva y me alegraba de no haberme perdido la cita anual con Rojales. Pude correr de nuevo a 4:30 y aquello terminó de animarme y darme moral para no aflojar hasta el final

Un par de giros y ya tenía la moqueta bajo mis pies, en el Malecón del Soto, entre los ánimos del público, escuchando cada vez más cerca al speaker en la recta final. Corría más rápido que en los últimos tres km y cuando paré el Garmin en 46:05, 46:28 oficial, maldije por no haber apretado un poco antes para poder ver el 45 pero sentí que el resultado era muy bueno. Mi cara en la siguiente foto, nada más pisar la meta, lo dice todo...


Meta :)


Terminaba en la posición 145 de 280 en la clasificación general, 33 de 57 en mi categoría, 136 de 240 hombres. Nada espectacular, pero muy contento con el resultado. Con la semana que dejaba atrás, el resfriado, y el día de descanso lejos, el lunes, aquello era para estar satisfecho. Con descanso y sin problemillas menores de salud creo que todavía puedo parar el crono de un 10000 en menos de 45 y haberme alejado en Rojales solo 1:30 aproximadamente de los resultados habituales es una noticia muy buena.









Me quedo con lo positivo de la carrera, que no fue poco, a pesar de todo. ¿Quién sabe qué pasará en la siguiente carrera?

Ahora toca pensar en las próximas citas deportivas. Por un lado, la próxima semana, el domingo, una clásica del calendario de natación en aguas abiertas, TIMONCAP, nombre abreviado de (atención al nombrecito) Travesía Internacional Master de Otoño a Nado al CAbo de Palos, 3500m (rodear el Cabo de Palos, vamos) para seguir preparando el cuerpo para después del invierno. Por otra parte, vuelta a una carrera que ya corrí en el 2011, siendo casi un recién llegado a las carreras populares, el Gran Fons Ciutat d'Oliva, una prueba que yo recuerdo de 15km pero que he visto anunciada midiendo 12.2, algo que me importa poco, ya que solo voy por hacer una tirada algo más larga de las que hago últimamente (espero que más rápido, aunque es lo de menos, esto) y por disfrutar de nuevo de una salida de carreras con mi amigo Ramón, que me acompañará el día 9 a la localidad valenciana.

Como siempre, os cuento cómo va todo en la próxima entrada del blog.
Gracias por estar ahí.
Saludos.

Comentarios

  1. Vaya tiempazo para lo poco que entrenas, el martes a rodar pececillo

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    1. Gracias Gal�� pensaba que perdería mucha más velocidad pero no estuvo mal del todo, teniendo en cuenta como dices que no le doy a correr ya tanto como antes. En Oliva, sin muchas pretensiones, a pasar el día (yo, al menos) vamosss!!

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    2. Las interrogaciones eran caritas sonrientes así 😄😄

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  2. Buena crónica! Siempre aprendemos unos de otros, gracias por la referencia a mi blog. Buenas piernas y bonita carrera para repetir.
    Un placer conocerte en persona y nos iremos viendo por la provincia.
    Un saludo y cuídate ;)

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