Travesía Peñon de Ifach (Calpe) 2019


Lo tuve claro el año pasado nada más entrar al agua, en la anterior edición de la travesía que nadé el fin de semana pasado, la vuelta al Peñón de Ifach. Había nadado una de las mejores travesías de Alicante y sabía que volvería, así que nada más abrirse las inscripciones, con unas 200 plazas más este año, ya estaba apuntado.

Como en el 2018, la hora de inicio de la competición y la distancia desde Alicante obligaban a madrugar, a estar en pie a las 5:00AM para recoger a mis compañeros de Acuatic Mónica y Pascal y dirigirnos a la cala El Racó, pegada al Peñón.


Buena cara, a pesar del madrugón


Una vez en Calpe y después de recoger el chip, el gorro y la bolsa, con mucha publicidad y una camiseta prácticamente igual a la del año pasado, nos reunimos con el resto del club y nos preparamos para la salida. A diferencia del año pasado, en esta edición el mar estaba algo movido y hacía (o eso me parecía a mí) más frío. A falta de media hora para el inicio de la prueba me obligué a meterme al agua, para no nadar más de 3km sin haber calentado un poco, y pude comprobar que la temperatura del mar era muy buena, aunque fuera el último día del verano. Como el año pasado, nadar los primeros metros de la travesía era una gozada. Bancos de peces pequeños se abrían ante mis brazadas y en el fondo de la playa se veía otros peces de mayor tamaño buscando comida entre las algas, todo perfectamente visible gracias a la claridad turquesa de las aguas de la cala. Merecía la pena el madrugón, sin duda, por poder nadar junto a la inmensa mole de piedra entre tanta vida acuática (la vida acuática... cómo me acordé después de esto)



Nadé un rato y salí para pasar por el control del chip después y volver de nuevo al agua, ya que la salida se daba, como en la anterior edición, a unos 100m de la cala, en una línea imaginaria entre una boya y un kayak. Cuando todavía tenía el agua por la cintura y me estaba ajustando las gomas de las gafas una de ellas se salió del enganche y me quedé con las gafas en la mano. Pude arreglarlo rápidamente, pero tuve la sensación de que mi arreglo temporal hacía que las gafas estuvieran demasiado apretadas. El inicio de la prueba parecía estar cerca así que no quise perder tiempo y no le di importancia (lo pagaría después) y me tiré de cabeza dirigiéndome al grupo de salida.






Nada más sumergirme noté un doloroso latigazo que se iniciaba detrás de la oreja derecha, pasaba por el lóbulo del oído y seguía por el cuello hasta la nuez, seguido de una intensa sensación de calor e irritación, como si en esa zona me arrancaran en caliente la piel. Superado el susto inicial, miré a mi alrededor y vi a la culpable, una medusa que no había visto a pesar de la transparencia del mar en la entrada a la cala. El frío del agua salada parecía calmar un poco la picadura, así que ni me planteé abandonar. Era muy molesta, pero pensé que podría soportarlo. Nadando hacia la zona de salida descubrí que aquella no era la única medusa en la zona, aunque en el calentamiento no había visto ninguna.

De repente, cada pocos metros, era muy fácil encontrarse con alguno de estos bichos, de al menos 3 especies distintas, me pareció. Ya en el pelotón de salida, comprobé que no era el único que ya iba marcado por alguna de estas criaturas marinas y el retraso en la salida (15' como poco) no ayudó a disminuir el nerviosismo de los nadadores, algunos ya con picaduras y otros tratando de no recibirlas, viendo como aparecían muchas en aquella zona.



Cuando el frío por estar tanto tiempo parados empezaba a ser molesto se dio por fin la salida. Temía dar una patada y llevarme otra picadura en los pies o las piernas, y con las burbujas de los nadadores de delante tampoco podía ver bien qué había delante de mí, así que confié en que el grupo iría abriendo camino y que, si había más medusas, serían espantadas por la cabeza de carrera y tal vez me libraría de más picaduras.

Nadé cómodo el trayecto hacia el extremo del peñón, siguiendo siempre a un grupo de mi mismo ritmo y tratando de no quedarme separado para evitar medusas. Para que negarlo, me venía bien que otros nadadores fueran delante abriendo camino y se llevaran, llegado el caso, la picadura de la medusa en mi lugar, además de permitirme nadar algo mejor siguiendo su estela. El mar estaba algo movido, pero no me sentía demasiado lento y tenía la impresión de que, aunque nadaba con miedo a otra picadura de medusa, mi ritmo era bastante bueno en aquel primer km.

Girando el peñón hacia la playa


La cosa cambió 500m después, casi girando ya hacia la cara norte del peñón. Me quedé separado de los grupos que tenía cerca y empezaron a aparecer frente a mí algunas medusas. Por suerte las veía a tiempo, paraba, las esquivaba y seguía adelante. Repetí este proceso varias veces y ya no volví a nadar confiado. Si nado demasiado rápido no soy capaz de ver con claridad delante de mí y sintiendo todavía la picadura inicial latiendo fuerte, especialmente en el oído y en la piel del cuello que queda detrás, no me la quise jugar.

A pesar de todo esto, según pude ver después en el Garmin, el 2000 pasó en unos sorprendentes 35:46, probablemente por algo de corriente a favor (no me lo explico, si no fue así), aunque de camino a la playa, después de girar el peñón, el ritmo cayó en picado, sintiendo muchas veces que nadaba ligeramente a contracorriente.
Empecé a sentirme muy lento y cansado. Estaba algo separado de cualquier grupo, sin poder alcanzar a un pelotón de unos 50 nadadores que había 100m de mí, y empezaba a sentir, paranoia mía seguramente, como si el veneno de la picada se extendiera hacia el ojo derecho.
Obviamente no era así y la explicación era más sencilla. Apreté tanto las gafas al entrar al agua y había estado tan preocupado por no ser picado por segunda vez que no había sentido cómo se clavaban en la piel y, en aquel punto de la travesía, el dolor se hizo insoportable.
Paré (oootra vez), intenté ajustarlas rápidamente y seguí, pero pocos metros después seguían sintiéndose demasiado apretadas. Volví a detenerme, las aflojé de nuevo, viendo como era adelantado cada vez por más nadadores, y reinicié la marcha.

No estaba disfrutando la travesía y solo pensaba en terminar. Con el fondo arenoso de la playa a la vista, en un mar algo más transparente que en los últimos 1000m, era fácil ver todavía alguna medusa, pero muchos metros por debajo de mí.
Nadaba con una técnica poco natural, mirando demasiado al frente para evitar tragarme alguno de estos bichos, y sacando la cabeza con frecuencia para ver dónde estaba el arco de llegada en la playa.


El último tramo se hizo eterno, por el cansancio y por las ganas que tenía de acabar. Normalmente nado todo lo que puedo hasta que es imposible dar brazadas, pero esa mañana, cuando vi que era posible ponerme en pie, di por terminada la travesía y ni siquiera corrí.
Anduve sin mucha prisa hacia la meta, viendo un crono oficial alejadísimo de la marca del 2018.




Paré el reloj en 1:05:58, terminando el 352 de 546 (muchos nadadores abandonaron nada más empezar, picados o con miedo a picaduras), 145 de 190 en mi categoría. Casi 10' peor que el año pasado, pero dadas las circunstancias (peor mar, medusas, etc.) había que darlo por bueno.
En el magnífico avituallamiento de la travesía me reuní con el resto del club (creo que todos, sin excepción, acabaron antes que yo), y pude comprobar que éramos mayoría los que volveríamos a casa con un recuerdo de las aguas calpinas grabado en la piel en forma de picadura de medusa, aunque todos habían hecho una travesía infinitamente mejor que la mía.
También pude compartir penas con Pablo y Sara, esta última en plena forma desde que le pega al waterpolo a un nivelazo altísimo y que había conseguido un tiempazo (también se llevaba alguna picadura de recuerdo)

La gran protagonista de la jornada

Durante la travesía, con la herida en la zona derecha de la cabeza y respirando a izquierda, mi picadura estuvo al fresco y mojada en agua salada durante toda la competición, lo que permitió aliviar un poco la molestia, pero una vez fuera del agua y con el calor, el dolor, especialmente en la oreja y en la zona alta del cuello, empezó a ser insoportable, así que me uní a la larga cola de afectados por picadura de medusa que esperaban a ser atendidos en la ambulancia, viendo mientras esperaba que podía dar gracias a tener "solo" la herida del cuello. Un hombre tenía media cara deformada por este motivo y la mujer que tenía delante de mí contó unas 8 picaduras entre brazos, piernas y dedos de los pies. Cuando llegó mi turno, el alivio fue casi inmediato cuando la gasa del enfermero pasó por la larga marca de la picadura, aunque tardé más de 24h en olvidarme de ella, sobre todo por el dolor en la zona del oído.






Travesía para repetir, en cualquier caso, ya que el entorno lo merece y parece que poco a poco van mejorando cosas en la organización. Posiblemente el año que viene salgamos desde la playa que hay junto al puerto en lugar de empezar desde la Cala, con lo que podremos empezar a nadar desde la orilla y evitaremos la incómoda entrada al agua por las piedras, aunque aumente la distancia de la competición unos 400m. Por otro lado, imagino que habrán aprendido y verán que un solo WC químico es insuficiente para tantas personas.
Por mi parte, ya estoy deseando que llegue la siguiente edición para tomarme la revancha.




Ahora toca pensar en carreras, sin olvidar del todo la natación. Correré dos fines de semana seguidos, primero mañana en Rojales, volviendo a estrenar la temporada en la misma carrera de la Vega Baja por cuarto año consecutivo (creo), y el siguiente domingo vuelta a la carrera de los castillos en Alicante, uno de los mejores y más duros recorridos de mi ciudad.
Con Behobia San Sebastián tan cerca, solo pienso en acumular km, usar estas competiciones para dar algo de vidilla a los entrenamientos (no hay mucho entrenamiento de calidad, las cosas como son), y sobrevivir a los 20km de la carrera donostiarra, sin pensar en marcas ni ritmos de ningún tipo.
Después, natación a tope para Santa Faz y Oropesa-Benicàssim.

Os cuento cómo va todo en la próxima entrada del blog.
Gracias por estar ahí.
Saludos.


Comentarios

  1. Nadar con tanta medusa es una p. m... Pero la Travesía es tan guapa, en fin nene, vamos a darle caña a la zapa para ir a San Sebastián con dignidad

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    1. De lo mejor que he nadado por aquí, lo tengo claro. Repetiré siempre que pueda. Y para noviembre... no aspiro a más, no morir en el km 15 y llegar con dignidad. Eso sí, lo pasaremos de lujo seguro : )

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