CARRERA DE LAS EMPRESAS ALICANTE 2022

Después de tres fines de semana seguidos poniéndome dorsal en montaña tal vez había que relajarse y parar de competir un poco. Y lo hice... ¡pero solo en montaña! ¡Nadie habló de asfalto! Porque hacía tiempo que daba la brasa en el trabajo con la carrera de las empresas que se organizaba el día 16 de octubre y, viendo que al final la gente de Recursos Humanos conseguía inscripciones y camisetas (¡camisetazas!) para que hiciéramos equipo estaba un poco feo no ir.

Previsor, sabiendo cuando me apunté que estaría inmerso en el entrenamiento para Costa Blanca Trails y que la montaña y las tiradas largas ocuparían las semanas, elegí el 5k en lugar de la versión de 10000m de esta prueba, imaginando (acertadamente) que un día antes, el sábado, no perdonaría el entrenamiento largo por el monte.

Llegué al día de la carrera con la friolera de 28km acumulados en las patas la mañana anterior en un entrenamiento durísimo, Puig Campana por el km vertical y subida al Pas del Comptador, un entrenamiento que con sus más de 1700m de ascenso acumulado, junto a la distancia, no me dejaban en buenas condiciones para un 5000 (para nada, en realidad) tan solo 24h después.

A mi favor para el 5k, pensé, el desnivel (10m como máximo), la cercanía del recorrido y la salida, que pasaban a 2 calles de casa y con la salida a menos de 10' andando desde mi puerta y juntarse con la gente del trabajo. Algunos, compañeros habituales en mi día a día de pelea informática y otros, al ser una empresa tan grande, casi desconocidos y a los que saludaba por primera vez esa mañana.


La cosa no empezaba bien del todo, cuando con la confianza que daba estar tan cerca de la salida que no haría falta usar coche hizo que no preparara con antelación la ropa y no encontrara hasta el último momento la camiseta del equipo. Tocó salir corriendo desde casa a trote ligero hacia la salida, sintiendo en las piernas la fatiga por la paliza montañera de la mañana anterior. Mala cosa, me dije, agotar las pocas energías que pudiera haber en las patas corriendo antes de empezar.

Llegué a tiempo para saludar a los compañeros, unos 30 (estuvimos entre los 4-5 equipos de empresa más numerosos), echar unas fotos y hablar en persona con gente con quien tal vez solo había hablado por teléfono un par de veces en el último semestre o que, directamente, ni conocía.

Muchos corrían por primera vez y solo buscaban correr al ritmo de algún compañero. Otros, con más rodaje, sí que aspiraban a mejorar su marca o ganar a algún miembro de su equipo de trabajo con el que había pique sano. Yo... con sobrevivir, me conformaba.



La salida se daba desde la avda. de Las Naciones, a la altura del cruce con Britania y cerca de la empresa patrocinadora, NTT Data. Allí, entre más 1000 corredores que sumaban los participantes de las dos distancias, costó coger ritmo los primeros metros.

Entre fotos y socializar un poco con los compañeros, todo el grupo del trabajo salió demasiado atrás y durante los primeros 500m me tocó ir esquivando corredores y adelantando como podía. Avanzábamos hacia la zona de ocio del campo de golf y no fue hasta el giro por Vicente Hipólito hacia el parque de bomberos cuando pude correr con relativa normalidad.

No iba mal de pulsaciones y las piernas no protestaban demasiado cuando el primer km apareció en el Garmin en 4:27. Lo di por bueno, seguro de que aquello no podía hacer más que empeorar, entre la paliza del día anterior y mi nula preparación en velocidad asfaltera.

A la altura del parque de bomberos girábamos a la izquierda (algunos más que otros, con recortes que ni el político más traicionero) y pitaba en el reloj el km 2 en unos sorprendentes 4.16. Sería mi km más rápido y el inicio del bajón, ya que ahí sí que noté la más que esperable fatiga. Solo me impulsaba el pique estúpido conmigo mismo y con la gente del trabajo ¿era cosa mía, o no me había adelantado nadie de la empresa todavía?

Cambiábamos de sentido en la calle paralela de nuevo hacía Vicente Hipólito y subíamos a la rotonda que enlazaba con la avenida Miriam Blasco, sintiendo el cansancio en las piernas, pero animado por estar corriendo por una zona en la que he entrenado en los últimos 12 años... ni me acuerdo cuántas veces ya, tan cerca de casa

Tocaba correr recto y en suave (inapreciable de estar descansado) subida hasta llegar a la parada del TRAM en Sergio Cardell, habiendo visto el reloj marcar el tercer mil a 4:24, sabiendo que después del giro por la rotonda del tranvía hacia Vicente Ramos el 4º km iba a ser seguramente el más lento.

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No me equivocaba y, después de saludar a un compañero que, aunque no corría, se había despertado esa mañana a hacernos fotos, el reloj volvió a indicar el paso de otro km: 4.40. Me había hundido en la avenida de Miriam Blasco, más de lo que imaginaba, pero el camino hacia la meta tenía un perfil ligeramente favorable y permitía recuperar el ritmo. No quise mirar el reloj. Había visto los pasos por km, pero no recordaba el tiempo total ni había hecho previsión alguna sobre el crono final.

Me limité a apretar como pude, notándome cansadísimo y con el corazón y los pulmones saliéndose por la boca y con la cercanía de la meta, poco después del giro del Consum de nuevo hacia avda. Las Naciones, eché el resto escuchando al fondo por la megafonía a Mike Speaker. La meta dividía los caminos entre los que acabaríamos con esa primera vuelta y los que darían una más para el 10000 (menos mal, ¡menos mal! que no elegí esa distancia) Allí estaba Miguel con el micro, reconociéndome al verme y chocando mi mano mientras paraba el reloj en unos increíbles (para mí y mi estado esa mañana) 22:55 oficiales, 22:07 real, una media de 4:27/km totalmente inesperada y una posición en la general que imagino es irrepetible, 44 entre 631 participantes, sacando el último mil a unos 4:17  (y, ojo, ¡primero del trabajo!, ahí es nada ja ja ja)




Fue una gozada compartir el avituallamiento con los compañeros y compañeras del trabajo, viendo cómo algunos se estrenaban y disfrutaban a tope de la experiencia, otros superaban sus marcas... todo mientras, como comentaba, hablábamos por primera vez (o al menos en persona) entre muchos de nosotros. Incluso más de uno y de dos altos cargos directivos del trabajo se pasaron por allí a ver el ambiente deportivo de esa mañana (mi jefe se metió el 10000 en las piernas como si nada) Desde luego, como constructor de equipo y afianzador de relaciones personales, entre muchísimas otras bondades, el deporte es único. Había que felicitar la iniciativa de los organizadores y esperar que en 2023 se repitiera el evento y que participáramos muchos más.

Por mi parte, feliz. Creo que he corrido cinco miles más lentos que el de esa mañana llegando descansado. Ni en los mejores pronósticos me veía corriendo a más de 4:30/km, solo 24h después de la tirada larga (¡y qué tirada larga!) de la mañana anterior. Quién sabe... ese mismo 5k tan plano me coge con 2 días de descanso y a saber en cuánto tiempo habría parado el reloj. La experiencia ha revivido en mí las ganas de correr un 5000 llano como los vegabajenses y no creo que deje escapar en enero la carrera de Reyes de San Fulgencio, 5k plano y rapidísimo,  para ver qué ha hecho el monte en mi cuerpo para permitirme moverme a este (humilde, pero para mí sorprendente) ritmo incluso estando reventado de cansancio y comprobar hasta dónde puedo llegar.

Ahora sí, fin de encadenamiento de crónicas y findes de dorsal. Después de dos semanas sin participar en carreras toca enfrentarse a los 30km de Montanejos Trail el próximo día 6, como test para saber en qué punto estoy para los 46 km de Costa Blanca Trails. Después, una semana de transición y a la siguiente, el día 19.... que sea lo que tenga que ser en Finestrat.

Os voy contando por aquí.

Cuidaos.

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