10K VILLA DE ROJALES 2019


La vuelta a la carrera, después de los meses de verano y terminando la temporada de natación en aguas abiertas, me llevó el pasado fin de semana, como viene sucediendo sin faltar ninguna edición desde el 2015, a los 10km de Rojales. Este año tuve la tentación de cambiar y elegir el Altet o Matanza, pero la carrera vegabajense está tan bien montada y le tengo tanto cariño que al final la costumbre fue más fuerte y volvió a ser la elegida para probar las piernas después de pasar el verano sin mucho entrenamiento de carrera y con los 2kg extra todavía bien pegados a la barriga.

Recorrido anterior, arriba, y nuevo, abajo.



Este año la carrera cambiaba el recorrido, dejando prácticamente todo el circuito en la zona de Rojales que queda al sur del Segura. Se eliminaba el paso por los chalets cercanos al instituto y se corría, en su lugar, cerca del polígono industrial y pegados al campo de golf. Sobre el papel, más llano y rápido, pero no acababa de sentirme en forma, así que no quise ser demasiado optimista.

Al llegar a Rojales el sábado tuve la sensación de que la humedad era excesiva. Además, las recientes inundaciones en la Vega Baja habían traído con ellas una plaga de mosquitos que hacía casi obligatorio embadurnarse de loción repelente antes de echar a correr, más todavía si ya se venía, como yo, acribillado por estos bichos por un entrenamiento de cuestas en Serra Grossa el jueves.

Mientras me cambiaba pude saludar a Alberto "Sombrilla" y José Luís López, amantes como yo de la carrera vegabajense, y después de apalabrar un entrenamiento con el de Novelda por sus dominios (aunque esto sería como poner un seat 600 a correr con un Lamborghini), troté un poco por la animada zona de salida, a rebosar por las carreras infantiles previas.

A ver si se me pegaba algo del grandísimo J. Luís


La organización puso marcas de tiempo en los laterales de la recta inicial, detrás del arco, confiando en la buena voluntad de los corredores, para que nos situáramos en el pelotón de acuerdo a los ritmos que pensábamos llevar. Me quedé cerca de la señal de 4:30/km, aunque algo me decía que no estaba para esos ritmos aquella tarde.

No había calentado en exceso y ahí, parado en medio del pelotón, ya estaba empapado en sudor, muerto de calor, notando que aquella última edición era la más húmeda de las cinco que llevaba en mis piernas.



La salida se dio a ritmo de Europe y su The Final Countdown. Tarde unos 20s en pasar por el control de chip, pero una vez allí pude correr con fluidez. Dejando atrás la ya conocida zona del mercado empezamos a correr por el nuevo recorrido, por el polígono y después ida vuelta por el campo de golf. En el tramo de ida el perfil era ligeramente favorable, lo que unido a los ánimos y frescura muscular hizo que no costara correr a 4:30/km de media sin proponérmelo los dos primeros km. Con el globo de 45' a la vista siempre, a 10m, me animé pensando que tal vez podría seguirlo de lejos y acabar en unos 46' largos.

Salida


La cosa cambió cuando tocó volver hacia el puente y sentí el ligerísimo perfil ascendente. Aguanté el ritmo hasta el tercer km pero cuando el segundo puente y su cuesta aparecieron bajo mis pies sentí que estaba muy cansado. La carrera es llana y en otras condiciones las casi imperceptibles subidas no serían problema, pero desde el km 4 yo sentí cada metro ascendente como si estuviera en las cuestas del alicantino castillo de Sta.Bárbara. Decidí olvidarme del globo y aceptar mi condición física de aquella tarde.



Tocaba pasar por otro cambio del circuito respecto a las ediciones anteriores. Este eliminaba el recorrido que bordeaba el Segura, trazando en su lugar una línea recta hasta la zona del centro médico y la policía local, donde nos enfrentaríamos de nuevo a un mini falso llano ya conocido de otros años que terminó de frenarme.

No corría cómodo, estaba sudando muchísimo y sentía que no me había recuperado bien del doblete natación/cuestas del jueves. El ritmo caía irremediablemente y ni siquiera los tramos con algo de pendiente favorable conseguían que acelerara un poco.

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El primer paso por meta, que este año con el cambio a dos vueltas iguales sí que coincidía con el km5 y no el 5.8, dejó claro lo mal que iba la cosa. 23:10. No sería malo si fuera capaz de mantener el ritmo, pensé. 46' al final los habría dado por muy buenos. El problema es que estaba muy cansado y notaba una fatiga y un calor en los cuádriceps que no iban a permitir una segunda vuelta igual a la primera.
Mentalmente tampoco estaba en mi mejor momento. Recuerdo que sobre el km 4 llegué a pensar por un momento en hacer el 5000 y salir (algo que descarté rápidamente, por suerte).

Iniciando de nuevo el tramo en ligerísimo descenso hacia el mercado y el campo de golf decidí que no iba a mirar el reloj hasta la meta para no hundirme. Intenté acelerar, pero las piernas no daban para más. El recorrido en esta zona nueva no tenía mucho público, pero la organización había situado estratégicamente tres puntos de música que hacían más ameno el paso por aquella parte de Rojales.

Foto gracias a Alberto, siempre sonriendo cámara en mano


Cuando tocó volver de nuevo en suave subida hacia la segunda mitad del recorrido sentí que me habían abandonado por completo la motivación y las fuerzas. No quise mirar el reloj (lo hice al terminar) pero sabía que corría muy cerca de los 5'/km y que no había posibilidades de volver a los ritmos iniciales.
Una cuesta tan breve y suave como la del segundo puente se me hizo eterna por segunda vez y el último paso por el centro médico terminó de frenarme (aposté mentalmente a que ahí sí que corría a más de 5'/km)



Me iba dando relevos con otro corredor que parecía estar penando como yo, a los mismos ritmos, y tratar de tenerlo cerca me animó un poco en los últimos metros, aprovechando de nuevo la ligera pendiente a favor. Escuchando la megafonía de la meta a lo lejos traté de acelerar en la recta final y cuando vi el reloj oficial pasar por pocos segundos de los 48' me dije que todavía estaba a tiempo de ver el 47 real si aceleraba (para lo que habíamos quedado, pensé), teniendo en cuenta que salí con 20 segundos de retraso.

48:17 oficial, 47:56 real, 145 de 264 corredores en la general, 23 de 44 en mi categoría y 137 de 225 hombres. Firmaba así mi peor participación en Rojales de las 5 que llevo y uno de los peores diez miles que recuerdo, algo tocado psicológicamente al ver lo que había sufrido para ver menos de 48', en una carrera que en mis mejores tiempos vio uno de mis 10000 más rápidos, en menos de 44'.



Di buena cuenta del avituallamiento completísimo de Rojales, bebiendo muchísimo, pues estaba empapado en sudor, sintiendo caladas las zapatillas y los calcetines, mientras saludaba de nuevo a Jose Luís (podio, para no perder la costumbre) y a Lorena, recién llegada en 50 y tantos, también empapada en sudor, confirmando que la humedad de esta edición era insoportable.


Descripción gráfica de mis sensaciones al terminar



Me retiré a casa bastante jodido física y anímicamente. Sí, está claro que sin entrenamientos de calidad y dándole más a la natación (no soy tan bueno como para que no me condicionen para mal, corriendo, las palizas que nos pegamos en la piscina), no se puede esperar un sub.44 o quizá ni 45, pero ver tan cerca el 50' en un 10000 no era algo con lo que contara en un circuito más bien rápido.

Después, en frío, ya me lo he tomado de otra manera. Por un lado, diría que físicamente no era mi día, pues tengo claro que no llegué con el descanso necesario, y por otro, creo que un 46 largo sigue siendo más que posible en un 10000, a poco que se de bien la cosa y haga algo más de frío. En cualquier caso, pensar en marcas cuando la carrera es algo secundario ahora mismo en los entrenamientos no tiene mucho sentido. Aspiro, ahora mismo, a sobrevivir a Behobia San Sebastián, a acumular km, tiradas largas, y, si puedo, meter un día de cuestas o cambios de ritmos para no olvidar qué es eso de la velocidad, así que los tiempos que salgan, bienvenidos serán.



Mañana toca volver a la carrera de los Castillos, correr en casa uno de los mejores y más duros diez miles que hay en Alicante. Intentaré que el crono no pase de los 50', algo que ya me parecía difícil estando en forma con el perfil criminal de la carrera, pero, sobre todo, pasarlo bien y no sufrir mentalmente tanto como en Rojales. Ya que no meto entrenamientos de calidad entre semana, que la Vega Baja y los Castillos me valgan como sustitutos. La semana que viene, mi tirada larga, 15km en el Gran Fons de Paterna con mi amigo Ramón, y además, control de dieta a ver si afino, aunque sea 1.5kg, vuelta al gimnasio para ejercicios de fuerza y creo que nada de competir ya hasta Behobia, solo nadar y acumular km con unas 3-4 tiradas largas y los entrenamientos de calidad que pueda sacar.

Os cuento cómo va todo en la próxima entrada del blog.
Gracias por estar ahí.
Saludos.

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