10KM PILAR DE LA HORADADA


Pocas carreras a la vista ya con la llegada del calor y con él, al menos para mí, el final de la temporada, después de la última competición en la que he participado. El pasado fin de semana estuve a punto de correr el 10k de mi ciudad, Alicante, pero vi que coincidía con otra carrera a la que le había echado el ojo hacía tiempo, los 10km de Pilar de La Horadada y al final me decidí por mi querida Vega Baja.

Me acompañaba de nuevo mi amigo Ramón y, madrugadores, llegamos a Pilar de la Horadada el domingo con mucho tiempo de antelación para recoger tranquilamente el dorsal y espabilarnos un poco con un café y charreta previa a la carrera.

Ramón sigue preparando su maratón de Pamplona y corría la media que también salía esa mañana a la vez que el 10k. Yo, notando ya la carga de kilómetros acumulados desde septiembre, sentía que había acertado eligiendo la carrera "corta". La semana previa, además, había entrenado en exceso, tal vez, y aunque descansé dos días seguidos antes del domingo amanecí con una sensación de pesadez en las piernas que no permitía augurar nada bueno para una carrera que habría esperado que fuera rápida.




Calentando un poco por la calle Mayor, salida y meta de las dos carreras, ya se podía ver que el circuito no era todo lo llano que había imaginado. Nada serio, en realidad, no muchos metros de elevación, pero aquel falso llano seguro que iba a pesar en mi estado de forma aquella mañana.

Pude situarme bien en el pelotón de salida, teniendo a la vista el globo de 45 minutos, una marca que confiaba poder conseguir, sub.46 el menos, y después de saludar rápidamente a Erica me adelanté un poco más en el grupo. Sin mucha más espera, arrancaba la prueba en ligera cuesta abajo por la calle Mayor.

Salida

Me quedé cerca del globo de 45 y después de ver que, al menos los primeros metros, cumplía con el ritmo, lo tomé como guía. El primer mil pasaba muy rápido, menos de 4:20, pero poco después el ritmo volvía a ser el esperado. No aspiraba a menos de 45 minutos esa mañana así que adelanté unos metros al globo y me dije que si conseguía no verlo durante la carrera sería buena señal. Todo lo que pudiera alejarme de él sería una sorpresa inesperada.



En el falso llano que nos llevaba hasta la calle Mayor de nuevo, poco después del 2000, pude aguantar el ritmo pero una vez en la calle principal de Pilar, cuesta abajo, no pude subir la velocidad como habría esperado en un tramo tan cómodo.

Un giro de 180º casi a la altura del arco de salida y volvíamos a subir la calle Mayor, notando, ahí sí, que no era mi día en absoluto.

Poco antes del cambio de sentido de la calle Mayor
Saludé a Ramón, que no iba muy lejos de mí, en sentido contrario, y aguanté como pude el falso llano, pensando que al final todo lo que subíamos lo recuperaríamos bajando.
Empecé a bajar el ritmo poco a poco, sufriendo más de lo esperado para mantenerme a 4:30/km, y cuando me adelantó el globo de 45' empecé a desanimarme. Ni media carrera y ya tocaba sufrir para seguir al guía de los tres cuartos de hora.

Comenzaba, además, el tramo de la carrera más solitario y monótono. Corríamos hacia el polideportivo, pasábamos por la pista de atletismo en la que solo tuve ánimos del conserje del recinto y la música de ACDC de unos altavoces y salíamos a una zona de solares que no ayudaba nada a superar el bache mental y físico.

Veía el globo de 45' cada vez más lejos y no quise mirar el tiempo del 5000. Fuera el que fuera no iba a poder repetirlo por segunda vez. Nos separábamos momentáneamente del medio maratón para volver a coincidir con su recorrido poco después y en ese punto me felicité por no haber elegido correr la media. Ni era mi día ni estaba disfrutando lo más mínimo de un circuito que cada vez parecía más triste y aburrido.

El ritmo seguía cayendo en picado y, además, en algún momento de la carrera, me lié con el tiempo que vi en el Garmin y la situación de los puntos kilométricos en el asfalto, repetidos en diferentes lugares al contar por separado las distancias para la media y para el diez mil (creí haber perdido la cabeza cuando vi dos veces un cartel con un 7)

Al pasar por una amplia zona con suelo de cemento pulido que ya había visto al aparcar el coche me animé un poco, sintiendo que el final estaba cerca. Del km 6 al 8 bajábamos suavemente pero mis piernas eran incapaces de remontar el ritmo y por un momento, con mis cálculos equivocados, pensé que iba a tardar 47 minutos al menos en llegar a la meta. Entrenamiento de calidad, pensaba, tratando de no venirme abajo del todo.



Llegando a la que creo que era la única zona ajardinada del circuito pude por fin hacerme una idea real del tiempo que podía ver en la meta y me animé. Me había equivocado haciendo cálculos, desde luego, pero es que, además, el globo de 45, al que ya casi no veía, estaba corriendo muy rápido. Demasiado. No era un guía fiable.

El tramo del parque se recorría de subida y bajada dejando ver por fin el último km. Si apretaba un poco y no flojeaba en la suave subida de la calle Mayor todavía podría ver, para mi sorpresa, los 44 minutos.

Dicho y hecho. Aguanté como pude el ascenso, mirando el reloj oficial a lo lejos, y cuando tuve claro que conseguía bajar de 45 me relajé un poco.

Meta. ¡Qué duro había sido!


Cruzaba la meta en 44:45, 44:42 en mi Garmin a falta de tiempos reales en la clasificación,  71 de 410 en la clasificación general, 13 de 35 en mi categoría y 68 de 275 hombres, nada mal situado después de todo y en un tiempo por el que no habría apostado antes de echar a correr ni mucho menos en el km 5 de la carrera. Teniendo en cuenta las malas sensaciones y lo cansadas que notaba las piernas toda la semana, había que dar por bueno el resultado y estar contento. 44:45 sintiéndome así podría convertirse en un tiempo muy bueno en otro diez mil si llegaba descansado.



El avituallamiento final era muy completo y abundante y mientras recuperaba fuerzas pude hablar con el portador del globo de 45'. Había entrado en 43:30 aproximadamente y se limitó a preguntar "¿y por qué no me avisáis?" No quise discutir. Pienso que cuando alguien se ofrece a ser guía de un tiempo determinado en una carrera no puede permitirse ser tan irresponsable y subir el ritmo 10'' por km. No corres para ti, lo haces por participantes que son probablemente son mucho más lentos que tú, que te ofreces a llevar un ritmo que seguramente es de paseo para tu estado de forma.

Recogí algo de comida y bebida y sabiendo que estaba a tiempo de ver a Ramón en los últimos metros de la media me situé cerca del km 20, le animé y le hice un par de fotos para su blog y todavía pude acercarme a la meta y hacerle alguna foto más felicitándole por el tiempazo que conseguía, una marca increíble de 1:35 larga que deja claro lo bien que lleva la recuperación de su estado de forma y la preparación del maratón.


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Viendo el final de la media seguía felicitándome por no haber elegido la prueba larga esa mañana. El circuito, a pesar de que el paisaje de la Vega Baja siempre me ha gustado para correr, no me había parecido nada atractivo y en algunas zonas era tan desangelado que no quería ni imaginarme lo que debía sentirse pasando por allí dos veces. Sinceramente, dudo que vuelva a participar en ninguna de las dos pruebas. Seguramente habría disfrutado más el 10000 de Alicante, al que seguramente no fallaré el año que viene.



Ahora toca centrarse en la que seguramente será la última prueba "seria" de la temporada, el 10k de Almoradí del próximo fin de semana el sábado por la tarde. No contaba con poder correrla rápido pero gracias a la carrera del pasado domingo, a pesar de ir tan mal, pienso que si llego con el descanso adecuado podría hacer buena marca. Digo "seria", porque después ya no tengo en mente correr a tope ninguna carrera. Se acabó, seguramente hasta después de verano, el machaque asfaltero. Tengo varias travesías a nado a la vista, aquatlón, entrenamientos en aguas abiertas al fin, ahora que vuelve el buen tiempo, y aunque sí que correré alguna prueba de asfalto, como los 15km de Massamagrell, ya solo pienso en correr por sensaciones, a disfrutar del circuito. Caerán seguramente algunas de las carreras por arena de Brotons este verano, haciendo doblete alguna vez con las travesías a nado que se organizan después, y tal vez participe en alguna típica de verano como la subida al santuario de Novelda o la bajada Hondón - Aspe, pero después de Almoradí ya pienso más en deporte acuático y en mejorar un poco a nado que en las palizas asfalteras.

Os cuento cómo va mi próxima visita a la Vega Baja en la siguiente entrada del blog.
Gracias por estar ahí.
Saludos.

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