SAN SILVESTRE VALLECANA 2021

Cuando hablamos de carreras míticas españolas de asfalto, a los corredores populares nos suelen venir a la cabeza las mismas pruebas. Maratones de las grandes ciudades, los 10k llanísimos de Valencia o Laredo, medias de las principales capitales de provincia o tan populares como nuestra media de la vecina Santa Pola... Y si hay que hablar de las San Silvestres, el listado de carreras nacionales de fin de año incluye necesariamente la crevillentina, de las mejores del país y en la que he participado 10 años, y por supuesto la gran San Silvestre Vallecana, en la que pude participar el pasado día 31 por primera vez.

Los excesos navideños no me dejaron llegar en la mejor forma posible. Muchas comilonas, kilos de más y un preocupante problema de fascitis que arrastraba hacía semanas que dejaba dolorido el talón derecho e impedía correr con comodidad.  A mi favor, por otra parte, todo lo bueno que contaban de la carrera de la capital. Ambientazo, desnivel comodísimo (cuesta abajo, excepto el último km, tanto que la diferencia de altura entre la meta y la salida hace que no se pueda homologar), y tener cortado Madrid para correr en fiestas navideñas. ¿Cómo iría la cosa?





Habiendo conseguido marca para el cajón de sub.45 en la Jean Bouin, me inscribí en el cajón de sub.50 para salir con mi hermana y mi cuñado, los 3 juntos. Siendo de Alicante conseguir marca para un cajón determinado es complicado. En mi ciudad solo es válido el 10k de Benidorm. Si no puedes correrla, toca subir, por ejemplo, a Valencia, a alguna de las pocas que el listado de la web oficial marca como válidas para pedir un cajón de tiempo concreto. Casualidades de la vida, mi paso por Barcelona el mes anterior y la buena carrera que salió permitieron entrar en una de las primeras salidas de la Vallecana, que en esta edición dividía la carrera en grupos de 5000-7000 separados (creo) 25'

Así, a las 15:45, ya estábamos al lado del Santiago Bernabéu, buscando una de las dos calles que nos permitirían entrar al cajón. Sobre el papel, las medidas anti COVID era excelentes. Calles separadas para los diferentes cajones, control de acceso con pulsera, mascarilla obligatoria... pero una vez en el cajón, todos estábamos apelotonados y no se vigilaba el uso de mascarilla en absoluto, aunque es verdad que todos la llevaban (no lo critico, pero personalmente no le veo al sentido al uso de mascarilla al aire libre en calles tan amplias como las madrileñas)





Tal vez esta división de salidas y estar a plena luz del día, tan temprano, deslucía un poco la carrera y ya me generaba las primeras sensaciones encontradas. Era la leche estar corriendo la vallecana, una carrera que creo que ha llegado a superar en participación a la mítica brasileña de São Paulo, pero no notaba el ambiente festivo de mi querida crevillentina o la brutal Behobia.

Aun así, había que felicitarse por tener la oportunidad de volver a correr por las calles madrileñas y agradecer que no se hubiera cancelado a última hora, como sucedió en otras ciudades.

Esperamos el momento de la salida junto a las faraónicas obras del Bernabéu y, cuando llegó nuestro turno, avanzamos y la calle se ensanchó acercándonos a la línea de salida. Cuenta atrás, música, speaker animándonos y dándolo todo y a correr.



No avanzábamos ni 500m por Concha Espina, con un pequeño tramo inicial en ascenso, y ya girábamos a la derecha por la larguísima calle Serrano, en constante descenso. 

Fue fácil encontrar sitio para correr con comodidad desde el principio y, aunque el talón protestaba desde la primera zancada, me dije que en una carrera con aquel perfil debería ser muy fácil conseguir al menos la marca de mi último 10k, los 44' de la Jean Bouin.

Corrí muy rápido, dejándome llevar, pero apretando también, disfrutando de volver a echar km por la capital. No había mucha gente en la calle, pero era fácil entretenerse viendo el paisaje de aquellos primeros km. en una de las zonas más adineradas de Madrid. Tiendas, casoplones, edificios oficiales entre los que destacaba la blindadísima embajada estadounidense... Aquello era conocido, sobre todo pasado el km 3, punto de salida de la Mandela Race, un 10k que ya he corrido dos ediciones

Los km pasaban muy rápido, viendo sin problema a veces ritmos de 4:10/km, pero sentía que empezaba a cansarme antes de lo esperado. No hice caso a las malas sensaciones, pues llegábamos a la Puerta de Alcalá allá por el km 4, y en 100m cogíamos el Paseo del Prado hacia abajo, siguiendo la larguísima bajada del circuito, ahora sí, con muchísima animación en las calles y música.

Los recuerdos de carreras pasadas por esta zona me animaban. La media madrileña, el maratón... ¡qué bonito era aquello! De nuevo, al final del Paseo y habiendo dejado atrás la espectacular fachada del museo del Prado, encontrábamos una zona muy animada, con música y mucho público, y seguíamos bajando, con una pendiente ya algo menos pronunciada.

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El 5000 había pasado en 21:48, así que, en teoría, un 43 en el 10000 era posible, pero mis piernas y el talón empezaban a pedir pausa. Me sentía cansado y algo me decía que iba a dejarme muchos segundos en la segunda mitad de la carrera, sobre todo cuando tocara recuperar altura en el tramo final. El calor, al llevar una térmica debajo porque había previsto, equivocadamente, una tarde fría, no ayudaba mucho a mejorar las sensaciones.

Cogimos la avenida de Barcelona pegados a Atocha y ya permanecimos en ella un par de km que se me hicieron lentos y pesados, sin mucha animación en la calle, perdiendo ritmo y temiéndome lo peor en el tramo de subida que estaba por llegar. Las molestias del talón obligaban a cambiar la pisada y esto hacía que aparecieran molestias en otras zonas del pie y los gemelos. Los cuádriceps tampoco iban finos. La respiración y pulsaciones, demasiado aceleradas. Tocaba sufrir cuando llegáramos a Puente de Vallecas.

Y al fin llegó la única subida del circuito. El paisaje había cambiado radicalmente según avanzábamos, dejando las lujosas calles de Serrano y cercanías atrás y cambiándolas ahora por las de la entrada a Vallecas, pasado el puente de la M30 y cogiendo la subida de la temida avenida de la Albufera. Se ganaba, eso sí, en animación en las calles, tanto o más que en la zona adinerada de la ciudad, aunque esto no me ayudaba a olvidar mi declive físico.



Una mirada a lo lejos permitía ver en el horizonte la altura que teníamos que recuperar. No era un puerto de montaña, ni mucho menos, pero en mis condiciones lo sentí como si tuviera que subir el Tourmalet.

El ritmo bajó a 4:50/km irremediablemente, mientras trataba de distraerme con los ánimos del público y la gente que ya empezaba su fiesta de nochevieja en las terrazas de los bares copa en mano, aunque fueran las 5 de la tarde.

El final de la avenida de la Albufera parecía no llegar nunca. Un giro a la derecha sobre el km 8.7 daba respiro al fin, dejando la larga avenida atrás mientras, otra vez, en una calle animadísima, Garmin volvía a marcar un km lentísimo, en 5:12 el 9000.

Aprovechando que volvíamos al llaneo traté de recuperar tiempo, olvidando en lo posible la molestia del talón y tratando de vaciarme, de no dejarme nada en la reserva, para recuperar un poco el tiempo perdido.

Todavía callejearíamos un poco más hasta que, a falta de unos 200m, un giro a izquierda volvía a subir suavemente y me frenaba otra vez.

La llegada a la meta fue agónica, junto al parque de Palomeras Bajas. No había mirado el tiempo total en el reloj desde la mitad de la carrera, pero tenía claro que el resultado no era nada bueno, para una carrera con aquel perfil.

Reventado, paré el reloj oficial en 46:17, acabando en la posición 2129 de 16389, 673 de 2941 en mi categoría, 2005 de 11023 hombres. Joer, que en mi último 10000, en Barcelona, llano, sin correr cuesta abajo, ¡había tardado casi 2' menos! No había sido mi día, desde luego.





Me reuní con Pepelu, que había llegado mucho antes, y poco después llegó mi hermana, y dejamos rápidamente la zona aprovechando que todavía había luz solar y no hacía demasiado frío, camino del metro y parando un momento junto al estadio de Vallecas.

No había disfrutado al 100% la carrera. La salida dividida restaba ambientación a la prueba y, seguramente por las horas a las que arrancamos, las 16:30, tampoco encontré en las calles la animación que esperaba. El maldito virus, además, restó participación a la carrera, muy lejos de los 30 o 40000 participantes que recuerdo haber leído que ha habido alguna vez.


Con la luz solar, sin iluminación navideña activa, seguramente se perdía parte del encanto de la carrera. El público, seguro, era más numeroso en las oleadas que salían después y eso, sumado a la caída de la noche y el encendido de las luces, probablemente hace que las carreras que se inician más tarde que la mía seguramente disfrutaran más del espíritu clásico de esta prueba.

Yo, personalmente, me encontré una prueba no tan animada como esperaba (si comparo con mi última Behobia, gana de goleada esta última en este sentido), y mis malas sensaciones no ayudaron a quedarme del todo satisfecho con la experiencia.

En cualquier caso, como decía, correr por la capital siempre es un gustazo y, con familia allí, repetir para desquitarme no será difícil. Nos veremos las caras de nuevo, seguro.


Ahora toca pensar a largo plazo. El objetivo de la temporada es el maratón de Confrides en mayo, mi estreno en esta distancia en montaña, así que, antes de nada, hay que cuidar el maldito talón. Mi querida fisio ha hecho casi milagro y la recuperación es asombrosamente buena. Empiezo a entrenar casi sin sentir nada y cuando termino, recupero muy bien y al día siguiente me despierto casi olvidándolo en los primeros pasos de la mañana. Tiene buena pinta, aunque es verdad que por ahora he bajado el volumen y la intensidad de los entrenamientos, pero teniendo en cuenta que esto me llevó a la cojera en Navidad, ahora mismo soy muy optimista.

He cancelado mi inscripción a la media de Santa Pola para no cargarme innecesariamente de km y la semana que viene, mi próxima carrera, iré al Trail de Aigües, pero en modo entrenamiento, muy suave. Me situaré al final del pelotón y cubriré la distancia sin forzar, solo por el gusto de correr por allí y echar el día con los amigos. Enero será mes de transición y calentamiento para llegar a febrero en buenas condiciones y preparar como es debido Confrides.

Os cuento cómo va todo en la siguiente entrada del blog.

Cuidaos.



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