MONTANEJOS TRAIL 30K 2022


La semana pasada tuve la suerte de poder hacer coincidir mi última tirada larga preparatoria para Costa Blanca Trails con Montanejos Trail en su versión de 30km. Me acompañaban en el viaje Sera y Ale, que corrían el sábado la carrera de 55km el sábado, Pili, retirada a última hora por lesión, Rafa, que correría conmigo el domingo, y M.ª José.
Llegando el viernes, casi sin luz, recogí mi dorsal y no fui consciente de dónde estaba. La cosa cambió al día siguiente, cuando madrugué para ver la salida de los 55km en la que participaban Sera y Ale y me di una vuelta por Montanejos. ¡Qué maravilla de sitio! No mentían, mis acompañantes, conocedores del lugar. Montanejos crecía en mitad de la montaña, pegado al río Mijares, rodeado de monte espeso y caminos que solo pasar por ellos en modo senderista ya era una gozada explorar, como hice con Pili y Eva mientras mis amigos corrían esa mañana. La prueba del día siguiente iba a ser un carrerón, seguro.




Un poco de turismo el sábado

El sábado a mediodía se unieron al grupo Rafa y M.ª José y por la tarde, con Ale y Sera ya en meta después de hacer unas carreras increíblemente buenas a pesar de la falta de entrenamiento de uno y las molestias del otro, recogimos el dorsal y la bolsa de corredor de Rafa y nos preparamos para la prueba del día siguiente.
Amaneció un día frío, mucho más que el sábado, y los manguitos, guantes y braga al cuello no sobraban. Tuve que usar un chaleco para proteger un poco el pecho del aire helado de la mañana, mientras esperaba con Sera y Pili en la plaza a que llegara Rafa.
Una vez reunidos todos, foto de rigor y al pelotón de salida, más numeroso que en la prueba de la mañana anterior.







Arrancábamos puntuales y rápidamente salíamos del pueblo atravesando un estrecho puente empinadísimo que ya permitía ver una panorámica espectacular de Montanejos y sus montañas. No habíamos tocado tierra todavía y ya se podía ver lo bonito que iba a ser aquello.
Cogíamos rápidamente la orilla del Mijares y hasta aproximadamente el km 2 corríamos con comodidad y sin desnivel. Después, salíamos al fin hacia la montaña y tocaba correr en fila de uno subiendo una pendiente sin demasiada dificultad, por un camino que rápidamente quedaba cerrado a ambos lados por vegetación espesa y alta.
Me encontraba muy bien, el frío ayudaba a llevar bien los primeros km y las piernas parecían responder. Menos de 1400m de desnivel positivo por delante, durante 30km, no debían ser demasiado duros, me dije. Si, además, el terreno era cómodo y corrible, como comentaban Ale y Sera por su paso por la prueba de 55km, la carrera en principio sería rápida.
Pasábamos el km 3 y terminaba el primero de los tres grandes ascensos que tenía la carrera. Ya sobraban manguitos, guantes largos (los cambié por cortos, sin dedos) y chaleco y tocaba avituallar, reponiendo algo de líquido de mis reservas y comiendo algún dátil. Aproveché la pausa para aliviar la vejiga y después, antes de arrancar, pude saludar y desvirtualizar a Ramón Gzlez. , al que solo conocía hasta el momento por comentar carreras en redes sociales y que corría a un nivelazo increíble aquella mañana habiendo participado el sábado en la versión de 18km.



En esta segunda etapa de la carrera teníamos por delante una bajada larga y cómoda por pista anchísima hasta el km 8, por el Barranc del Jau, en el que no costó dejarse caer a 5'/km hasta casi llegar a la altura del embalse de Arenoso. Una vez allí, tocaba girar a la derecha y afrontar la subida más larga de la carrera, unos 6km con casi 500m de altura ganados que nos llevarían primero a la presa del embalse y, después, de nuevo, a caminos estrechos donde tocaba ir de nuevo en fila de uno.
Empecé a notar, por un lado, que mis piernas no parecían tener su mejor día y, por otro, que Rafa, delante de mí, no sufría las molestias de rodilla que le acompañaban últimamente y aceleraba y adelantaba a muchos corredores siempre que le era posible. Yo, sufría más de lo habitual para intentar seguirle y empezaba a pensar que tal vez a mitad de carrera me tocaría centrarme en mis piernas y no reventarme intentando seguir su ritmo, que no parecía ser el mismo que el mío esa mañana.
Con algunos tramos de descanso, con menos pendiente, y tratando de seguir a mi amigo sin echar el hígado por el camino, nos plantamos casi sin darnos cuenta en el punto más alto de la carrera, al final del ascenso, a unos 1000m de altura como mucho.



El avituallamiento que encontramos poco después me devolvió a la vida, con agua fresca, comida más que suficiente y unos minutos de respiro. Sabía que teníamos por delante una bajada cómoda y larga hasta la presa, así que podría recomponerme antes de afrontar el segundo círculo que trazaba el circuito, esta vez al oeste de la presa.
El descenso era, como se podía intuir en los mapas que vi el sábado, espectacular. Las vistas a nuestra derecha eran increíbles, con las montañas cubiertas de bosque al fondo y el embalse lleno abajo. Más de uno paró a echar una foto o grabar vídeos, pero mi vértigo impidió que en algunos tramos acelerara como habría querido y, en alguna bajada algo más técnica, me frené más que de costumbre.
Se colaron delante de mí un par de corredores y casi perdí de vista a Rafa, pero decidí centrarme en bajar bien y no caerme, conocedor de mi torpeza descendedora.
Allá por el km 19 volvíamos a pasar por el punto en el que en el km 8 subíamos a la derecha hacia la montaña, pero para dirigirnos esta vez hacia la presa y a por el que pensaba que sería el último avituallamiento de la carrera, sobre el km 20.




No me había fijado bien en el primer paso por la presa, pero en esta segunda pasada casi frené, ya de nuevo con Rafa, solo para disfrutar de las vistas del embalse a mi derecha o el espectacular corte en el terreno que hacía la presa a mi izquierda.
Estaba completamente recompuesto, con energía y moral a tope, y ya andábamos cerca del medio maratón. Con la barriga llena y los depósitos de agua al 100% (¡qué bien atendían los avituallamientos los voluntarios!), los últimos 9km no iban a ser tan duros como pensaba.
Bajamos unos metros por la carretera y, de repente, los voluntarios nos tiraban a la derecha, por una subida corta pero casi imposible. Tanto, que para más de uno/a fue necesario usar la cuerda que colgaba en aquel tramo en el que casi tocaba escalar.
Superado aquello, tocaba subir un pequeño repecho de unos 1500m, con un ascenso de no más de 200, y dejarse caer después hasta lo más bajo del barranco de la Maimona. Rafa seguía delante de mí, tirando sin piedad y demostrando que, sin molestias, es una bestia montesa, pero cuando tocó cruzar el escaso caudal de agua del fondo del barranco pisó mal, resbaló golpeando la cadera en la roca y clavó la pierna entre dos piedras enormes. Desde mi perspectiva, con el grito de Rafa y viendo la caída, solo podía pensar en fractura de rodilla o tibia/peroné y en rescate en helicóptero, por la dificultad de acceso de la zona en la que estábamos.
Por suerte, el grito de Rafa fue debido a una rampa en el gemelo de la pierna que quedó clavada en el agua, y no había que lamentar, en principio, rotura o esguince de ningún tipo.
El mal gesto forzado por la caída, origen de la rampa, sí que parecía condicionar para el resto de la carrera su forma de pisar y avanzar.
Pudimos salir del barranco sin dificultad por un tramo algo escarpado y cuando pisamos un larguísimo camino cómodo, por pista amplia, intentamos correr, pero Rafa no podía.
Traté de animarlo, comentando la carrera, el paisaje del barranco que veíamos ya con muchos metros de altura por debajo de nosotros y de vez en cuando trotábamos bien, pero las molestias en su gemelo habían llegado para quedarse y tocaba pensar solo en acabar sin sufrir demasiado.

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Después de 2km de subida donde ganábamos casi 300m de altura, llegamos al fin al último de los ascensos largos de la carrera. Solo teníamos 4-5km más por delante y ya estaba hecho. Además, para mi sorpresa, aparecía en el camino un último avituallamiento con el que no contaba, donde volví a beber con calma, comí algún dátil más y tomé un gel con cafeína, pues empezaba a notar algo de cansancio y quería llegar bien a la meta.
Arrancamos y comenzamos el descenso más técnico de todo el circuito, tramos de roca suelta y terreno difícil de correr o pisar yendo deprisa. Intentaba tirar de Rafa, pero las molestias condicionaban su pisada y ritmo, así que tocaba arrimar el hombro y ayudar en lo posible a que acabara bien.
No tardamos en terminar la bajada y no tuvimos que callejear mucho para estar cerca de la línea de meta. Un par de giros, y ya lo teníamos hecho.





La mujer de Rafa, M.ª Jo, nos animaba en la última curva y cruzábamos la línea de llegada en 4:15:50, 4:15:28 real, 188 de 266, 67 de 94 en mi categoría.
Más allá de tiempos y clasificaciones que no reflejan, creo, ni de lejos, cómo estábamos de bien esa mañana mi amigo y yo que, seguro, podríamos haber llegado 15' antes de no ser por el accidente, me quedo 1) con que Rafa está bien, no hay daños que lamentar y podremos sufrir/gozar juntos Costa Blanca Trails 2) el circuitazo espectacular de la carrera y lo bien gestionada que está 3) lo bien que me encontré y las energías que tenía al terminar la carrera y, sobre todo, 4) el pedazo de fin de semana que pasé con los amigos. No dejéis pasar la oportunidad de visitar Montanejos (mejor en temporada baja) y correr alguna de sus carreras.




Como decía al empezar la crónica, con esta carrera se terminaron las tiradas largas para preparar Costa Blanca Trails. Esta semana ya he bajado la intensidad y duración de los entrenamientos y solo he corrido largo este domingo 18km con muy poco desnivel y todo por asfalto.
Creo que llego mejor preparado a los 46km del próximo sábado que cuando afronté Confrides en mayo, tanto por fuerza de piernas como por resistencia mental. Solo queda cuidarse esta semana y que sea lo que tenga que ser el próximo sábado en Finestrat.
Os cuento cómo ha ido todo en breve.
Cuidaos.

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