TRAIL NOCTURN LLUNA D'OLTÀ 2023


Siguiendo las redes sociales del club organizador, el Grup de Muntaya de Calp, ya había visto hacía algunos años referencias a la prueba que ha supuesto mi vuelta a la carrera y el inicio de mis vacaciones, el Trail nocturno Lluna d'Oltà. Mi única experiencia en terreno montañero por la noche era mi participación en la primera edición del Trail de Les Ermites en Ibi hace mucho tiempo, y mi recuerdo no era muy bueno. Me notaba torpe, la falta de luz me hacía correr con mucha inseguridad...
Este año, con mucha más experiencia que entonces (hará de aquello ya unos 8 años, como poco), y conociendo la zona por la que transcurre la prueba, la Sierra de Oltá, en Calpe, por haber corrido su Trail de diciembre hará unos 3 años, me animé a participar, como digo, al coincidir la fecha de la carrera con mi primer día de vacaciones y tener todo el tiempo del mundo antes y después de la carrera.

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Sobre el plano, revisando el track de la prueba en Wikiloc y después en Google Earth al descargar el kml, no parecía que fuera una carrera complicada técnicamente, algo lógico, pensé, si la organización no quería problemas de accidentes con los corredores, al transcurrir gran parte de ella sin luz solar y dependiendo de frontal. Se evitaba la zona de la cumbre, que recordaba complicada para la salud de los tobillos incluso con toda la luz del mundo. Viendo un vídeo de la organización, en el que hicieron un entrenamiento por el circuito, no pintaba mal la cosa. Mucha pista, caminos cómodos de correr y no demasiado desnivel , unos 600m en casi 16km, subidos casi todos ellos antes del km 7.


Diseño de la toalla que daban junto al dorsal



Llegué a las 19:00h, aunque la salida se daba dos horas después, sabiendo lo difícil que iba a ser aparcar cerca de la playa del Arenal-Bol, donde se ubicaba la salida y meta de la prueba. Hice caso, finalmente, a las recomendaciones de la organización y dejé el coche a 10-12' de la salida, en los aparcamientos cercanos a la zona deportiva, pegado a la piscina que ya conocía de mi etapa nadadora. Paseo hasta la salida, recogida ágil y rápida de dorsal y toalla conmemorativa de la prueba (no está mal recuerdos así, en lugar de tanta camiseta), y al coche a cambiarme y a preparar todo con calma y refugiado del calor gracias al aire acondicionado del coche.

A 20' minutos del arranque de la prueba ya estaba en la arena de la playa desde donde se iniciaría la carrera. Más participación de lo que esperaba viendo clasificaciones de otros años, entre corredores y senderistas que saldrían 5' después de nosotros. Habiendo visto, al recoger el dorsal, cómo era el inicio de la carrera, con un camino pegado a la playa bastante estrecho, no me quise situar demasiado atrasado y cuando arrancó la competición, con unos 100-200m de carrera por la playa para ir calentando patas, intenté mantenerme a mitad de grupo.





Salíamos de la arena hacia el camino estrecho que había visto, subiendo unas escaleras, y ya corríamos cuesta arriba pegados a la playa. De vez en cuando subíamos o bajábamos escaleras y esto frenaba un poco el ritmo, pero yendo bien situado como iba no sufrí ningún atasco y pude trotar con comodidad.
¿Demasiado rápido? No quería mirar ritmos ni pulso, pero veía pocos participantes delante de mí, 50-60. Tal vez arrancaba demasiado fuerte, pero me sentía cómodo al ritmo que llevaba y no quise frenarme.
Dejábamos de bordear la playa casi en el km 1, pasando entre edificios de Bofill, el Xanadú y La Muralla Roja, y seguíamos subiendo suave, pero sin pausa, hacia la zona de Canuta y la N-332.





Pasada la carretera nacional, allá por el km 2.5, tocaba por fin meternos en camino de montaña, dejando el asfalto y tocando pista amplia y despejada. No perdía muchas posiciones y me veía bien situado en la carrera, así que cuando la pendiente se volvió demasiado dura eché a andar. Recordaba que poco después de aquel repecho tendríamos una bajada larga y cómoda de unos 700m hacia la subestación de Iberdrola, así que tomé aire, caminé rápido y corrí ligero cuando la pendiente volvió a ser favorable.

Había mucha luz todavía y el frontal parecía que no sería necesario hasta muchos minutos después. De vez en cuando echaba la mirada atrás y veía cómo íbamos ganando altura y podía ver la costa a lo lejos ya. Cuando estuviéramos en lo más alto y girando hacia el este las vistas iban a ser espectaculares, seguro.

A partid del km 3.5 se iniciaba el tramo más largo de subida de la carrera, unos 3km en los que ascenderíamos algo más de 300m, dejando para los últimos 600 el camino con más pendiente, antes de llegar al punto más alto del circuito, a unos 400m de altura.

Seguíamos corriendo por pista amplia y no me costaba alternar trote rápido con caminata ligera. ¿Sería posible que se me estuviera dando bien la carrera? Apareció en el camino un coche aparcado y un letrero en el suelo que indicaba "Avituallamiento", pero no había ni rastro del mismo por ninguna parte. Iba bien provisto de líquido, sabiendo el calor que podría hacer y mi alto consumo de agua en carreras, pero admito que me dejó algo intranquilo pensar que no habría avituallamiento hasta la zona recreativa, varios km después. Por otra parte, algunos corredores indicaban que debíamos subir mucho más de lo que yo tenía previsto, habiendo visto el track. Tenía (creía) controlado el esfuerzo para un par de km más, los que pensaba que quedaban de subida. De haberme equivocado, iba a pasarlo mal.



Por suerte, el avituallamiento apareció poco después del cartel que lo anunciaba y confirmé con un corredor que la versión del circuito que tenía en la cabeza era la correcta. Bebí muchísimo, recuperando el aliento y bajando temperatura, y sin perder mucho tiempo seguí pista para arriba hasta casi el km 6, punto en el que había un pequeño descanso en la subida y ya girábamos hacia el este, con la costa siempre visible ya.
Un giro a izquierda y salíamos por fin de la pista para meternos entre pinos, en el último gran repecho antes de llegar a la zona más alta. Los árboles impedían la entrada de la escasa luz que ya quedaba de la tarde-noche, así que ahí tocó encender el frontal. La temperatura era buenísima, soplaba viento suave y estaba disfrutando aquel camino estrecho en mitad del monte. Seguía manteniendo posiciones y alcanzaba a algún corredor, con la sensación de que estaba corriendo bastante bien. Quedaba muy poco para llegar al punto más alto e iniciar una bajada de unos 2,5km y me notaba con fuerzas. No lo estaba haciendo mal, seguro.
Sobre el km 6.7 llegábamos al punto más alto del recorrido y bordeábamos la cara sur de la Mola, en un camino que inicialmente era muy pedregoso pero que rápidamente se volvió bastante corrible.
Dudé al principio, pero poco a poco fui ganando confianza y cuando la pendiente de bajada ganó inclinación, hacia la Ermita Vella d'Oltà, ya corría con comodidad y seguridad. 




Pasado el mirador de la bahía de Calpe bajábamos durante unos 500m por camino algo técnico, pero sin dificultad gracias a lo bien que iluminaba mi frontal y salíamos de nuevo a pista amplia, fácil de correr, hasta que en el km 9 el circuito volvía a coger camino ascendente. La última subida del recorrido, si no recordaba mal, 1km hacia la zona recreativa de la sierra.
Corría prácticamente solo, al haberse estirado mucho el grupo, pero disfrutaba del clima y las vistas como nunca. Cuando la vegetación lo permitía, teníamos a nuestra derecha una panorámica de la costa de Calpe con iluminación nocturna espectacular. La luna llena tenía un reflejo enorme en el mar. Solo por las vistas ya había merecido la pena salir a correr esa noche.

Alterné trote y carrera, y cuando vi delante de mí a algunos corredores que me habían pasado hacía rato, me sentí con fuerzas para correr incluso cuesta arriba. Las piernas respondían, las pulsaciones no se disparaban demasiado... Dar "caza" a otros participantes me subía la moral. Había regulado bien el esfuerzo y llegaba a la zona recreativa sintiéndome bien de fondo y sin notar las piernas muy cansadas.
Sobre el plano, recordando el track, ya no había dificultad, pensé. Bajada rápida primero y, desde el km 11, descenso ya suave hasta la meta.

No perdí mucho tiempo en el avituallamiento y me lancé cuesta abajo lo más rápido que pude, primero por la senda entre pinos de la zona de acampada, pasando (creo recordar) por un túnel que también atravesamos en su día en el Trail de diciembre, en terreno técnico otra vez, pero nada complicado, hasta llegar a la zona de la depuradora.



Ahí, con camino despejado, pista amplia, dejando la montaña atrás, solo quedaba, en teoría, circuito cómodo y corrible casi como asfaltero. Apreté, de nuevo dejándome llevar por el espíritu competitivo al ver corredores cerca delante de mí, aunque durante toda la bajada por la zona de acampada ya se mezclaban con los senderistas y, de lejos, ya no se distinguía fácilmente quién corría o quién caminaba. El acelerón fue excesivo, y tuve que frenarme un poco y perder alguna posición ganada para guardar fuerzas para el último tramo. A falta de 2km el circuito bajaba bruscamente a la derecha y dejaba atrás la pista cómoda para meternos de lleno en el barranc del Pou Roig.

No contaba con aquello. Imaginaba terreno cómodo, de pista o asfalto ya hasta la playa, y me encontré la zona más complicada de correr en aquellos últimos 2000m antes de la playa.
No había un camino claro ni balizado, la vegetación era alta y no se sabía dónde se podía pisar con seguridad. Cada pocos metros el barranco pasaba por debajo de carreteras y los túneles eran demasiado bajos para mi altura y tocaba correr en semi sentadilla, cargando las piernas más de lo esperado.

Lo mejor de este último tramo fue que, en los bordes del barranco, arriba, en las aceras, había mucho púbico animando, haciendo menos pesados esos últimos metros. También había muchos voluntarios a la entrada de cada túnel, animándonos y advirtiéndonos de la poca altura del techo, ya que por lo visto en la última edición alguno de los primeros corredores no calculó bien y se golpeó la cabeza.

Llegó, por fin, después del túnel con techo más bajo de todos, la salida a la arena de la playa. Un giro a la derecha y ahí estaba, al fin, el arco de meta. Llegaba antes de las 2h, lo que significaba, viendo las clasificaciones de otros años, estar más o menos en la media, pero... ¿en qué posición exactamente?
Un último apretón y paraba mi reloj en 1:50:18, 1:50:22 oficiales, posición 74 de 197 en la general, 68 de 147 hombres, 24 de 52 en mi categoría.




Para el escaso/nulo rodaje montañero después de Benasque, más que bien. Después de muchas carreras acabando en el grupo de cola, entrar holgadamente en la primera mitad de la carrera, también en categoría y sexo, se sentía casi como ganarla y había que felicitarse, mientras daba buena cuenta de un avituallamiento buenísimo con fruta, bebida, y cocas de diferentes tipos (chorizo, tomate, sardinas... )

Me prometí volver al año siguiente, pero parece que la carrera se organiza cada 2 años y tocará esperar al 2025. Lástima, porque está muy bien montada, con voluntarios en todos los cruces que podrían generar dudas a los corredores y balizado con la típica cinta de las carreras que, además, tenía material reflectante para ser visible incluso de noche. Tal vez la carrera, a plena luz del día, perdería parte de su encanto, pero en el formato actual, nocturno, al fresco, y coincidiendo con luna llena, creo que es de las que debemos tener en nuestro historial de corredor de monte, teniéndola tan a mano. Volveré, sin duda.



Toca pasar el verano en modo mantenimiento, sin perder demasiado ritmo trailero, pero bajando una marcha para empezar bien en septiembre, descansado, de cara a los retos del próximo ciclo. Estoy recuperando el trabajo de fuerza, para tener buena base física en la montaña y evitar lesiones, y procuraré no desmadrarme en la mesa, aunque las vacaciones y el clima inviten a excesos. Hay mucho trabajo por delante y la vuelta al cole debe llegar en las mejores condiciones posibles. Tal vez haya alguna carrera veraniega por el camino. Quién sabe si la subida al Santuario de Novelda en agosto, pero por ahora, rodaje montañero, a ponerse fuerte y a mejorar composición corporal, que el otoño-invierno prometen ser muy movidos...

Nos leemos en breve.
Cuidaos.






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