TRAVESÍA A NADO PLAYA DE PINEDO 2019


Igual que sucedió cuando empecé a correr, descubriendo pueblos y ciudades que de otro modo no habría visitado y conociendo a muchos otros locos del asfalto que compartían mi pasión por las carreras populares, desde que empecé a nadar he ido ampliando poco a poco mi lista de playas conocidas y ya no me limito solo a las de la provincia de Alicante. Gracias a los otros "locos" que he conocido en la natación ya no me importa, como pasa con las carreras, echar km para visitar playas lejanas y ver cómo organizan las travesías en otras ciudades.
El pasado sábado le llegó el turno a una travesía valenciana que ya lleva más de diez años organizándose, la de la playa de Pinedo, junto a la desembocadura del Turia, antes de llegar al puerto y en el extremo norte de la Albufera valenciana.
Como os decía, la distancia a recorrer para ir nadar no importa mucho cuando te acompaña gente que comparte tu sana locura deportiva y, aunque no hubo esta vez nadie del club que se animara, sí que vino conmigo a Valencia, de nuevo, mi gran amigo Ramón.

El madrugón dolió la primera media hora, pero una vez en el coche el camino a Valencia pasó sin sentir, poniéndonos al día y comentando futuros retos deportivos. Con tiempo de antelación más que suficiente aparcamos junto a la playa, recogimos el gorro y el chip y nos rotulamos el dorsal en el hombro.
El día amanecía algo cubierto, sin viento y el mar no llegaba a estar tan tranquilo como en otras travesías espectaculares como la del peñón en Calpe o el pasado Acuatrail del Cabo, pero no iba a ser problema para nadar, pues estaba casi plato.

Pura fotogenia, lo mío xD


Después de un café rápido tocaba dejar la mochila en el guardarropa y ver si se podía nadar tan bien esa mañana como parecía desde fuera del agua. Ramón prefirió no gastar energías, pensando que iba a sufrir demasiado aquella mañana para completar la travesía (se veía, equivocadamente, de los últimos, cuando no fue así al final). Yo tenía claro que iba a ir a tope y que había que calentar, así que nadé hasta la primera boya, la que indicaba el giro a la derecha iniciando el primer tramo largo del rectángulo que dibujaba el recorrido en el agua. La temperatura era buenísima y se nadaba con mucha comodidad, casi sin movimiento en el agua, sin olas, aunque la claridad del agua de la orilla desaparecía 20m después dando paso a un mar muy turbio, sin mucha visibilidad más allá de 1 metro delante de mis brazadas. Además de calentar pude ver que la situación de las boyas y su tamaño eran más que suficientes para no desorientarnos así que, con todo controlado, salí a la orilla a esperar la salida de la travesía.



Seríamos unos 300 nadadores, pensé, mientras decidía en qué posición del pelotón arrancar. Me quedé en el centro del grupo y después de la cuenta atrás que señalaba el inicio de la competición salí corriendo, concentrado y sabiendo que el comienzo sería agobiante entre tanto nadador, pero intentando mantener la calma y que no me pasara lo mismo que en la travesía de Hogueras, cuando tardé muchísimo en nadar tranquilo y casi abandono en el primer km.

La llegada a la primera boya fue muy rápida y sin demasiadas complicaciones. El grupo no se había estirado mucho, pero conseguí encontrar mi sitio y no di ni recibí demasiados manotazos ni patadas. Después del giro, con una visibilidad casi perfecta, no hubo problema en buscar la siguiente boya, la señalada por el número 1. El camino a la segunda fue algo más largo y pesado, al estar bastante más alejada que la anterior y haberme excedido un poco en la velocidad.

No me sentía tan ligero como habría esperado, no notaba que deslizara tan bien como debería y los músculos parecía que iban a cansarse antes de tiempo. No quise mirar el reloj para saber ritmos ni marcas. Que fuera lo que tuviera que ser, pensé.

La lejana boya 2 llegó por fin y, con ella, el giro a la izquierda y el camino por el primer lado corto del rectángulo, una zona en la que apareció algo de oleaje. ¿Iba a complicarse la cosa a mitad de travesía?
Por suerte esa zona de mar movido quedó atrás cuando iniciamos el camino de vuelta por el otro lado largo del rectángulo, en sentido contrario al primero, alejándonos de la boya 3.

Al haber bajado un poco el ritmo había recuperado algo de fuerzas y sentí que podía acelerar un poco. Empecé a dar caza a grupos de nadadores que iban por delante de mí y en alguna ocasión levanté la cabeza un poco y no me dio la impresión que hubiera muchos competidores por delante. Probablemente estaba entre los 100 primeros, pero no quise darle muchas vueltas. Había mucho camino que recorrer todavía.

Cuando pasé por la boya 4 me despisté. Aunque había visto un plano en la salida que indicaba claramente que el lado largo en el que nadaba constaba de las boyas 3,4,5 y 6, siendo la 3 y la 6 vértices del rectángulo, me equivoqué y aceleré camino a la 5 pensando que esa era la última y que ahí giraría ya hacia el arco de meta. Me notaba algo cansado y no tenía la impresión de estar llevando un ritmo tan bueno como esperaba, pero pensando (equivocadamente) que el final estaba cerca, aumenté la velocidad.

6ª boya...


Cerca de la boya 5 vi seguir en línea recta a los nadadores y fui consciente de mi error. En ese momento la boya 6, la última, parecía lejana y no había fuerzas para mantener el acelerón. Bajé el ritmo y me dije que tal vez descansando un poco en el camino a la última boya podría recuperar fuerzas para un último sprint una vez hubiéramos girado.

Cuando giré hacia la costa vi que me equivocaba y que no había fuerzas para acelerar todo el tramo de camino a la arena de la playa. A unos 100 metros del final calculé que podía echar el resto sin arriesgarme a morir al ponerme en pie, así que subí el ritmo de la patada, braceé lo más rápido que pude y cuando los dedos rozaron la arena me levanté y todavía hubo fuerzas para dar dos o tres saltos dando patada de mariposa en el agua para avanzar algo más rápido.

Conseguí parar el reloj en 37:38, posición 91 de 230 en la general, 14 de 44 en mi categoría y 73 de 173 hombres, algo que me pareció en ese momento que no estaba mal pero que quedaba algo lejos de lo que habría esperado. Confiaba en poder ver el minuto 36 sin problema, nadar a más de 1:48/100m en los 2080m que midió el Garmin, un ritmo ligeramente más lento, por ejemplo, que el que llevé en Calpe el año pasado para 1300m más (es verdad que el mar allí sí que era una balsa y facilitaba mucho la natación)





Después de quitarme la sal en las duchas que había montado la organización y recuperar fuerzas en un avituallamiento muy completo esperé a que llegara Ramón.
Acababa en el tiempo que había previsto y, como le dije, lejos de ser el último. Comentando con él las malas sensaciones mientras me hacía ver la buena posición que ocupaba yo en la clasificación me hizo la pregunta clave de la mañana "¿...pero vamos a ver... ¿Cuál es tu mejor marca en 2000m sin neopreno?"



Resulta que hasta ese momento no lo había pensado. Hice memoria y... aquella mañana había hecho mejor marca personal y ahí estaba yo, quejándome de sensaciones, de no haber afinado 1 minuto más y no sé qué hostias más... ¡Disfruta, joder! me grité mentalmente, felicitándome por fin. ¿Podría haber ido mejor? Seguro. Siempre es posible. ¿Era una buena mañana, un buen resultado y debía estar (lo estuve después) contento? ¡Claro!





Con otro ánimo muy distinto, una vez fui consciente de la gran travesía que había hecho y de que la mejoría acuática sigue sin prisa pero sin pausa recogimos y volvimos a Alicante, pensando ya en la próxima en la que coincidiríamos de nuevo (Travesía Sant Roc, Denia) y en la próxima cita deportiva mía, este domingo, aprovechando que paso unos días por Madrid, la Nelson Mandela Race, 10km en medio de una previsible ola de calor que, junto al perfil del recorrido y mi poco entrenamiento de carrera, hacen que me olvide de marcas de ningún tipo y solo piense en pasarlo lo mejor posible.

Os cuento cómo va todo en la próxima entrada del blog.
Gracias por estar ahí.

Saludos.

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