I TRAIL VALL DE SETA


Dos grados bajo cero un tres de abril. ¿En serio? ¿Me va a tocar correr por primera vez con malla larga abrigada? Cinco minutos fuera del coche, en el aparcamiento a las afueras de Tollos, son suficientes para confirmarlo. Las manos duelen sin guantes, el gorro fino habitual para carreras al fresco es claramente insuficiente para soportar el inicio helado de la mañana y hay que sustituirlo por uno más grueso. Al menos el aire está calmado, el cielo despejado y el cortavientos parece que podrá permanecer en la mochila toda la carrera. Una camiseta térmica de manga larga y cuello alto bajo los colores de SkyRunners, braga, café fuerte y ardiendo, gratuito en el área de salida mientras recojo el dorsal y listo. 27km de Trail por delante saliendo desde Tollos, uno de los pocos pueblos de la Comunidad Valenciana con menos de 100 habitantes junto a Benillup, Benimassot y Famorca, en el caso de Alicante, todos en la comarca de El Comtat.




El reducido tamaño de la localidad tollera no impide que en el arranque del Trail, dirigiéndonos al centro de Tollos, ganemos mucha altura en pocos metros callejeando. Las bromas entre corredores son las mismas en este punto. "¿Nos metemos casi todo el desnivel del circuito aquí ya, tan pronto?"

En el fondo lo agradezco. Entro en calor rápidamente y me sitúo a mitad del pelotón antes de que se inicie un camino estrecho cuesta arriba que solo permite correr o andar en fila de uno, ya metidos en montaña.






Apenas un km, con una pendiente media superior al 20%, y llaneamos con comodidad para bajar después hasta Benimassot completando unos 5km. Caminos cómodos, poco desnivel...  Podría apretar, pero casi toda la altura que vamos a ganar en la carrera se concentrará en el ascenso a Mallada del Llop al llegar a Famorca, algo más de 3 km y cerca de 700m de subida. Mejor reservar.

Dejamos atrás Benimassot, casi atropellados por una concentración motera que la policía local no consigue controlar del todo en el cruce con la carrera, y cogemos camino hacia Facheca, con un pequeño repecho de subida, pero como en resto del camino hasta el momento, un perfil no demasiado duro y mucho camino por pista de asfalto o cemento entre las pistas de tierra o sendas pequeñas y cortas.

Empezamos a encontrarnos zonas embarradas, de clavarse hasta el tobillo en algunos casos. Toca ir con cuidado y procurar no calar los pies. Los calcetines para nieve que llevo parecen haber sido una gran elección. Me mojo un poco un par de veces, pero las capas del calcetín parecen expulsar la humedad y casi no siento barro o agua.

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La carrera se ha estirado muchísimo y no se han dado más de 100 dorsales por cumplir por no sé qué normativa medioambiental, así que corro casi solo hace rato. Hemos pasado Facheca sobre el km7, avituallado bien en una zona polideportiva y, poco después del km 8, en un pequeño tramo embarrancado, me despisto al no ver balizas. Corrijo el rumbo y veo que no soy el único despistado y, desde ese momento, de nuevo todos en el camino correcto, me uno a un grupo de 3-4 corredores y una corredora, a los que en los tramos de subida puedo adelantar fácilmente pero que, como era de esperar, en bajada, a poco que el camino sea mínimamente técnico (algún día mejoraré mi lamentable técnica descendedora), me rebasan con facilidad.

Aparecen en el camino cada vez más zonas embarradas y nos acompaña con más frecuencia alguna pequeña corriente de agua. Hay bastantes tramos que no son traileros, pero los que lo son... ¡qué bonitos! Voy con cuidado en las zonas húmedas ya que, si la corriente es lo suficientemente pequeña y poco caudalosa, el frío ha congelado el agua, pero el camino es, en general, cómodo y en suave descenso hacia Famorca, así que es fácil ganar tiempo al crono y recuperar fuerzas para lo que está por llegar.

En el km 10 avituallamos y creo que por ahora he cumplido con lo programado. Llego bien de fuerzas a Famorca y tengo ante mí la imponente subida a Mallada del Llop. Cogemos camino asfaltado o de cemento un rato y no muchos metros después de salir del pueblo ya estoy en la senda que lleva al punto más alto del recorrido y me premio mentalmente por haber decidido al final llevar los bastones y no tratar de inventar y gastar fuerzas en las piernas pudiendo trasladar en parte el esfuerzo a los brazos.

Se repite mi historia trailera de siempre. Doy caza a los que me adelantaron en los descensos y gano muchos puestos en la subida. ¡Qué vistas! El camino no se me hace tan duro como pensaba y me vengo arriba, animado por el subidón moral y físico que acompaña al espectacular paisaje que me lleva a Mallada del Llop. No noto el frío, pero la sequedad de los labios y la cantidad de placas de hielo que aparecen en el camino me hacen pensar que la temperatura no debe haber subido mucho más de los 2-3 grados todavía.

Disfruto como un crío el ascenso. El camino se hace algo más duro pasada la nevera - cava de La Serrella, con pendientes cercanas al 30% en algún momento, pero ya está cerca el final de la subida y las vistas compensan el esfuerzo. Un largo giro suaviza un poco el recorrido y ya está hecho. Alcanzo el punto más alto de la carrera. Las vistas son increíbles. Quién diría que estoy en Alicante. Me han adelantado dos o tres corredores que ahora se toman unos minutos de descanso para hacer alguna foto y casi me paro a hacer lo mismo y hablar con ellos, porque el paisaje invita a recrearse en la impresionante estampa montañera, pero hace frío y, ahora sí, en altura, aparece algo de viento y molesta, obligando a subir la braga a media cara.




Toca iniciar con cuidado la bajada, por un terreno incómodo que crestea unos cuantos km hasta el 14 para subir después unos pocos metros hacia la entrada a una larga y empinada pedrera que ya estoy esperando afrontar, habiendo estudiado el recorrido y que me tiene inquieto desde ayer, aunque he tratado de no pensarlo mucho hasta que ha llegado el momento de bajarla. ¿Será tan jodida como bajar el km del Puig?

Veo que me equivoco en cuanto doy dos o tres zancadas. La pendiente es la justa para ir seguro y el pedregal permite dar pasos largos clavando los talones y perder altura rápidamente en una especie de esquí de descenso ejecutado con una técnica no muy buena pero que me permite no bajar tan lento como esperaba al asomarme antes de empezar la bajada.

Hay corredores muy buenos técnicamente en este tramo que bajan a ritmos que creo que no son compatibles con la vida en caso de caída. Uno de ellos tropieza y cae muchos metros abajo, pero se levanta sin un rasguño y sigue bajando como si nada a la misma velocidad. Por mi parte... Creo que mejor asegurar la salud de los tobillos y el cráneo y bajar al ritmo que llevo, que me parece más que bueno y me permite disfrutar muchísimo de ese tramo al que tanto temía.

El final de la bajada nos mete en una senda muy estrecha y fácil de bajar, pero entre mi poca pericia bajando montaña, que el cansancio, ahora sí, aparece y me frena un poco, y que llevo alguna piedra dentro de las zapatillas, vuelvo, una vez más, a sentir la eterna pérdida de velocidad en bajada y a ver cómo pierdo puestos ganados con facilidad subiendo.

En un tramo algo más amplio de la bajada decido parar y quitarme las piedras de las zapatillas. Veo a lo lejos, pero ya no tanto como antes, a la corredora que nos acompañó en grupo un rato largo pasado Facheca y me pongo como objetivo motivador no permitir que me alcance.


El final de la bajada acaba sobre el km 17, cogiendo de nuevo el camino que hicimos en sentido contrario a su paso por el km8. Toca volver a terreno duro, de pista de cemento o asfalto, y deshacer recorrido, pasando de nuevo, pero ya hacia Benimassot, por Famorca y el mismo avituallamiento del polideportivo que ya había visto. Me tomo con calma la parada en boxes. Dátil, gel, mucho líquido... 

Empiezo a sentirme cansado, pero creo que el 10000 que tengo por delante no tiene mucho desnivel y, habiéndolo visto antes, diría que no hay demasiado tramo técnico. Arranco y me permito poco después una parada entre árboles a aliviar la vejiga, momento en el que mi perseguidora en el descenso hacia Famorca me adelanta como un rayo.

Retomo con calma el camino, todavía con mucha bajada cómoda por delante, y no tardo en ponerme al paso de la corredora que me adelantó anteriormente. Decido no entrar en un pique estúpido por sacarle más metros. Pierdo fuelle y prefiero compañía, algo que ella parece agradecer también mientras empezamos a hablar sobre la carrera, el pequeño abuso de la pista dura en lugar de sendas (ella ha crecido en la zona y dice conocer formas de hacer la misma distancia por el mismo sitio, pero en paralelo, por sendas y camino de montaña "de verdad") y comentamos nuestro historial pasado y futuro en la montaña. Parece que no está en plena forma por una reciente lesión, pero tiene un recorrido montañero y unas marcas envidiables. ¡Cómo agradezco la conversación y cuánto necesitaba despejarme un poco, sin haberlo notado hasta el momento! Subo el ritmo, a veces tirando yo, a veces (vi su nombre en el dorsal) Aída, y los kilómetros pasan sintiéndose menos pesados.

Un tramo de bajada nos obliga a atravesar una corriente de agua más profunda de lo que pensaba, en la que pierdo pie y meto la pata hasta pantorrilla y me calo. Maldigo, pero me da igual, en el fondo. El paisaje vuelve a ser increíble y la conversación con mi inesperada compañera de carrera hace que los km pasen muy rápido, al menos mentalmente.



Cuesta arriba soy yo el que deja atrás a mi acompañante, pero de bajada, como siempre, pierdo metros y me rebasa con facilidad. Noto las plantas de los pies reventadas por la dureza del terreno. No llevo calzado para correr tanto tiempo con comodidad en plano, en asfalto o similar, a ritmos más altos que los habituales de montaña y la pisada, al molestar, parece que hace que carguen más otras zonas de las piernas.

Se hace larga la vuelta a Tollos pasado Benimassot, en un tramo algo más feo que el resto y que no es el mismo que hemos hecho al alejarnos en sentido contrario en el inicio de la carrera. Además, sube más metros de los que tenía previstos. No coincide, creo, con el perfil que tengo en la cabeza, al menos en esa última parte y, a pesar de la compañía, empiezo a flojear también mentalmente.

Comparto el sufrimiento con Aída, que comenta que tampoco lo lleva nada bien y así, contando penas, alcanzamos al fin el tramo más alto de la última subida. Voy muy justo de fuerzas y la bajada hacia Tollos tiene un pequeño camino algo técnico en el que me toca frenar. Pierdo definitivamente la carrera contra mi compañera de fatigas en este Trail y le cedo el paso, viendo cómo gana unos 50-100m que soy incapaz de recortar.

Entrando a Tollos se siente cerca el final y me permito acelerar un poco, ya camino de la meta. Callejeo y, por fin veo y cruzo la meta en 3:48:02 según mi Garmin, 3:48:07 oficiales, según veo en las clasificaciones oficiales mientras degusto el completísimo avituallamiento que nos espera un poco más adelante del arco de llegada, con bizcochos, bocadillos de no sé cuántos tipos de carnaza a la plancha hechos en el momento... ¡qué forma más buena de recuperar!



Veo que no he acabado muy mal en la clasificación. 47 de 86 llegados a meta, 41 entre los hombres y 15 en mi categoría. Ni rastro de mi compañera, de la que solo logro saber que es tercera de su categoría y que al final "solo" me ha sacado 9 segundos (lástima no poder despedirnos y agradecerle el ratillo tan bueno que hemos pasado. Me ha salvado de un pequeño bajón mental en el camino) 


Con la velocidad que se ha podido llevar al haber mucho camino fuera de montaña la cosa no se ha ido a más de 4h como pensaba que sucedería, así que han sobrado más agua y geles de los que esperaba y he cargado algo más de peso de lo debido, pero quiero pensar que no está mal, en conjunto, como entrenamiento para Confrides. Además, la carrera está muy bien montada y, si otro año quitan parte de los caminos no montañeros (creo que es fácil hacerlo), es una carrera muy entretenida y a la que volveré.

Pienso que con tan poca participación y tanta calidad como he visto en los corredores, rozar la mitad de la tabla es éxito y creo que tengo que felicitarme por cómo ha ido la mañana. Me cambio rápidamente la ropa mojada y ya fría y doy por finalizada la jornada de montaña con la moral por las nubes, pensando ya en mi último dorsal antes del maratón, el de los 25km de Infernal Trail - Orba el 24/04. Quién sabe. ¿Y si resulta que puedo con Confrides, después de todo?




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