TRAVESÍA DE HOGUERAS 2018


Con el parón asfaltero hay pocas carreras a la vista a corto o medio plazo y el blog podría quedarse algo olvidado, inactivo (¿no era esto "CORRE" sin parar?) pero... ¡no! La temporada acuática acaba de comenzar "en serio" y las travesías en aguas abiertas y acuatlones ocupan gran parte de la agenda deportiva que tengo prevista hasta septiembre.
Para empezar a probarme y ver cómo responde el cuerpo en el mar sin neopreno (¡por fin!) el pasado domingo participé en la Travesía de Hogueras que organiza RC7 Alicante ayudando a AEAL, Asociación Española de Afectados por Linfoma, Mieloma y Leucemia.

Ya conocía esta travesía por mi participación en la anterior edición, en la que terminé con muy buenas sensaciones y poder nadar a un ritmo que entonces me pareció muy bueno. No contaba entonces con reloj para medir la distancia pero si la travesía medía los 2000m que anunciaron, el resultado del 2017 suponía mi récord personal en esa distancia en el mar así que este año tocaba volver a intentar mejorar tiempos aprovechando la ligera mejoría de forma que he ido notando en los entrenamientos de piscina durante el invierno.

No tuve claro hasta última hora, por trabajo, si podría participar, pero al final hubo suerte y a las 9:00 llegaba a la playa de San Juan de Alicante, muy cerca de casa, descansado  y muy animado, con ganas de buscar un buen tiempo en la travesía, acompañado de mi hermana y mi cuñado, dos amigos suyos y Laura, compañera de mi club, CN Aquatic Alicante.



Como el año pasado, la travesía juntaba a más nadadores de los que suelen verse por aquí en otras travesías, unos 300 calculé, a ojo, y después de saludar a conocidos que ya son habituales en las travesías (Eu, Diana, Pablo...) me hice rápidamente con la bolsa de la competición, muy completa, y me preparé para la competición.

Atento a las explicaciones de Cecili, otro compañero de club y miembro de la organización, antes de la salida, pudimos conocer el recorrido de la travesía, que variaba respecto al año pasado y la hacía más cómoda, separando el camino de los nadadores que avanzaban en sentidos opuestos. Parecía, además, que la distancia no variaba, 2000m, así que la marca del año pasado podía seguir comparándose con la de este.


Pude calentar un poco en el agua antes de empezar, lo suficiente para no notar después un cambio brusco de temperatura y terminar de despertarme. Nadaba cómodamente, no hacía tanto frío como esperaba y el mar, aunque no estaba tan calmado como el año pasado, no impedía nadar sin mucho esfuerzo (todavía recordaba la paliza del Mediterranean Coast Challenge de Altea, peleando, más que nadando, contra el oleaje)



Suelo quedarme al final del grupo en las salidas de las travesías, para evitar golpes y agobios, viendo, además, que no suelo acabar en posiciones que me compensen el esfuerzo y la pelea inicial de la competición, pero el domingo, cuando terminó la cuenta atrás y nos echamos al agua, decidí permanecer algo más adelantado, buscando estar en el centro del grupo.

Conseguí nadar rápido hasta el primer giro, sin demasiados encontronazos ni golpes con otros nadadores. En la primera boya me situé muy cerca del interior de la curva y desde ese momento nadé por fin cómodo sin preocuparme de choques con el resto de competidores.

No miraba demasiado el reloj y me centraba en que la técnica fuera correcta. La visibilidad bajo el agua era absoluta, algo que ayudaba a no desviarme demasiado, tomando como referencia las líneas de la arena. Me notaba rápido y con el pulso algo acelerado, pero no quise aflojar. Me había propuesto no pasar de 40' y me dije que podía aguantar el esfuerzo algo más de media hora.

Para terminar de mejorar mis sensaciones en el tramo de ida hacia el Cabo, veía que al ritmo que había alcanzado no paraba de adelantar a otros nadadores. ¿Aguantaría igual en la vuelta desde el giro hacia la meta?

En algún punto del trayecto hacia al Cabo el Garmin, configurado para avisarme del ritmo medio de cada 200, marcó un 1:50/100m , algo que di por bueno, confiando en no agotar las fuerzas del todo y poder acelerar en los últimos 400m.
El número de boyas que marcaban el camino era más que suficiente para no perder el trazado correcto y, además, el giro del cabo estaba señalizado con un globo de helio sobre la boya (solo he visto algo igual en la Tabarca-Santa Pola), visible a muchos metros de distancia, por lo que mi problema de orientación de otras travesías desaparecía.

La llegada a las cercanías del Cabo, al giro de vuelta, se hizo más corta de lo esperado y seguía dejando atrás nadadores, pero después del cambio de sentido el reloj avisó de ritmos cada vez más lentos. Estaba cansándome antes de tiempo pero pensando que en ese punto no quedarían más de 1000 metros me esforcé por mantener la misma velocidad.

Parecía que, al fin, alcanzaba mi sitio en la competición, quedándome rodeado casi hasta el final por el mismo grupo de nadadores, algo que me ayudó a no aflojar demasiado, intentando seguir el ritmo de algunos de mis acompañantes, en sano "pique" intentando no ser adelantado.

Al respirar preferentemente por mi izquierda, la vuelta era más cómoda, dejando el suave oleaje detrás de la cabeza, pero cuando todavía quedaban unos 500m, incluso respirando mejor que en el tramo en sentido contrario, noté que empezaba a ir muy justo de fuerzas.

Cada boya parecía tardar más en llegar y el giro hacia la meta no llegaba nunca. Miraba a lo lejos cada pocas brazadas buscando una señal, un barco, un kayak que indicara que la vuelta acababa y que tocaba encarar la recta final.

Cuando vi por fin nadadores girando hacia la playa eché el resto. Intenté dar caza al nadador más cercano, sin éxito, pero esto me sirvió para conseguir prolongar el último esfuerzo hasta que en una brazada mi mano tocó la arena y me puse en pie. En cuanto noté que las piernas respondían y que podía correr hacia la meta me lancé a la carrera hacia el arco que señalizaba el fin de la travesía.




Choque de mano con el speaker y paraba por fin el reloj. ¿1750m? ¿33:07? Aquello suponía haber llevado un ritmo medio de 1:54/100m, algo que, sinceramente, me sabía a muy poco. Me notaba cansado, sentía que había sido un esfuerzo mayor del que reflejaban los datos. Tal vez había nadado muy rápido la primera parte y la segunda había sido muy sufrida, haciendo que un ritmo de 2' el 100 se sintiera demasiado rápido (a mi nivel, esta velocidad para 2000m empieza a ser durilla, aunque pueda parecer lentorro para muchos)

Me recompuse en el magnífico avituallamiento de la meta, otro de los muchísimos puntos positivos de esta travesía que tan bien organiza RC7, mientras esperaba a mi hermana, a Pepelu y a Laura, que cumplieron con sus objetivos en la competición y buscaba mi nombre en el listado de clasificaciones que acababan de hacer público.



Posición 100 entre 251 nadadores en la general, 33 de 74 en mi grupo de edad y 74 de 171 hombres. ¿Un ritmo tan cercano a 2' el 100 me dejaba por encima de la media? Tal vez el reloj no había medido bien la distancia, lo que daría sentido a mis sensaciones durante la travesía, en la que me noté más rápido.
En cualquier caso, datos y estadísticas aparte, estoy contento. Incluso siendo real la distancia que midió el reloj, supondría haber nadado más rápido que el año pasado, así que me quedo con eso. Hay muchas travesías por delante para seguir jugando, experimentando, conociéndome en el agua.







Entrenamientos en mar abierto, acuatlones, más entrenamiento en piscina...Toca seguir entrenando para mejorar, si aún es posible. La próxima competición, la travesía Pins i Mar, 2000m el próximo día 24 de junio, otra oportunidad para probar la velocidad en 2km y ganar experiencia para la siguiente, La Cantera, 4000m, una distancia que ahora mismo, aunque ya la conozco del año pasado, me impone muchísimo.

Os cuento cómo va todo en la próxima entrada del blog.
Gracias por estar ahí

Saludos.

Comentarios

  1. Como mola esta crónica. Pienso que dada la clasificación, fuiste mucho más rápido obviamente, Enhorabuena!

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