CARRERA BASE AÉREA ALCANTARILLA 2020



Siguiendo con mi intento de llegar lo mejor preparado que pueda a las medias de Elche y Alicante, la acumulación de km pasa por las necesarias tiradas largas dominicales. La semana anterior a la carrera de la que os hablaré cayó una tirada de 16km en progresión en un circuito espectacular por Alicante, recorriendo parte del centro y la costa a ritmo controlado la primera parte y apretando lo que pude en la segunda, algo difícil al encontrarme muchos km cuesta arriba. Las sensaciones fueron mejores que en los últimos entrenamientos y carreras oficiales y me dije que, tal vez, la siguiente tirada larga, la que iba a hacer coincidir con la gran carrera de la base aérea de Alcantarilla del 1 de marzo, podría darse bien y dejarme buen sabor de boca de cara a la media de Elche.

Así de optimista llegué al domingo, con dos días de descanso acumulados, aunque las piernas todavía no parecían estar al 100% después del entrenamiento del martes, la natación del miércoles y una salida ligera a correr el jueves. No me desanimé. Me había encontrado bien haciendo deporte los últimos 4 días y la carrera que había elegido para la salida larga de la semana me traía muy buenos recuerdos de mi primera y única participación hasta la fecha allí, en el 2018. La carrera de la base aérea de Alcantarilla es un ejemplo de organización sobresaliente, cuidado al corredor y conocimiento de la carrera popular. Incluida en una liga murciana de carreras, con 7 años de vida sigue superando el nº de inscritos en cada edición y en esta última, añadiendo la opción de 5km de caminantes a los 14 y 5km de la carrera de siempre, han pasado de largo los 3000 participantes, rozando, si no me equivoco, los 4000, entre todas las pruebas.
El buen hacer de los militares de la base se nota desde que se recoge el dorsal. División en el nº necesario de filas por números, voluntarios ayudando y dando información, rapidez en la entrega de una de las múltiples bolsas que nos llevamos a casa esa mañana... Porque sobre la bolsa de esta carrera es necesario dedicar unas líneas aquí. Cuando al recogerla, al llegar, te llevas una mochila, dos camisetas (esto de las dos camisetas creo que solo lo he visto en un par de carreras, murcianas ambas), una braga para el cuello a juego con una de ellas, 2 barritas de cereales, detergente, embutido, muestras de mermeladas y aceitunas, zumo de limón... (algo me dejo, seguro) podría pensarse que ya tienes todo, pero es que al terminar la carrera cae otra bolsa, con bebida, lechuga iceberg, picatostes... (definitivamente, no soy capaz de hacer inventario de todo). Y no hay que quedarse solo con lo material. El precio también es ajustadísimo y el circuito está perfectamente atendido en cuanto a voluntarios y avituallamientos. El único "pero", que no lo es en realidad para mí pues es parte de su atractivo, es el perfil rompe piernas y tramos sin público (lógicamente, por otra parte) en la base aérea.
En general, la carrera es una prueba muy buena que por distancia y tipo de recorrido merece la pena ser corrida año tras año y a la que le tenía muchas ganas este 2020.



El parking que ya conocí en el 2018, utilizado creo para algún tipo de feria o evento cercano, llegando una hora y cuarto antes de la carrera permitía dejar el coche a 5' de la entrega de dorsales y 10' de la salida, así que no innové y repetí ubicación. Sabía que no iba a hacer el frío de mi anterior paso por Alcantarilla (eché un vistazo a fotos de mi crónica de entonces y vi que mi amigo Ramón empezó con guantes, por ejemplo), pero no contaba con una prueba a más de 20ºC un 1 de marzo. Recogida rápida de dorsal y bolsa, gracias a la ya mencionada eficiencia militar, vuelta de reconocimiento a la zona, ambientadísima con tanto participante y con mucha presencia de policía nacional y militar, supongo que por la cercanía de la base y la gran concentración de corredores y público, y rápido al coche a cambiarme.
Camiseta de tirantes, cinturón y 1 gel , protección en pezones e ingles con vaselina, gafas, cinta... todo revisado con la calma que da tener todavía media hora por delante y en pocos minutos ya estaba trotando hacia la salida.

Con más de 3000 corredores aquello era una fiesta en la calle y los ánimos seguían por todo lo alto. El efecto dorsal en pleno apogeo. La acertada división en cajones de salida me dejó en uno bastante cerca de la primera línea, aunque por lo que vi, al no haber nadie controlando los accesos (no me miró nadie al entrar a mi cajón), fiarse de la buena voluntad del corredor hacía que en realidad cualquiera pudiera entrar donde le diera la gana. Estiré un poco mientras se acercaba la hora de la salida, me situé lo mejor que pude cuando se quitó la separación de los cajones y, después de 1' de silencio por el piloto militar fallecido hacía unos días, la carrera arrancó con fluidez por la Calle Mayor.

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¿Mi objetivo? Igualar el tiempo del 2018 era imposible. Llegué entonces muy rodado, con mucho entrenamiento de carrera y fuerte como nunca. Conseguí una media global de 4:32/km, algo que ahora mismo veo y casi no reconozco como mío de lo lejano que se siente respecto a mi estado de forma actual. Este año, con correr a 4:40 ya me conformaría o, al menos, una media que en medio maratón me dejara bajar de la hora cuarenta, aunque fuera por la mínima.
A pesar de mis modestas pretensiones, el inicio de la carrera tenía un perfil favorable, seguramente el tramo más cómodo de todo el circuito, casi dos km en suave bajada, así que no podía dejar pasar la oportunidad de ganar tiempo que seguramente iba a perder después.




No costó avanzar a 4:27 y 4:33/km los dos primeros km, pero poco después del giro junto a la fábrica de Hero, con la vista de la noria de Alcantarilla a la izquierda,  se iniciaba una subida de 2km por la larguísima avenida del Príncipe que, sin ser demasiado dura, sí me hizo ver cómo había empeorado mi condición física respecto al 2018. Dos años atrás no me pareció tan dura, pero en esta edición, incluso controlando el ritmo, dejándolo caer a cuatro cuarenta y poco en los km 3 y 4, sufrí más de lo esperado. Llegó un respiro de unos 200m, un pequeño tramo de bajada hacia las afueras de Alcantarilla cruzando la rotonda del Aviocar  C212 en dirección a Sangonera La Seca, pero habiendo revisado el perfil de la carrera la tarde anterior y por mi experiencia de hacía dos años sabía que no había que confiarse. Poco después llegaría la subida más dura del recorrido, corta, pero con una pendiente que sabía que me frenaría, así que no subí demasiado el ritmo, reservando fuerzas.
Me entretuve viendo a corredores en sentido contrario y tratando de no perder la compañía de una inesperada pareja de carrera, una chica de unos treinta años que parecía llevar un ritmo similar al mío y con la que, sin darme cuenta, estaba compartiendo carrera y velocidad. La entrada a la pedanía fue más dura de lo que recordaba y vio pasar en el reloj el primer km por encima de 4:50/km, el 5º mil. Bebí agua, aproveché la bajada y, aunque sabía que iba a sufrir y que (¡¿otra vez?!) tocaría correr con malas sensaciones, me dispuse a pelear hasta el final.


Rodeamos brevemente Sangonera La Seca y después de pocos metros ya estábamos de vuelta, camino de nuevo a la rotonda del Aviocar para girar a la derecha, subir el paso sobre las vías del tren (curioso cómo wikiloc indica que aquí hay bajada, cuando se trata de un paso elevado) y dirigirnos a la base aérea. Los falsos llanos en la entrada a la base y el que recordaba como el tramo más pesado de la carrera, la ida y vuelta a la pista de aterrizaje del recinto, 500m de ida y otros tantos de vuelta, me fueron frenando poco a poco, dejando mi ritmo medio cada vez más cercano a los 5'/km y haciéndome perder puestos en la carrera. Me intentaba entretener mirando los aviones, las instalaciones militares o a los corredores en sentido contrario en el tramo de la pista, pero el calor y el bajón psicológico eran más fuertes y no había forma de recuperar fuerzas ni ánimo. No ayudaba tampoco el estar comparándome mentalmente en ese punto del circuito con mi versión en la carrera del 2018. ¿Tanto había cambiado mi condición física?




Llegaban, para empeorar la situación, los km más solitarios y aburridos del recorrido, abandonando la base aérea por pistas de tierra compacta, desde el km 9.5 hasta el 11. Me intenté animar, recordando que el perfil del recorrido sería ligeramente favorable, aunque aquello no se notaba demasiado en mi ritmo medio. Conseguí subir a 4:45/km en el paso por el km 10, con poco más de 47' en el reloj (un buen paso por el 10000 para medio maratón, me dije, sub. 100' por segundos, intentando darme ánimos), pero poco después, desde el Polígono Industrial Oeste hasta la entrada a Alcantarilla por, otra vez, la rotonda del aviocar, un largo falso llano volvió a frenarme.

Mi joven acompañante de los primeros metros de la carrera, a la que había dejado atrás hacía varios km, se ponía a mi paso un par de minutos para adelantarme después unos 5m, aumentando así mi sensación de pinchazo. De nuevo, recordando cómo corría mi versión del 2018 en esa zona, la comparación me dejaba en muy mal lugar. La fuerza y velocidad de entonces en los últimos km de la carrera no tenían nada que ver con las del 2020. Casi no pasaba de los 5'/km subiendo como podía la última rampa, la del paso elevado sobre las vías del tren, pero intentando no perder la estela de mi liebre anónima, aguanté como pude.

Me vino a la cabeza el recuerdo de ese punto del circuito en el 2018, con mi amigo Ramón, iniciando ambos un sprint hacia la meta aprovechando que, hacia la Calle Mayor, hacia la meta, corríamos en suave descenso. Entonces pude subir a 4:09/km hasta terminar la carrera, algo que en esta edición y en mi lamentable estado parecía imposible repetir, pero me dije que un último acelerón debía ser posible.

Últimos metros

Mi compañera de carrera pareció pensar como yo y aceleró también, aunque mi cambio de ritmo fue más rápido. La dejé atrás y con el corazón a mil por hora (creo que Garmin registró algo más de 190PPM) lo di todo en la calle principal de Alcantarilla, buscando con la mirada al final de la larga recta el arco de meta.
Me quedé sin gas demasiado rápido, y todavía a 500m del final tuve que frenarme un poco, algo que me permitió ver de reojo que mi anónima acompañante se había sumado al absurdo pique final y casi se ponía a mi paso. Aceleré de nuevo, dejándola atrás,  y aguanté el sprint hasta la meta, sin volver a ver a la chica (resultó ser 5ª senior y primera local), y paré el reloj, casi infartado, con un último parcial por encima de 4:17/km (no daba para más), en 1:06:30, 1:06:18 real, 513 de 1753, 112 de 322 en mi categoría, 494 de 1477 hombres.


El ritmo medio se quedaba en los 4:44/km, muchísimo más lento de lo que habría querido, pero algo mejor que en Santa Pola, por ejemplo, y mejor también que mi última carrera, recordé, mientras trataba de animarme en el gran avituallamiento final de la carrera.





De cara a la próxima prueba, la media de Elche el próximo domingo, debería quedarme con esto, la ligera y escasa mejora progresiva de las últimas semanas, pero no puedo evitar ser pesimista. La edad, los malditos 2,5kg que no consigo rebajar (no es solo el peso, es también la composición corporal), ver mi primer año después de varios seguidos en el que las marcas nadando o corriendo son peores que el anterior... por lo que sea, no me siento nada en forma ni fuerte anímicamente y el objetivo para la media ilicitana, bajar por la mínima la hora cuarenta, aparece ahora, tal vez, como demasiado pretencioso. Quizá la media de Santa Pola no fue una carrera floja, aunque pinché en el km 15. Tal vez salió entonces un gran día y no puedo aspirar a mejorar aquella marca en Elche, con un perfil que, aunque suave, no es tan llano como el santapolero.
Supongo que me la jugaré (me conozco) y buscaré al menos igualar Santa Pola en Elche, pero no tengo mucha confianza en lograrlo. Quién sabe, a partir del próximo mes podré volver a entrenar regularmente natación con el club y puede que con esto mate dos pájaros de un tiro, aligerar peso y mejorar un poco el estado de forma. Después de Elche tenía pensado centrarme en la media de Alicante de abril, pero he conseguido plaza para nadar Tabarca Santa Pola en julio y creo que para llegar en condiciones, después de tanto tiempo sin nadar regularmente, es necesario darle prioridad en abril, mayo y junio al deporte acuático para no sufrir tanto como en el 2017, así que con la carrera del próximo fin de semana se acaban los objetivos de ningún tipo en el asfalto. Correré las medias de Alicante y Almansa (y alguna que otra popular más, seguro), pero ya sin pensar en marcas de ningún tipo. La temporada pasará como un trámite y preparación para la siguiente, en la que sí que habrá que ponerse serios (buscaré el asesoramiento adecuado) para cumplir con alguna garantía con el objetivo que ya hay a la vista para el 2021.

Ahora, a verlas venir y esperar que la rebaja de intensidad en el entrenamiento estos días me deje llegar en buenas condiciones a la media de Elche y allí... que sea lo que tenga que ser.
Os lo cuento en la próxima entrada del blog.
Gracias por estar ahí.
Saludos.




Comentarios

  1. Como molan tus crónicas, y esos piques molones y absurdos a la vez. Volveremos a Alcantarilla, me parece de lo mejor del Levante!

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    1. Con la tontería de los piques he salvado sin darme cuenta algunos finales de carrera jajajajaj Y sí, Alcantarilla Es una carrera buenísima. ¡¡Volveremos!!

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